Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El vestido

Había abierto por tercera o cuarta vez el armario  y sacado el vestido, rojo fuego, había comentado la dependienta al traerlo en su percha, para observarlo con ojo crítico. Mientras se lo ponía por encima y se miraba en la luna del vestidor se dijo: es perfecto para la fiesta de esta noche. Simplemente perfecto. ¿Sexy? Sí, muy sexy, pero sofisticado y elegante.  Y tiene muy buena caída, parece una tela de agua sobre el cuerpo. El vestido justo para demostrarle a todos, incluido el imbécil de Manolo, que a mí no se me abandona, ¡a mí se me pierde! Como dicen los franceses debo “epatar” a mi ex y a la lobotomizada de la “Balones”. ¡Hay que ver qué bien pone los motes la salvaje de Pepi!  El primer día que me lo dijo me quedé de piedra. “Sí mujer, dijo al ver mi cara de palo, ¿no te has fijado que parecen dos balones inflados pegados a las amígdalas? Seguro que se ha operado. Vamos, que tu ex se ha comprado un par de tetas para su pitopausia”. Desde entonces, cada vez que hablamos de ella decimos la Balones, ¿para qué cambiar?  Seguro que esta noche se presenta con uno de esos vestidos vulgares, con el cretino de Manolo babeando detrás. Es penoso ver cómo un hombre que has creído inteligente durante años  pierde el oremus por un culito respingón  y tira por la borda un matrimonio de tanto tiempo. ¡Se cuenta y no se cree! Pepi diría que esto se veía venir, que los hombres son todos iguales y que yo a él lo tenía muy idealizado. No sé, es posible que sí.

Vuelve al espejo y al vestido: Creo que los pendientes largos, de perlas rosa son los ideales  pero no lo tengo tan claro con el collar a juego. Me parece demasiado ostentoso y vulgar, como la Balones.  Necesito algo que realce el vestido y, para mí, ese collar sólo sería  como un parapeto. ¡Bueh!  Ya lo pensaré cuando  me esté vistiendo. Los zapatos que compré esta tarde no están mal, pero… no sé… no sé… Quizás el tacón un poco alto. ¡Bah!, no importa. No pienso bailar en toda la noche, sino  encandilar un poco a Eduardo. Según Pepi,  me ha estado tirando los tejos desde hace años.  Dejarse querer no hace daño a nadie. ¡Para que vea el Imbécil que, desde que se fue, no estoy llorando por las esquinas y arrinconada en casa! Y, ahora que me acuerdo, tengo que llamarlo para que me dé, de una vez por todas, la llave de la casa de la playa. Y nada de tonterías, la sentencia es clara en este punto. Mejor hablo con el  abogado y que él  se lo comunique, por si Manolo se pone flamenco. ¡Dios mío! ¿Y qué tiene este vestido en el hombro? Parece una mancha de lápiz de labios. Mía no es, éste no es mi color. Cuando me lo probé tuve mucho cuidado con el maquillaje. ¡No me lo puedo creer! Siempre me tiene que pasar  algo… Y la estúpida de la dependienta no lo vio ¿O sí?  Y tampoco Pepi, me acuerdo que entonces estaba  dentro del probador.  Está claro, el lunes sin falta pienso ir y poner a caldo a la boutique entera, desde la limpiadora al dueño, ese mariquita revenido con cara de limón pocho. Levantaré los techos a gritos. ¡Se van a enterar éstos…!  ¿Qué puedo hacer? Y ahora, estos estúpidos lagrimones… Tengo que ir a esa fiesta, sí o sí. No puedo dejar de ir; no puedo darles motivos de risa… ¡Y, menos, de pena! ¡Lo que me faltaba es que el Imbécil y esa mononeuronal  de 25 años me compadecieran! Tengo que llamar a Pepi, me quedan dos horas para arreglar esto. Pepi siempre tiene recursos para todo. A ver, ¿cómo era? Emm… ¿era 77  ó 75? Cada vez que llamo tengo la misma duda. Un ring,… dos… tres… Pepi, por favor, contesta… Sí, Pepi,  soy  yo, Maribel. Necesito que me ayudes, tienes que ayudarme… ¿Que qué me pasa? Que me voy a morir de un ataque de nervios. ¡El vestido tiene en el hombro una mancha de  lápiz de labios!…  Qué vestido va ser, el que me compré contigo para la fiesta… Sí, el rojo… Sí,tiene una mancha… No, no es muy grande, pero se nota… ¿Con…? ¿Tú crees que con eso se puede quitar la mancha? ¿No es muy fuerte?…  ¿Y si acaba por estropearlo del todo…?  Ya sabes, tengo que ir… ¿Uno de tus vestidos? No, no creo que me quede bien… No, no estoy llorando… Aaah…tu hermana… ¿Y tendrá algún vestido que me venga bien…? ¿Así, del estilo del rojo…? ¡Tiene que tener alguno! Que no, que no estoy llorando… Voy para tu casa…  Que no estoy nerviosa… Sí, ya salgo para tu casa…  Sí, sí… con el vestido… Sí, con todo: zapatos, pendientes… Sí, sin gemidos ni lágrimas… Sí, tranquila, muy tranquila.

Rosana Echeverría Brescia

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13 abril 2009 - Posted by | Cuentos, General

3 comentarios »

  1. Rosana, me ha gustado. Me ha parecido muy natural y creíble, hace que la historia sea una pequeña tragedia.

    Comentario por Antonio Vega | 25 abril 2009 | Responder

  2. A mí también me ha gustado mucho, y, como dice Antonio, me ha parecido que transmites ese pequeño drama cotidiano con sutileza y, sobre todo, con mucha credibilidad. El tono me parece muy adecuado, al borde de la caricatura, pero a la vez muy verosímil. Enhorabuena.

    Comentario por Kepa Hernando | 27 abril 2009 | Responder

  3. Buen cuento Rosana.

    Comentario por Patricia Rojas | 4 mayo 2009 | Responder


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