Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Lo absurdo de la primavera

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La primavera lo suaviza todo, nos aparta de esta pegajosa melancolía, nos predispone a salir, a reconciliarnos con la vida. Nos anima a tirar todo lo viejo, a comenzar de nuevo. Animado por este maravilloso día, me dispongo a pasear.

 A mitad del paseo mi cabeza (ya casi despoblada) comienza a sufrir los estragos de tanto sol. Sigo andando sin encontrar árbol, fachada, saliente… lo que sea, que me proporcione un poco de sombra. Las gotas de sudor corren por mi frente, alcanzan mis ojos, que ahora me escuecen y entonces es cuando lo veo ahí, en el escaparate, un maravilloso sombrero de ala ancha. Siempre quise uno así. Sin dudarlo, entro. No podía ser otro que éste, el famoso panamá, hecho de hojas de palmera trenzada. Me queda perfecto, lo pago y retomo mi paseo.

Todo vuelve a ser bello: el paisaje, el sol, el día. Fantaseo con ser: un dandy, un Bogart, un Sinatra, con mi nuevo sombrero. No han pasado ni cinco minutos cuando siento como si alguien desde atrás golpeara mi cabeza, me vuelvo raudo y, desconcertado, compruebo que no hay nadie, vuelvo a sentir la opresión en mi cabeza, intento inútilmente sacarme el sombrero, no hay modo, tal parece que, cuanto más me esfuerzo en arrancarlo, más se hunde en mi cabeza; tomo aire, respiro, pienso en lo absurdo de la situación. Ahora, con mis dos manos sujetando con fuerza el ala del sombrero, tiro, tiro y tiro… Pero sólo consigo hundirlo más: ahora aprisiona mis ojos, mis orejas. Pienso en que es primavera, en que estas cosas no pasan, en que es primavera, en que la cabeza me estalla, absurdamente sigo pensando en que es primavera, en el día hermoso, en mi paseo. A tientas busco un muro, me apoyo, me escurro, me quedo sentado. Oigo el doblar de unas campanas lejanas. Ya no siento el dolor en mi cabeza, ni en mis ojos, siento libre las orejas. Veo entonces mi panameño en la mano de esa señora que se me acerca, no entiendo por qué me miran todos, ni por qué cuchichean entre ellos, yo, absurdamente sigo pensando en que es primavera.

Maite Figueira

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6 marzo 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

4 comentarios »

  1. Muy bien, Maite. Has retomado la idea de Cortázar de “No se culpe a nadie” e incluso has añadido más elementos, pero todo da sensación de una perfecta unidad.

    Comentario por Antonio Vega | 7 marzo 2009 | Responder

  2. La idea la tomé de Agustín Espinosa, en Crimen, en la parte de primavera nos habla de un sueño, lo llama: “hazaña de sombrero”. Pero tienes razón que la forma de contarlo es la de Cortázar y su “No se culpe a nadie” (pido perdón a ambos por la osadía).

    Gracias por tu comentario.

    Comentario por Mararía | 11 marzo 2009 | Responder

  3. Éstas son no mis asombrosamente más, sino gracias.

    Comentario por work and travel | 2 abril 2009 | Responder

  4. Un relato muy bien llevado, me gusta, y también los sombreros.

    Comentario por Patricia Rojas | 2 abril 2009 | Responder


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