Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El chivatazo

 

-¡Coño, Javi, adelanta, que no voy a poder hacer ni una puñetera foto! –exclamé quitándome la última legaña del ojo.

-Relájate, tío, que no hace ni cinco minutos que salimos –me contestó él, tan relajado como de costumbre.

-Necesito fotos de los cuerpos en el agua –insistí– y, para cuando lleguemos… –dejé inacabada la frase al ver que habíamos llegado a la presa.

Aún no había Javi puesto el freno de mano, y ya estaba yo corriendo hacia el lugar del rescate con la cámara en una mano, el flash en la otra y la mochila mal colgada de un hombro.

Tras espetar un simple “¿Qué pasa, tíos?” a los miembros del operativo que permanecían en la orilla, solté la mochila, monté el flash y empecé a sacar fotos desde el lugar con mejor ángulo que pude encontrar tras la zona acordonada. Por suerte, los cuerpos seguían dentro de la presa. “A ver si ningún otro medio recibe el chivatazo a tiempo y consigo el puto aumento con esto” –pensé–, “Reportaje completo del rescate de dos conocidos empresarios locales”.

Tras grabar las declaraciones de los responsables de la Guardia Civil y de Cruz Roja encargados del rescate, Javi se acercó adonde yo estaba, a tiempo de ver juntos cómo llegaban los cadáveres a tierra.

-¡Denles la vuelta para hacer fotos de las caras! –pedí a los socorristas al ver que sacaban los cadáveres boca abajo de la embarcación.

-Enseguida, compañero –contestó el que tenía pinta de estar al mando.

Me preparé para disparar en ráfaga en cuanto empezaran a voltear los cuerpos, mientras Javi, aún soñoliento, también, miraba con expectación a mi lado.

En cuanto vi la cara del primero, me quedé paralizado, incapaz de hacer ni una sola foto.

Inmediatamente, los socorristas le dieron la vuelta al otro cuerpo, lo que no me ayudó a reaccionar. A pesar de la erosión por el tiempo que los cadáveres habían estado en el agua, no había duda: los cadáveres no eran de los famosos empresarios, sino los nuestros; ¡los cadáveres recién rescatados de la presa éramos nosotros, Javi y yo!

El corazón se me a puso a mil revoluciones o se me paró de golpe, no estoy seguro. Solo sentía un frío paralizante, vértigo y náuseas. Cuando logré reaccionar, miré a Javi que, también, me estaba mirando, incrédulos ambos de lo que veíamos sobre el suelo arcilloso. Ninguno entendió nada. ¿Cómo íbamos a estar muertos y vivos  a la vez?

Mónica Graña

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20 abril 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

2 comentarios »

  1. Tremenda exclusiva que pijaron estos dos. Monica, me gusto mucho el lenguaje natural de los diálogos, me metieron por completo en el relato. Saludos.

    Comentario por César Socorro | 20 abril 2009 | Responder

  2. En mi opinión este relato está bastante bien escrito. Parte de una muy buena idea. El desenlace sorprende y parece perfecto pero no me acompaña bien hasta el final. Voy hasta el borde del agua para averiguar el porque.

    Comentario por Andres S.S. | 4 mayo 2009 | Responder


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