Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El cuaderno

Farfán recorría, sin rumbo, la sierra. El joven campesino estaba triste. Había perdido la cosecha y debía dinero al señor del feudo. Por último, ese mismo día, jugando en la taberna, perdió tres cabras, dos ovejas y una vaca, todo su patrimonio ganadero. No sabía cómo comunicar a Lisandra, su joven esposa, una catástrofe de tal magnitud.

Farfán se lamentaba, caminando entre los árboles. La tarde comenzó a dar paso a la noche. Fue entonces cuando contempló extraños juegos de luces bajo un cerezo. Presa de la curiosidad, Farfán se acercó. Examinó aquel objeto. Se trataba de un cuaderno, un extraño cuaderno hecho en piel, una piel que no le resultaba familiar. Su curiosidad aumentaba segundo a segundo. Abrió el cuaderno sin orden alguno. Farfán se sorprendió, nada escrito, ni una palabra. Se extrañó y retrocedió hasta la primera página, allí figuraban unos caracteres, extraños caracteres tintados formando una palabra que no entendía. Lentamente esa misma palabra resonó en su cabeza, como un susurro. En ese instante una sombra pareció manifestarse a su lado. Era un demonio. El demonio explicó a Farfán el funcionamiento del cuaderno.

El cuaderno tenía la capacidad de hacer desaparecer personas. Sólo era necesario escribir su nombre y pensar en la imagen de esa persona.

Farfán llegó a casa, esa noche apenas concilió el sueño, una nube de preguntas lo asediaba: ¿El poder de hacer desaparecer a quién quisiera? ¿Sería cierto? ¿Adónde irían a parar esas personas? ¿Por qué a él? ¿Tanto poder a cambio de nada? Sin duda era la solución rápida y limpia a sus problemas.

A la mañana siguiente la guardia del señor del feudo se presentó en la puerta de su casa junto con el recaudador. Farfán preguntó el nombre del recaudador y se las ingenió para saber el de los guardas. Farfán solicitó una pausa, regresó a su habitación, sacó de la mesilla de noche el cuaderno y siguió, paso a paso, la consigna que el demonio le había indicado. Guardó el cuaderno. Al salir a la puerta ni los guardias ni el recaudador estaban. Feliz, comprobó cómo funcionaba el curioso objeto.

Pasaron los días. El sol brillaba en todo su esplendor. Farfán paseaba sonriente por el mercado, todos sus problemas se habían esfumado. El señor del feudo desapareció junto a sus deudas. Se decía que estaba de viaje. Había recuperado su ganado ante la misteriosa marcha de Trémolo, el jugador ante el que había perdido y, misteriosamente, su vecino, junto a su familia, también habían desaparecido, quedándose Farfán con su cosecha.

Al llegar a casa Farfán encontró el cuaderno tirado junto a la cama. Buscó desesperado a Lisandra. Nadie la había visto. Como último recurso revisó los últimos nombres del cuaderno. El nombre de su mujer figuraba en la lista.

Rayco Arbelo

 

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13 febrero 2009 - Posted by | Cuentos, General

4 comentarios »

  1. Un buen ejemplo de cuento tradicional. No me queda claro el final, ¿porqué estaba escrito el nombre de la mujer…si lo hizo ella.. porqué… ella sabía algo… se quería ir…?

    Comentario por Andrés S.S. | 14 febrero 2009 | Responder

  2. Esa pregunta se resolvía en el último párrafo que suprimí.
    Precisamente quería que el lector se quedara con su propia versión de los hechos y no explicarlo todo, dejar un aire de misterio en el ambiente. Por otra parte tampoco deberían ser determinantes las preguntas que planteas, puesto que mi intención era transmitir una idea nomás 😉
    Gracias por el feedback.

    Comentario por Rayco | 14 febrero 2009 | Responder

  3. Hola, Rayco. Suscribo la opinión de Andrés: Quizás no sería una mala idea el convertir a Lisandra un personaje de mayor peso en el cuento y de esa manera que así quedara clara con la frase del final: a lo mejor se suicidó porque el prota se volvió materialista y egocéntrcio y dejó de quererla, con una especie de moraleja típica del cuento tradicional. Sólo ese detalle, de resto chapaeu. me gusta mucho el que hays reproducido el tono de los cuentos clásicos.

    Comentario por Antonio Vega | 15 febrero 2009 | Responder

  4. Hla Rayco: estpy de acuerdo con los comentarios anteriores. El final resulta un poco extraño. EL cuento es estupendo.
    Besos

    Comentario por Puri | 17 febrero 2009 | Responder


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