Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El cinturón invencible

 

Martina encontró un cinturón rojo en el desván de la casa de su abuela. Le gustaba probarse sus ropas antiguas, aunque siempre terminaba estornudando de tanto polvo que allí había: “¡Atchíss!”.

Sin embargo, aquel cinturón le llamó mucho la atención. Tenía una hebilla gruesa y brillante, y nunca antes había visto algo parecido. Salió del desván llevándolo en las manos. Le preguntó a su abuela si era suyo, y ésta le dijo que perteneció a su bisabuela Amaranta.

Amaranta fue muy conocida en la comarca. Trabajaba en la finca de la familia Salvatierra. Era muy pulcra y hacendosa, pero el dueño de la finca era un hombre terrible. Don Antonio Salvatierra era un ser despreciable y desagradable. Se burlaba cuando la joven Amaranta cargaba con las ropas que tenía que lavar y no permitía que nadie la ayudara. Muchas veces, sus lágrimas cayeron sobre toda aquella ropa porque era un trabajo muy duro para una sola joven. Para su fortuna, el resto del servicio la apreciaba mucho por su buen carácter y humildad.

Pero un día llegó a la finca una señora muy mayor. Nadie sabía quién era, si bien buscaba con insistencia al dueño de aquellas tierras.

 Don Antonio, al verla, le espetó: “¿Quién eres y qué quieres, vieja?”. “Soy tu perdición y vengo a ponerte en tu lugar”, replicó la señora. Don Antonio comenzó a reír. Tanto, que no podía parar. Cuando por fin pudo articular palabra, le dijo a la señora que se marchara porque ni siquiera servía para hacer un buen caldo. La señora no se movió, y don Antonio empezó a enfurecerse: “¡Fuera de mi vista si no quieres que te aparte a golpes!”, le gritó.

La señora no se movía, y don Antonio estaba cada vez más alterado. Se acercó y le gritó al oído: “¡Fuera de mis tierras!”

La señora seguía sin moverse pero, de pronto, don Antonio alzó su brazo derecho. ¡Iba a darle un golpe a la señora! Amaranta, que estaba viendo lo que ocurría, no podía permitirlo. Salió corriendo con la intención de parar el ataque de don Antonio, pero no llegó a tiempo. Sin embargo, cuando parecía que la señora no iba a librarse de tremendo golpe, don Antonio resbaló y cayó de espaldas.

Debido a la caída, se abrió una brecha en la cabeza y perdió la memoria. No sabía quién era ni dónde estaba, y mucho menos lo que había pasado. La señora mayor quiso premiar la valentía de Amaranta y le regaló el cinturón rojo de hebilla gruesa y brillante que llevaba puesto.

El cinturón tenía propiedades mágicas. Actuaba como potente protector de aquellas personas que tuvieran buen corazón, protegiéndolas y haciéndolas invencibles a los ataques e injusticias de personas como don Antonio. La hebilla gruesa y brillante del cinturón creaba una barrera invisible alrededor de quien lo llevara. Si alguien intentaba agredir a su portador, dicha barrera se activaba, por lo que recibiría el mismo daño que quería propinar.

Amaranta entendió entonces lo que le había ocurrido a don Antonio. Iba a darle un golpe tan fuerte a la señora que, al final, el ataque se volvió en su contra. Le dio las gracias a la señora mayor y prometió hacer uso del precioso cinturón. ¡Ya no soportaría más humillaciones y siempre estaría protegida!

Estefanía Naranjo

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11 marzo 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

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