Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Premonición

 

Llaman a la puerta. Una extraña sensación de alerta sacude mi cuerpo. El corazón grita y en ese instante siento la necesidad de huir. Al girar el pomo confirmo la sospecha.

Dos hombres, uno gordo y otro con sombrero, se identifican y presentan.

¿Cómo me habrán encontrado?

Les invito a pasar, malditos cerdos. Los sigo con la mirada sin perder detalle. Se sientan y comienzan el proceso.

“Nada puede salir mal, todo está controlado” repito mentalmente las palabras con las que mi socio terminó de convencerme. Confío en él como en mí mismo.

El tipo gordo saca un cigarro y se lo lleva a la boca. Pregunta por cifras, cuentas bancarias y un asesinato.

Alguien debe haberles puesto al corriente, pero ¿quién? Sólo lo sabe una persona y el chivatazo es simplemente imposible.

El gordo enciende el cigarro.

Esa lengua de fuego que expulsa el mechero… Algo se activa en mí. Comienzo a recordar la pesadilla y los terrores nocturnos de los últimos días.

El del sombrero enseña unos papeles.

Es la primera noche, estoy eufórico. Tomo algunos tragos, veo algo de televisión y me acuesto. Despierto en plena madrugada entre el sudor y los gritos. Aquí comienza el calvario. No consigo pegar ojo y recuerdo fragmentos a modo de fotogramas: la noche, un bosque, cipreses, un estruendo.

El gordo intenta hacerse el simpático. Asegura tener pruebas para condenarme a perpetua.

En noches sucesivas vuelvo a soñar. Ahora comienzo a recordar con más detalle. Atravieso el bosque de cipreses y nuevamente escucho el estruendo. Camino apresurado hacia el origen. Cuando casi llego a mi destino, una enorme tarántula se cruza en mi camino. Se apoya sobre sus  patas, se pone en pie y agita sus apéndices delanteros. La contemplo, me provoca repulsión.

El del sombrero dice que me la han jugado.

Al llegar encuentro un cuerpo inerte de espaldas. Lo volteo. Lleva una máscara blanca con una franja roja que la recorre verticalmente. Le quito la máscara. Contemplo con horror que el ser inerte que yace ante mí soy yo. El murmullo del viento acompaña unos pasos que terminan en mi espalda. Al darme la vuelta contemplo una figura familiar, empuña un revólver. Hijo de puta.

El gordo dice que por unos miles todo estará solucionado. Acerca un talonario. Acompaña la acción con esa estúpida sonrisa de cerdo que me gustaría borrarle. Extiendo el cheque. Se despiden y aconsejan que me largue de la ciudad. Al verlos atravesar el umbral comienzo a cimentar los pilares de mi yo futuro: no confiar en nadie, prestar más atención a las señales, matar a mi hermano.

Rayco Arbelo

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13 abril 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

1 comentario »

  1. Rayco, me ha encantado el juego entre los dos planos en los que se produce la historia. Me parece un hallazgo muy interesante que puedes seguir explotando.
    Felicidades

    Comentario por purisantana | 15 abril 2009 | Responder


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