Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El cuaderno

0

No sé cómo he llegado a esta situación. Puedo comprender que ciertas circunstancias determinan ciertos actos, que los actos pueden empujarnos al abismo. Pero esto… esto ha llegado demasiado lejos.
Desearía volver atrás. Este pensamiento es de una sola dirección con final cerrado: ella recostada en mi pecho, mientras mi tacto recorre su cabello. Un cabello hilado de manera tan fina como nuestro destino.
Si tan solo me hubiese negado a recibirlo. Aún recuerdo el día que calló en mis manos.

1
La tarde se agolpa en mi espalda. Ya no es sólo el sofocante calor lo que apenas me deja respirar. Vengo de perder lo último que nos quedaba.
2
Un nuevo y último aviso. Los matones de Farely no se andan con nimiedades.
-¿Qué será de nosotros?
Decido jugármela. Soy bastante bueno al póquer.
3
-¿Qué has hecho?
La empresa quebró, tu prestamista pide para mañana lo que debes y hace un momento has perdido lo último que os quedaba.
-¿Dónde están los amigos?
No, no puedes acudir a ellos.
4
El paseo por el extrarradio es asfixiante. Entonces, algo me rescata de este laberinto mental. La noche casi termina de fulminar la tarde y lo veo. Imposible de olvidar. Esa extraña luz me guía hasta él.
5
Lo abro, sólo páginas en blanco. ¿De qué material está hecho? Lo examino con detenimiento, nunca antes había visto nada similar. Retrocedo hasta la primera página. Contemplo una extraña caligrafía, de un rojo tan vivo… No alcanzo a descifrar el mensaje. Podría tratarse de un nombre.
6
Ese susurro haría helar la sangre de cualquier hombre. Su aspecto deja de cobrar importancia cuando comienza a explicar el funcionamiento de tan diabólico objeto.
7
Todo se resume en una única sentencia:
“Escribe un nombre y piensa en la imagen de esa persona. Desaparecerá para siempre.” Nunca debí utilizarlo.
8
Los sicarios de Farely llaman a la puerta. Nada que perder. Abro, ellos quedan en la puerta. Vuelvo sobre mis pasos, lo saco del cajón. Escribo sus nombres, no me ha costado averiguarlos. Vuelvo a la puerta, no están. Funciona.
9
Los días pasan, el calor es ahora calidez, todo brilla de manera más intensa. Has hecho desaparecer a Farely, ya no debes nada. Has recuperado lo que perdiste al póquer, se lo merecía.
Ingenuo de mí, pensé que mi suerte había cambiado.
10
Estoy llegando a casa. Le llevo rosas azules junto con la noticia de que pronto nos largamos de esta ciudad. Todo será más sencillo a partir de ahora.
-1
Abro la puerta. No está. Encuentro el cuaderno tirado junto a la cama. No quiero ni pensarlo. Sigo buscándola. La llamo, su teléfono suena en casa. Me acerco lento, pesado, el corazón se acelera. Me agacho, lo tomo entre mis manos y lo abro incrédulo. Su nombre figura en él…
Rayco Arbelo

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10 marzo 2009 - Posted by | Cuentos, General

2 comentarios »

  1. Tanto este como el anterior me parecen muy buenos: mi humilde opinión. Profe no me saque la tarjeta amarilla: lo que es, “es”. Muy bien Rayco…

    Comentario por Mararía | 11 marzo 2009 | Responder

  2. Gracias. Tendré que invitarte a un café o una cerveza el martes 😉
    Decir que tanto este texto como su versión tradicional están inspirados y son un pequeño homenaje a un manga escrito por “Tsugumi Ohba” de título: “Death Note”.

    Comentario por Rayco Arbelo | 11 marzo 2009 | Responder


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