Siesta/Escuela de magas/No sabrías
Siesta
Reclinado en tu regazo tus manos acariciaban mi rostro adormecido, soñaba que estabas en el mío y te sentía respirar.
Escuela de magas
Acaba de inaugurarse en París un local para hacer magas como la de Rayuela. A cada muchacha se le enseñará a romper los puentes al cruzarlos y a llorar a gritos cuando algo les salga mal. A continuación deberán adelgazar para parecerse a la susodicha y hallar por casualidad a personas de paciencia infinita como Oliveira. Ocurre que los parisinos no las soportan.
No sabrías
¿Te ríes del dolor cuando lloras de placer?
José Francisco Costa Medina (Fran Smith)
A una rosa/Blancanieves
A una rosa
Y después intimaría con ella, solo había que hacer las cosas con delicadeza. Lo que no había previsto es que estaría rodeada de flores; se avergonzó, se le cayó la regadera y la dejó plantada en aquel jardín.
Blancanieves
Y cuando llegó a despertarla le dio un beso y despertó. Se sabe que después Blancanieves hizo lo mismo con ese príncipe metrosexual de piernas depiladas que con el cazador para que la dejara libre, y ella, que era muy promiscua, volvió con sus siete hombres.
Daniel Marmolejo Valencia
El pasado siempre acaba volviendo/La explicación/Cosas de refranes
El pasado siempre acaba volviendo
Creía que era una libre pensadora, hasta que encontró la cruz gamada de su pasado.
La explicación
El dinosaurio todavía estaba allí, esperando una explicación de Monterroso.
Cosas de refranes
Me cobijé a la sombra de un buen árbol, me quedé dormido y cuando desperté, me habían robado hasta el último céntimo; está visto que no se puede confiar en el refranero.
Moisés Morán Vega
Libre para elegir/El frutero y los siete rumores/Diálogo de bueyes
Libre para elegir
No está impaciente, esto no ha pasado. En libertad sin cargos, se disponía a ser Jacinto nuevamente. Llegado el momento, recogió de su celda los recuerdos en pedazos. Tras cruzar las mamparas, se encontró con él y se encontró con abrazos, con palabras de justicia, con besos en cualquier lado de la cabeza, con sonrisas mezcladas en lágrimas y con un vamos, cariño. Al llegar a la puerta le derramó a su mujer su deseo más inmediato: quiero encerrarme en casa.
El frutero y los siete rumores
Es la mayor injusticia desde que los cuentos son cuentos. Un frutero honrado, que suministra a todo el Valle Encantado su correspondiente fruta hasta en las oscuras ciénagas no merece este trato. Y todo por esa vieja con lengua de serpiente. Por amor de la fantasía, mis manzanas son buenas. Podéis probarlas. ¿Qué culpa tengo de que una maligna vieja bruja me comprara manzanas? Fue ella, fue ella.
Diálogo de bueyes
-¿Cómo estas?
-Tirando.
Jose Suárez
Amón/Finis/Elio
Amón
El muro de adobe se derrumba al fin, entre nubes de polvo antiguo. La oscuridad reina absoluta. Desde dentro de la cámara, surge una voz como un silbido: “¿Nos trae recado de la Reina, míster Carter?”.
Finis
El vagabundo del bigote gracioso y el bombín miró hacia atrás cuando llegó a las afueras del pueblo. Nada más le quedaba por hacer allí; era hora de buscar otros lugares, otras aventuras, otros amores. Suspiró. De pronto, notó cómo la negrura lo envolvía y el mundo se reducía a un círculo menguante a su alrededor. Aterrado, corrió y corrió, agitando frenético el bastón de caña, pero sus rodillas estaban rígidas y los talones de sus zapatotes, como pegados. Los dos rollos que habían sido la vida pasaron por delante de sus ojos.
Elio
Papá y mamá no dejaban que Elio saliera a jugar. Un día, sin que nadie se diera cuenta, se escapó a la calle y entonces subió y subió y subió hasta las nubes y ya no lo volvieron a ver nunca más.
Diego Doro
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