Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La piel verde

antoniovega_lapielverde

 

Dios mío. Está ocurriendo otra vez. Pero ahora es peor: no hay donde ocultarse.

Todo tiene una naturaleza a su pesar. Es el sino de los objetos inertes y de los seres vivos. Es algo que existe dentro, muy dentro, en las profundidades de la misma cuestión de ser. Es nuestro carácter, nuestro destino, es, en definitiva, nosotros, más nosotros que la simple forma, la mera apariencia, voluble, mutable, finita, que no es más que la envoltura de nuestra naturaleza, inmutable, permanente, inevitable. Normalmente, uno y otra, ser y apariencia, concuerdan. Otras veces, por desgracia, no. De ahí, de ninguna otra causa, provienen todos los desequilibrios del universo. Así, hay soles con ánimo de estrellas, casas con personalidad de cárcel, lujurias con marchamo de virtudes, coches con espíritu asesino, flores con vocación de coronas fúnebres. Mi naturaleza es anfibia: soy un sapo.

La señora Ortega me dirige una mirada cariñosa y se interesa por mí: que si soy feliz con el puesto, que si he comprado piso, que si ya tengo novia. Con los ojos vidriosos por el whisky, el señor Ortega esboza una sonrisa malévola y da un codazo a Gutiérrez a su lado y le hace un comentario al oído.

En mi más corta edad me sabía renacuajo, distinto de los demás niños. Mis compañeros de clase y los chicos del barrio presentían mi viscosidad solitaria, mi alma húmeda y ansiosa de los rincones umbríos y frescos y me dejaban solo suspirando por todas las charcas del mundo. Papá y Mamá, hasta que fallecieron, Dios los tenga en su gloria, siempre lamentaron, nunca delante de mí, por supuesto, que su único hijo les saliera rana, como bien dice la expresión.

De mayor aprendí a ocultar mi verdadero yo, no haciéndome notar, rehuyendo las ocasiones en que podía ser descubierto, comiendo moscas en soledad. Pero ahora, al alcance de la mirada de estos rostros ebrios y jactanciosos, está saliendo a la superficie. Percibo cómo el tacto de mis dedos se vuelve pegajoso e intento evitar que las yemas que se están volviendo ventosas se adhieran al frágil mantel de papel.

Nunca tuve novia. Las chicas son muy intuitivas y en la primera cita adivinaban la idiosincrasia que yo trataba de esconder bajo un gesto ido y silencioso que no me delatara. Nunca volvían a responder a mis llamadas.

De los labios del señor Ortega cuelga un hilillo de saliva alcohólica que se balancea peligrosamente sobre su terno cuando habla a gritos a alguien al otro lado de la larga mesa. Cuando su esposa se lo hace notar discretamente, le responde con brusquedad, cuando celebra “su” cumpleaños con “sus” empleados quiere ser uno más, no seas aguafiestas, que siempre estás igual, incordio de mujer.

Noto latir la piel verde bajo esta forma humana seca e incómoda y cómo busca manifestarse y respirar con sus poros ahogados el aire del reservado en el restaurante. Me disculpo con embarazo y me dirijo al servicio al otro lado de la mesa llena de gritos y humo. Allí, tras cerrar el pestillo, me descubro la camisa a rayas y doy de beber a la piel de anfibio que lucha por salir. Mi rostro en el espejo es por momentos verde en el que unos enormes ojos giran 360º sin control. Golpes impacientes en la puerta. Es González, acompañado de la rubia Piluca. Que qué haces ahí, joder. Si tienes la ropa empapada. Tío más raro eres. Déjate de hacer el idiota. No lo molestes, sólo es tímido, dice la rubia Piluca y empuja a González dentro del baño masculino y cierran y ríen. ¿Tímido yo? Qué poco me conocen. Yo soy el amo de la charca. Mi croar es ley y suena como un trueno sobre el agua verdosa, los juncos de la orilla, el musgo de las piedras. Hasta las eléctricas libélulas temen acercarse a mi reino acuoso, so pena de perecer en mis terribles fauces ¿Tímido yo?

Dios mío. La muda debe de estar completando su curso: cuando aparezco, todos callan y me miran. El Sr. Ortega, enfundado en su terno azul podrido, clava sus ojillos compuestos de díptero en mí, donde me veo reflejado decenas, cientos de veces, viscoso, verde, poderoso. Desafiante, me reta con un penetrante zumbido provocador, que inicia un zumbido colectivo de regocijo. Como un disparo, mi lengua sale proyectada hacia la gran mosca jefe, que atrapo por el abdomen y levanto sin esfuerzo. Se debate y chilla impotente suspendida en medio de la sala, mientras me dejo embelesar por las irisaciones de su cuerpo azul metálico. Es un magnífico ejemplar, así que apenas presionando con mi lengua la parto en dos y la engullo de un bocado. Las demás moscas zumban aterrorizadas y, enloquecidas, chocan contra la mesa, las paredes, el techo, tratando inútilmente de huir. Va a ser un verdadero festín. Esta vez no puedo evitarlo. No quiero hacerlo. No voy a eludirlo. Soy un sapo. Esa es mi naturaleza.

Antonio Vega

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14 abril 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

16 comentarios »

  1. Genial Antonio.

    Besos

    Comentario por purisantana | 15 abril 2009 | Responder

  2. A veces uno se siente sapo, otras veces, víbora o rata, o cuervo o algún que otro animalillo silvestre. Lo has descrito de forma muy convincente, trasmitiendo las sensaciones de tal manera que parece que podría ser cierto que existe alguien con cuerpo de batracio.

    Comentario por purisantana | 15 abril 2009 | Responder

  3. Gracias, Puri. No estaba seguro de que terminara de funcionar. El final me gusta mucho, pero los primeros párrafos no me terminan de convencer. Quizás de necesitan que los pula un poco más. A ver si día nos echamos unas moscas. Invito yo. Besos.

    Comentario por Antonio Vega | 15 abril 2009 | Responder

  4. Sorpresa. Angustia. Miedo a descubrir y convivir con el “monstruo” que somos. Y también a descubrirlo en los demás… Muy bueno!

    Comentario por Nayra | 16 abril 2009 | Responder

  5. Quizá lo monstruoso sea negarnos quiénes somos en realidad y tratar de vivir como humanos, cuando en realidad somos sapos… o cuervos, o ratas, o de todo un poco.
    Me gusta la manera en que se perdona a sí mismo por ser un sapo y decide salir del baño siendo quién es…

    Comentario por cande pons | 16 abril 2009 | Responder

  6. Gracias por los comentarios, Nayra, Cande. De todas maneras, tengan en cuenta que es un relato escrito en primera persona y que los hechos se cuentan desde exclusivamente el punto de vista del protagonista. Dejando aparte la cuestión (filosófica) de si hay una sola interpretación unívoca y exacta de la realidad, es posible que quien la interpreta no esté en condiciones para hacerlo. Yo lo escribí como el estallido de locura de una mente enajenada. Es posible que tenga una segunda lectura, como ustedes comantan. Voy a leerlo desde esa perspectiva, pero, para ser sincero no lo planteé un texto con doble lectura. Está claro que los escritos tienen vida propia. Gracias por las aportaciones, chicas. Besos.

    Comentario por Antonio Vega | 16 abril 2009 | Responder

  7. Nayra, Cande, gracias por los comentarios. Tengan en cuenta una cosa: en un relato en primera persona, los hechos se narran exclusivamente desde el punto de vista de una persona. Dejando aparte la cuestión (filosófica) de si existe una interpretación única y verdadera de la realidad, es posible que quien haga esa interpretación no esté en condiciones para hacerlo con demasiadas garantías. Para ser sincero, lo que pretendía contar era el estallido de locura de un perturbado que pierde el contacto con la realidad. Cabe la posibilidad de que también quepa esa otra interpretación que ustedes plantean. Voy a leerlo desde ese punto de vista, a ver. En todo caso, esa doble lectura no fue algo intencionado. Está claro que los escritos tienen vida propia de los que los escriben. Gracias por vuestra aportación, chicas. Besos.

    Comentario por Antonio Vega | 16 abril 2009 | Responder

  8. Nayra, Cande, gracias por sus aportaciones. De todas maneras, yo intenté darle un sentido diferente. Utilicé la primera persona con la idea de que lo que transmite sobre lo que pasa es exclusivamente el punto de vista de ese personaje sobre los hechos. Dejando aparte la cuestión filosófica de si existe una interpretación única y exacta de la realidad, es posible que no se tenga la capacidad para hacer ese ejercicio de interpretación. En este caso, el tema que me había planteado es precisamnte ese: la percepción errónea de la realidad de una persona con problemas mentales en un momento en que su enfermedad le distorsiona totalmente su relación con el mundo. No me planteé ese otro planteamiento que les transmite a ustedes el relato. En todo caso, hay una cosa clara y es que una ficción es independiente del autor. Así, que por mucho que yo haya querido decir algo, si no lo supe volcar en el papel, desde luego que no es válida ninguna explicación que dé: el texto tiene que entenderse por si mismo. A lo mejor es posible una doble lectura, pero, para ser sincero, es casual y no intencionada. Creo que con el intento de ser sutil y no explicar la trama, a veces el lector no entiende lo que quiero decir o lo interpreta de otra manera. Lo tendré en cuenta. Gracias, chicas.

    Comentario por Antonio Vega | 16 abril 2009 | Responder

  9. Se que no deberiamos darnos palmaditas, GENIAL.

    Comentario por Cesáreo | 20 abril 2009 | Responder

  10. Una genial forma de sacar el sapo que todos llevamos dentro.

    Comentario por César Socorro | 20 abril 2009 | Responder

  11. Por cierto, el título es genial.

    Comentario por César Socorro | 21 abril 2009 | Responder

  12. Si te interesa mi opinión, sigue sutil, Antonio. Hay que honrar al lector creyendo en su inteligencia. El texto se entiende, para mí, claramente. Es posible que, dependiendo de quién lo lea, se obtenga una interpretación u otra, pero esa es una virtud de la que hacen gala algunos de los mejores cuentos. Magnífico, en todo caso. Y, sí, tío, el final es cojonudo.

    Comentario por Kepa Hernando | 29 abril 2009 | Responder

    • Gracias, Kepilla. Sí, me parece fundamental eso que dice el profe de mostrar y no explicar. Bueno, en todo caso, intentaré no ser demasiado ininteligible…

      Comentario por Antonio Vega | 30 abril 2009 | Responder

    • Gracias, chicos.

      Comentario por Antonio Vega | 1 mayo 2009 | Responder

  13. Gracias, Kepa, se valora en mucho tu opinión. También les agradezco su comentario, César, Cesáreo.

    Comentario por Antonio Vega | 1 mayo 2009 | Responder

  14. Me gustan esas “casas con personalidad de cárcel”, “las lujurias con marchamo de virtudes”, “los coches con espíritu asesino” y sobre todo,las “flores con vocación de coronas fúnebres”. Me gusta la extrañeza de un mundo que no me pertenece y al que no pertenezco. Gracias, Antonio, por el sendero brumoso de la charca.

    Comentario por Rosana Echeverria | 1 mayo 2009 | Responder


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