Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Insostenible situación

Piensa dejarla, yo lo sé, él me lo contó. Sin duda es la mujer de su vida y bien sabe que la situación no es sostenible. Lo tiene decidido, no sabe cómo ni cuándo pero lo hará.

Ella despierta temprano, lo acaricia con ternura maternal mientras continúa dormido. Desayuna a su lado junto al ordenador. Consulta el correo, las noticias, toma café, el estado meteorológico y de carreteras. Vuelve sobre su piel, lo acaricia de manera descendente, lo besa en la frente y pone rumbo al trabajo.

Él pasa casi todas las noches en vela acompañado de su inseparable Cutty Shark. Termina de escribir y la mañana, ad infinitum, comienza a desperezar la ciudad. A veces contempla el claroscuro que se forma entre los recovecos de las edificaciones cercanas. La melodía de algún pájaro madrugador suele acompañar el último vistazo. Corre las cortinas dando por finalizado el alboreo. Con delicadeza se recuesta a su lado, la besa en el cuello y antes de cerrar los ojos pierde noción de toda existencia. A veces, cuando ella despierta, se desvela. Le agrada el sentimiento de aparente ausencia mientras ella, ingenua, cree que duerme.

Él me lo ha contado. En ocasiones despierta a mediodía y fantasea con la idea de que ella no forma parte de su vida. Acto seguido suele sentir una sensación de vacío, más parecida a la aflicción que a la tristeza. Entonces es cuando intenta luchar contra sí mismo. Se acerca a la ventana y contempla ante sus ojos la creación. La luz convierte el paisaje en algo totalmente diferente. La calidez de la primavera lo embriaga y de súbito recupera las ganas de vivir, de vivir a su lado. Mismo ritual, para mismas sensaciones. Se viste apresurado como si su pensamiento le llevara la delantera y temiera que ella se enterase de lo que hace nada ha pensando.

Terminará poniéndose su gorra roja y saliendo disparado hacia el ascensor. Llegará hasta la cafetería de siempre, pedirá un expreso. No se desperezará del todo; hecho que no le impedirá correr hacia la parada, tomar la guagua y llegar al hospital.

Llegará a su destino, recorrerá algunas calles, bajará una empinada pendiente y contemplará el mar, sin aminorar la marcha. Atravesará la puerta del hospital, comprará flores y tomará el ascensor, que parará en todas las plantas hasta llegar a la unidad de hematología.

La busca, pregunta por ella, espera y al poco sale envuelta en ese blanco celestial. Le entrega el ramo de crisantemos a la vez que pregunta si comerán juntos. Ella sonríe, él la abraza y no puede contener sus lágrimas. Ella sonríe y las seca a lo que añade: ¿Quién te ha colgado el mar de las pestañas?, el mismo verso que él utilizó el día en que se conocieron. Ella vuelve sobre sus pasos, regresa, ponen dirección al almuerzo.

A pesar de todo piensa dejarla, yo lo sé, él lo escribió en el blanco de mis hojas.

Rayco Arbelo

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13 abril 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

1 comentario »

  1. Muy bueno, me ha gustado mucho. Tus descripciones son leves y esporádicas pero precisas, eso me gusta. También me parece muy acertado el cambio de tiempos verbales. Y, sobre todo, la historia me ha resultado conmovedora, me ha llegado de verdad. Enhorabuena.

    Comentario por Kepa Hernando | 17 abril 2009 | Responder


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