Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Frío mortal

Sin darse cuenta sus pies desnudos se enredaban mientras caminaba sobreviviendo en el quehacer diario. Los obstáculos interpuestos a cada paso hacían que sus fuerzas flaquearan. Sin embargo su afán era llegar alto. Tan alto como la cúspide del edificio de enfrente de la ventana de su oficina. Aquella era su meta.

Nadie confiaba en sus posibilidades. Su apariencia frágil e inocente se volvía en  contra y tenía que hacer grandes esfuerzos para ser oída y respetada. No obstante, era obstinada y estaba decidida a seguir.

Así mañana tras mañana, embutida con su uniforme y su chaqueta de lana, llegaba al trabajo. Tomaba una buena taza de café humeante, cogía sus  utensilios e iniciaba la tarea tras descalzarse. Sin descansar ni un instante, se enfrascaba en su labor moviéndose de un lado a otro de la oficina y tropezando continuamente con el mobiliario que tanto detestaba. Hasta que no finalizaba, no interrumpía su trabajo, y ese era el mejor momento del día: el atardecer y su luz filtrándose por el ventanal del despacho, que le permitía ver el rascacielos a lo lejos. Era entonces cuando miraba y miraba, perdiéndose en sus ensoñaciones, anhelando conseguir un trabajo en aquel ático. ¿Cuántas batallas tendría que lidiar para que la ascendieran de una maldita vez?  ¿Acaso no se dejaba la piel en su trabajo? Al fin y al cabo, aquel edificio pertenecía a la misma empresa, ¿por qué no aceptaban su traslado? Sí, la edad podía ser un inconveniente, y, aunque joven e inexperta, sabía que trabajaba bien. ¿Tanto era lo que pedía?

Ensimismada en sus cavilaciones laborales, se olvidó de su aspecto, que dejó de ser frágil y, sin apenas darse cuenta, empezó a ser respetada. De esa guisa, comenzó a sentirse segura y a percibir el suelo firme mientras continuaba suspirando con la vista perdida en su anhelante tesoro. Este cambio de talante, la llevaría al éxito y sus esfuerzos serían recompensados.

Encerrada en las cuatro paredes de su ambición, limpiaba el suelo con la fregona y sacaba el polvo a los muebles tropezando como tantas veces, cuando un escalofrío la asaltó. Fue entonces, cuando comprobó que el aire frío se colaba por una rendija de la ventana nueva de la oficina recién estrenada, y recorriendo su piel desde los brazos a la espalda, atravesaba su pecho. Sólo sus pies estaban calientes, envueltos en la lana que se había desprendido de la chaqueta que abrigaba a su cuerpo y, ovillado el hilo en ellos, se había creado aquel ficticio camino que la encumbró a lo más alto de su carrera profesional. Ahora era la encargada y en la cima de este éxito ya nada podía hacer. Su trabajo era el mismo y mañana, vistiéndose con prendas nuevas de lana, empezaría a soñar otra vez.

 

M.C.G.

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11 febrero 2009 - Posted by | Cuentos, General

3 comentarios »

  1. Continuo con el recorrido y con mi atrevimiento.
    Este “Frío mortal” no consigo entenderlo bien. ¿Por qué ese título si al final parece que no le importa sentir frío o quedarse sola? Parece que lo único que la mueve es la ambición, el poder (que no digo que esté mal, es un punto de vista válido): se reconstruye a sí misma y vuelve a soñar, ¿eso es tener frío mortal?…¿Frío que se quita con una nueva chaqueta de lana?…
    La idea es buena, pero quizás el final debería ser distinto.
    ¿Te atreves M.C.G?

    (Nota: Creo que al texto le sobra alguna coma)

    Comentario por Tontito | 12 febrero 2009 | Responder

  2. Me queda la misma sensación que al leer “La angustia que moja”. Creo que logras transmitir lo que deseas. Tienes un estilo personal,tuyo. Un poco confuso lo del frío , la lana…

    Comentario por Andrés S.S. | 14 febrero 2009 | Responder

  3. Veo que la idea no les ha quedado clara. Intentaba decir, que a veces, en la vida, estamos tan ensimismados en nuestros éxitos profesionales, que nos olvidamos de lo personal y nos convertimos en otros.
    Empezamos con inocencia y ganas de trabajar, con ilusión, con “pies desnudos”, pero el paso del tiempo nos va convirtiendo en otros porque, entre otras cosas, tenemos que sobrevivir. Seremos así, otros, disfrazados, por ejemplo simplemente con otra ropa, una chaqueta de lana como este caso, que nos pretegerá, pero que a la vez nos pesará, enredando nuestra parte más sensible, la más desprotegida, hasta que la perdemos sin darnos cuenta y la sustituímos por otras (otros sueños).
    Pero si no estamos atentos, desaparecerá ese don también, y perdido tú, sin tu esencia, te encuentrarás en el “frío mortal”.

    Comentario por Lunática | 14 febrero 2009 | Responder


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