Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Los granos de arroz

los_granos_de_arroz-1

A Mishima

Cuentan que cuando el tiempo aún no era viejo, vivía en el lejano país de los samuráis un carretero llamado Masakatsu. A éste, aunque conocía la vieja regla de no dejar ningún grano de arroz sin comer en el plato, para no ofender a la madre tierra, su glotonería le llevaba, en el momento de servirse el cotidiano arroz, a tomar más cantidad de la que podía engullir, de tal forma que siempre, a escondidas de los demás, arrojaba los granos sobrantes.

Siguen contando que al anciano maestro zen Natsu le fue encargado ir a buscar a una lejana provincia un cargamento de arroz. El maestro eligió como conductor de su carromato a Masakatsu. El viaje duraría tres días.

Al acabar la comida el primer día, Masakatsu logró arrojar el arroz sobrante sin que, de manera aparente, el maestro se percatase.

-Masakatsu, ¿acabaste todo el arroz de tu plato?

– Seguro, admirado y querido maestro; conozco la regla.

Natsu calló.

En la segunda jornada de su viaje, a Masakatsu le costó evitar la mirada del maestro, pero aun así, muchos granos de arroz se perdieron por el suelo.

-Masakatsu, ¿acabaste todo el arroz de tu plato?

-No lo dude, querido maestro. No olvido nunca nuestra vieja regla.

Natsu volvió a callar.

En el tercer día, con el arroz cargado y ya de vuelta, a Masakatsu le supuso un alarde, casi un malabarismo, limpiar de su plato el arroz sobrante una vez satisfecha su gula.

-Masakatsu, ¿acabaste todo el arroz de tu plato?

-¡Claro que sí, maestro! Me ofende con su sospecha de que pueda incumplir la amada norma.

Los labios del maestro Matsu permanecieron pegados.

A la vista de su ciudad, los caballos deseosos de su cuadra tiraron bruscamente del carromato. Sorprendido, Masakatsu soltó las riendas mientras caía al suelo. Con tan mala suerte que los sacos de arroz que transportaban le cayeron encima aplastándole. El anciano maestro intentó vanamente liberar al carretero del peso que le asfixiaba, pero desistió al darse cuenta de lo inútil de su esfuerzo.

Acaban contando que mientras Masakatsu dejaba en el aire sus últimos suspiros, el viejo maestro Matsu se sentó mirando al horizonte mientras una vez más callaba.

Andrés Sánchez Sanz

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13 marzo 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

2 comentarios »

  1. El relato logra muy bien “la repetición”. Enhorabuena Andrés.

    Comentario por César Socorro | 14 marzo 2009 | Responder

  2. Me encanta la cultura y mitología japonesa. Te quedó muy convincente y fiel a la estructura del cuento tradicional.

    Comentario por Nisa | 15 marzo 2009 | Responder


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