Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

ALAS DE DISTURBIOS

Octavio desconectó el móvil. Estaba estresado, no quería saber nada más del trabajo. El domingo sería distinto, retomaría el ritmo y a primera hora viajaría a Madrid para enlazar con los diferentes vuelos que le llevarían a Oriente Próximo.

Volvió a leer el correo enviado por el jefe con las instrucciones para su próximo trabajo. Eran precisas y definitivas, sin darle opción a rechistar, así que ahora  era la ocasión de desconectar y relajarse para ponerse las pilas en su momento.  

Miró el reloj de pared. Aún tenía tiempo de bajar a Las Canteras y darse un chapuzón. Levantó la persiana y miró a lo lejos. Frente a él, bajo un cielo de destellante color celeste, se erguía El Teide, el volcán que parecía descansar sobre un lecho de mar.

Se puso el bañador y se echó la toalla por los hombros, bajó las escaleras con las esclavas puestas y saludó al portero a la entrada.

Ya en la arena hizo unas cuantas flexiones antes de meterse en el agua. Esto era lo que realmente necesitaba cuando se encontraba en tensión. Nadar un rato y luego tomar unas cervezas y un par de tapas en el bar de la esquina. Era como si se tomara un tranquilizante.

Según lo previsto, el domingo a primera hora salió de Gran Canaria.  Llegó de noche al hotel y se instaló en la habitación reservada. Preparó todo el material para salir  temprano al día siguiente. Su cámara digital, provista de las últimas tecnologías, la grabadora que su padre le regaló por Reyes, el tomavistas, el bolígrafo y el  cuaderno para notas… Lo metió todo en la mochila junto con algo de ropa y sacó el portátil para mirar sus correos. Tenía dos. Uno del jefe de redacción: le recordaba pasar la información puntualmente y no correr riesgos innecesarios. El otro era de Gloria que le proponía un paseo por la playa aquella noche. Qué lejos estás de saber dónde me encuentro, querida Gloria –pensó.

Apagó el ordenador y decidió bajar al bar a tomar una copa antes de acostarse. Cuando salió del ascensor le llegó el sonido de música suave de piano. En un rincón del salón el pianista arrancaba melodías al instrumento cuyas notas  se perdían en el aire. Quién diría que en aquel momento, a varios kilómetros del hotel, las bombas interpretarían otra música en un escenario cargado de violencia y masacre –pensaba Octavio mientras se dirigía con paso decidido al bar-. Y el ruido de los proyectiles, ¿no parecerían campanas que doblaban a los muertos?

Sentado a una mesa reconoció a John Murray, corresponsal de un afamado periódico británico. Se acercó hasta él y le tendió la mano:

Hi, John, how are you?

-¡Hi, Octavio! I can’t complain. ¡Qué sorpresa! No esperaba verte por aquí. ¿Cuándo has llegado?

-Esta misma noche. Mi jefe ha tenido la deferencia de volver a enviarme aquí a preparar un reportaje para la televisión… Me alegro de verte, John. Te voy a aprovechar para que me pongas al día de los últimos acontecimientos de esta guerra estúpida.

 -Ok, pero no ahora. Quiero cambiar el chic. Hoy ha habido mucho movimiento, nuevos bombardeos, ¿comprendes? Necesito pensar en otra cosa para poder dormir esta noche.

Haciendo caso omiso de las advertencias de sus superiores, Octavio se acercó peligrosamente a la Franja de Gaza acompañado por su amigo John. Los aviones israelíes sobrevolaban la zona, aparentemente en tarea de inspección. Sin embargo, pronto se escuchó el ruido ensordecedor de una explosión, luego otra y varias más. Los aviones estaban bombardeando los alrededores de la ciudad. A lo lejos, las nubes de tierra y cenizas se elevaban rápidamente hacia el cielo convirtiéndolo en una gran bóveda teñida de negro.

El pánico se apoderó de ellos. Se encontraban en el lugar apropiado para su objetivo y además en el momento oportuno, pero demasiado cerca del escenario del conflicto. Sus vidas peligraban, debían buscar un refugio pronto. Utilizaban los prismáticos de largo alcance y observaban cómo, fuera de uno de los edificios alcanzados, se materializaban los cuerpos de unos niños que huían despavoridos hacia ningún lugar. Los menos afortunados quedaron dentro, sus cuerpos mutilados, sus vidas quebradas como capullos de rosas que no llegarían a florecer.

Los dos amigos cruzaron miradas de angustias. ¿Qué podían hacer?

Nada. Sin embargo, en sus mentes quedarían grabadas para siempre las imágenes de aquellos rostros ennegrecidos por las escorias del bombardeo en los que se reflejaban el horror y la muerte.

Había cumplido con creces su cometido. Pronto enviaría el material a Gran Canaria  para su preparación y divulgación.

Notó que el cielo se hinchaba de dolor como su alma. Continuaría trabajando con aquel sabor acre en la boca. Cuando regresara a la isla recibiría las felicitaciones de sus compañeros y el reconocimiento de sus jefes por un buen trabajo. Pero, ¿quién le daría el remedio para sus pesadillas, quién le daría el remedio para serenar su alma…?

Isabel Santervaz

Anuncios

29 marzo 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

3 comentarios »

  1. Hola, Isabel, y hola a los demás alumnos del taller que leáis esto. Me sorprende un poco que la mayoría de relatos apenas tengan comentarios. Creo que la idea del profe al crear este blog fue que, aparte de lo que aprendamos durante las clases, podamos utilizar esta página como lugar de intercambio de ideas y de opiniones. Todos estamos aprendiendo, y saber lo que funciona o no funciona en nuestros cuentos de cara al lector siempré será positivo, así que os animo a todos a que pongaís vuestro granito de arena. Supongo que, después de lo dicho, no me queda más remedio que ser yo quien inicie (metafóricamente) las hostilidades. Lo siento, Isabel, pero te ha tocado. Los aspectos teóricos y técnicos se los dejo al profe, que sabrá valorarlos con infinito más conocimiento que yo; me limitaré a dar mi opinión como lector aficionado. Te diré que en general me ha gustado tu cuento, está bien escrito y transmite un mensaje positivo. Sin embargo, por ponerle algún “pero”, creo que la primera parte, la de la playa, a pesar de estar bien escrita, es quizá innecesaria. En mi opinión no aporta nada esencial a la narración y distrae del hilo principal de la historia. Además, observo un salto algo brusco entre la conversación en el bar y el párrafo siguiente, en medio de los combates. Por ejemplo, un: “viendo que no iba obtener ninguna información util de John esta noche, Octavio dedició subir a su habitación a descansar. Al día siguiente, haciendo caso omiso de…” quizá te hubiera servido de nexo entre una situación y otra, con menos brusquedad.
    Son sólo un par de pequeños detalles que he apreciado como lector, de manera totalmente subjetiva. En general, como ya he dicho, el cuento me ha gustado bastante. Enhorabuena, compi.

    Comentario por Kepa Hernando | 30 marzo 2009 | Responder

  2. Y ahora, gente, sed buenos y no me dejéis sólo, ¿vale? A ver si al final voy a quedar como el cortarrollos oficial… Movamos esto un poquito, a ver qué pasa. Un abrazo.

    Comentario por Kepa Hernando | 30 marzo 2009 | Responder

  3. No estoy seguro de que la escena de la playa sobre. Vuelvo al comentario que un día hice en clase sobre lo que llamé “ambientación”. Claro está que uno no puede irse por las ramas en un texto corto, pero hay detalles extra a la línea básica argumental que bien pueden tener su función. En este caso el asunto de la playa sirve para mostrar la apacibilidad de la vida corriente en contraposición con el horror de la guerra que luego se verá. Mi “pero” va más por el final, creo que le falta algo. Opino que se podría mantener, pero habría que darle un desarrollo igual de horrible que la misma naturañeza de la guerra, bien sea mediante la acción (algo que pase) o bien a través de las sensaciones del prota (“el horror, el horror”, como diría Kurtz). De resto, me gusta, isabel.

    Comentario por Antonio Vega | 5 abril 2009 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: