Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La angustia que moja

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A veces sin darte cuenta todo pasa. Otras, te percatas de que todo queda. Hoy es uno de esos días en que la vida te aplasta como una pesada losa. Ningún acontecimiento relevante ocurrió durante la mañana ni la tarde, y tampoco parece que vaya a suceder en esta noche incipiente. Sí, sé que no tengo voluntad, pero es que ya estoy muy cansado de esforzarme. Iré a dormir… Anhelo levantarme, desperezarme, alargar las manos hacia arriba, bostezar y acurrucarme un poco más, antes de salir de las sábanas acogedoras de la noche. Sin embargo, sé que no conseguiré hacerlo. Mi reloj biológico o lo que quiera que sea, me despierta antes del alba, entonces abro los ojos, y aún la noche me acompaña. En ese momento, la angustia me visita y ocupa todos mis pensamientos, impidiéndome nuevamente conciliar el sueño. Doy una vuelta hacia un lado de la cama, me arropo hasta las orejas, e intento calmarme, pero a pesar de todo, los pensamientos se agolpan y me golpean fuertemente. No, no puedo dormir. Sí, quiero dormir: lo intento y es imposible. La desesperación me oprime cada vez más y más, de repente tengo calor, me destapo. Mis manos están sudorosas al igual que mis axilas y mi cuello. Respiro, respiro profundamente, vuelvo a hacerlo, pero nada, es imposible: no duermo. Doy otra vuelta, vuelvo a taparme, ya que de tanto relajarme sin conseguirlo, me he destemplado. Opto, en la nueva posición, por tener los ojos abiertos, a ver si de esa manera consigo concentrarme en lo externo. Sin embargo, la penumbra es aún densa y los ojos cansados de tanto esfuerzo, se cierran. Se cierran y me sumen en el sueño ligero, en ese sueño de casi despierto. Y sueño, sueño… Sueño, una pesadilla. Estoy zarandeado en un barco, siento náuseas, me ahogo, hay una tormenta, pierdo el equilibrio, alguien me empuja por la borda, no sé quien es, su rostro aparece confuso, desdibujado. Caigo y caigo y caigo, no parece tener fin el abismo… Pero, ¿vuelo?, Sí, ahora estoy volando, soy como un pájaro aunque nado, agito mis brazos y mis piernas para flotar. No hay agua, solo nubes. Planeo… El aire es fresco y agradable, las nubes me atraviesan, ahora subo, ahora bajo, ahora voy hacia un lado y ahora…. ¿Quién me roza la mano? ¿Qué es este cosquilleo? Miro hacia mi izquierda. No veo nada, pero siento que algo ocurre. No entiendo qué, me concentro en la nueva sensación y, sin darme cuenta, vuelvo a caer hacia el vacío. No hay final en la caída. Levanto la cabeza y tampoco hay un horizonte encima… Grito, pero no hay nadie para oírme, nadie para sujetarme, nadie para salvarme… Agitado, me muevo torpemente en la caída, braceo en un intento de flotar nadando en este aire que me atrapa hacia abajo. No lo consigo. Me sobresalto… Y, sudoroso, me despierto en el borde de la cama a punto de caer hacia el suelo. Parpadeo. ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? La luz inunda la habitación. Mi mano continúa con el cosquilleo que me desestabilizó, con el entumecimiento que me precipitó a despertarme… ¿Y por qué está húmeda? ¡Oh!, de nuevo me he meado en la cama… Siempre ocurre lo mismo: el miedo se apodera de mí en estos días aciagos y sé que ocurrirá esta pesadilla… Ojala mamá, se haya ido ya a trabajar, papá me entiende, al fin y al cabo, él también mojaba la cama hasta hace poco…

M.C.G.

 

 

 

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11 febrero 2009 - Posted by | Cuentos, General

5 comentarios »

  1. Este post parece una pesadilla en la que te ahogas.
    (No se olviden de ir al baño antes de acostarse…)

    Comentario por Tontito | 12 febrero 2009 | Responder

  2. Espero no volver a sentir nada paresido en mis apreciadas noches de sueños

    Comentario por Marimen | 12 febrero 2009 | Responder

  3. Tuve una sensación agobiante al leerlo. Me gusto como esta escrito, con mucho estilo. Muy logrado.

    Comentario por Andrés S.S. | 14 febrero 2009 | Responder

  4. Se trataba de sentir la angustia del protagonista al leerlo. Parece que con ustedes tres lo he conseguido un poco. Gracias

    Comentario por Lunática | 14 febrero 2009 | Responder

  5. Sí, muy lograda la sensación de angustia. besos

    Comentario por Antonio Vega | 15 febrero 2009 | Responder


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