Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El general y el puente

 

Un viejo y honorable general regresaba de tierras lejanas a su país con su ejército.  Su querido rey había ordenado su vuelta con la mayor celeridad, a fin de que liberara su reino del terrible asedio al que le tenía sometido su mayor enemigo, el cruel rey de las tierras vecinas. La feroz ofensiva se dilataba ya más de un mes y, a causa de su duración, de lo numeroso de la armada enemiga y de la fama de sus guerreros, el general temía llegar demasiado tarde al rescate de su bienamado señor.

Hacia el atardecer de una jornada extenuante, cuando el largo viaje estaba próximo a su fin, el general decidió dar reposo a sus soldados acampando en la ribera de un río, junto a  un hermoso puente que unía las dos orillas. Era éste una vetusta construcción de piedra negra, inhabitual por aquellos parajes, que se alzaba ingrávida sobre las aguas de aquel río turbio y de apariencia profunda. No dejó el anciano guerrero de admirar su hechura, con la poca luz del día que declinaba, sintiendo, con su contemplación, el halo de misterio que emanaba de él, como un efluvio que todo lo impregnaba.

 Aquella noche, el general tuvo un extraño sueño, en el que un espíritu del río se materializaba ante él y, bloqueando el paso del puente, decía: “Desdichado, atravesar este puente te traerá desgracias, verás tus esperanzas frustradas, tu honor mancillado, tu vida consumida. Retrocede, oh, pobre alma y busca otro paso”.

A la mañana siguiente, muy confuso, se debatía el hombre entre ignorar el ominoso sueño y seguir adelante, o escuchar al espíritu y ser precavido, a sabiendas de que una pérdida de tiempo podía ser fatal. Pero siendo nuestro hombre temeroso tanto de los dioses, como de sus heraldos los espíritus, decidió no atravesarlo y continuó viaje siguiendo el curso del río. Un día después avistó otro paso, y a toda prisa se dispuso a cruzarlo, cuando para su estupor vio que el puente era, en todos sus detalles, idéntico al anterior. Siendo casi de noche otra vez, y con el fin de tener algún tiempo para reflexionar sobre el cariz misterioso que tomaba todo, decidió acampar de nuevo ante la entrada del puente.

Aquella noche, su sueño se repitió; de nuevo el espíritu se alzaba sombrío ante él, diciéndole: “Desdichado, atravesar este puente te traerá desgracias: tus esperanzas frustradas, tu honor mancillado, tu vida consumida. Vete infeliz. Huye, o tu rey morirá”.

Aterrado, a la mañana siguiente levantó el campamento y huyó como alma que lleva el diablo, pero el mismo puente se le aparecía una y otra vez, sin importar cuánto territorio recorriera. Era como una presencia inevitable.

El general, que ya había perdido más de una semana, decidió resignarse, cargar con su hado. Dirigiéndose finalmente con su ejército hacia el puente, lo embocó mientras le gritaba con rabia: “¡Maldito! Si este ha de ser mi destino, ¡pues que así sea! ¡Que se cumpla lo que por necesidad ha de ser!” y, avanzó con paso firme, sin mirar atrás, seguido por sus huestes.

El ejército llegó al rescate del rey poco después, y con denodado esfuerzo, en contra de todos los pronósticos, se hizo con la victoria. Las fuerzas invasoras fueron aniquiladas; el perverso rey enemigo, capturado. El general, arrebatado por un desenlace tan glorioso, olvidó pronto el episodio del puente, y se dispuso a ser recibido con honores por su amado rey, en medio de fastos sin precedentes.

Una noche, mientras se celebraba el banquete de la victoria, ante el soberano enemigo que se encontraba arrodillado humildemente, el rey pronunció un discurso que emocionó profundamente al general, tanto era el amor, admiración y lealtad que sentía.

El rey finalizó su discurso con unas palabras proféticas y cargadas de poder, que dirigió a su humillado enemigo: “Por mucha que sea la fuerza o el poder, por grande que sea la riqueza, o profunda la sabiduría, nadie, nunca, jamás, ni tan siquiera un rey, logra escapar a su destino”.

Una vez que el rey hubo concluido su alocución, el general se levantó y le dio muerte.

Jabel Ramírez.

 

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12 marzo 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

3 comentarios »

  1. Enhorabuena a tí también, Jabel. Me ha gustado mucho tu cuento; conciso, con un lenguaje muy cuidado y un aliento épico muy logrado, y con un final inesperado e impactante pero pleno de coherencia. Muy bueno, sí señor.

    Comentario por Kepa Hernando | 16 marzo 2009 | Responder

  2. Me ha gustado mucho, Jabel. Sólo un pero: no termino de entender porqué el general mata al rey. Me parece redondo que lo haga, pero quizás debas dar algún indicio de porqué lo hace. De resto, estoy de acuerdo con Kepa.

    Comentario por Antonio Vega | 5 abril 2009 | Responder

  3. […] crimen contemporáneo   Al parecer algunos de los tiros le acertaron de lleno en el corazón, los médicos manifestaron en un comunicado oficial que sus heridas eran mortales de necesidad. […]

    Pingback por Un crimen contemporáneo « Factoría de Ficciones | 20 abril 2009 | Responder


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