Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

DOS ESPECTADORES

 

Hace exactamente media hora el timbre del teléfono la devuelve a la realidad. Está tirada en el sofá, maldiciendo su dolor de cabeza y la voz siniestra sólo viene a darle el tiro de gracia. “A las nueve y cinco minutos sal a la calle y la verás caer. Dos espectadores, necesita sólo dos espectadores”.

El tono grave y burlón le es familiar. Pero, a pesar del ingente esfuerzo de la memoria no logra ponerle un rostro.”¿Quién eres? ¿Quién se va a caer? ¿Por qué…? La pregunta queda suspendida. Del otro lado de la línea alguien respira agitadamente.

Son ya las nueve en punto, ella quiere levantase, pero le pesan mucho las piernas y una cuerda invisible la ata al sofá. Cuando finalmente logra acercarse a la ventana, lo ve recostado sobre la farola y fumándose tranquilamente un cigarro.

 

21:04 hrs.

Bajo las escaleras con mucha dificultad. Parezco un niño que da sus primeros pasos. Me aferro al pasamanos, mientras hurgo en mi memoria buscando un pretexto para regresar a mi apartamento. El temblor se me enreda en las piernas y me hace parpadear nerviosamente. Sé que no debe continuar, me lo han advertido muchas veces, pero las promesas de él me engatusan, me envuelven en una especie de niebla atroz que me empaña los sentidos.

 

21:05 hrs.

El grito aterrador la saca violentamente de su ensoñación. Claudia termina de bajar los últimos peldaños y abre la puerta de la entrada. Entonces lo ve. Ha terminado de fumarse el cigarro y ahora masca desenfadadamente un chicle. Sus facciones están relajadas, pero la expresión de su rostro es desafiante. La voz del teléfono es ahora un mazazo en la nuca de ella. “Marcos”, dice muy bajito y contiene la respiración.

A unos tres metros de donde se encuentra él, flota una mujer joven en un charco de sangre. Los ojos de Claudia se abren desmesuradamente y aunque lo intentan no pueden dejar de mirar el sórdido espectáculo. Miedo, asco y su propio vómito la asfixian, o… ¿son acaso sus manos, las de Marcos? “Cabrón, déjame, vete a la mierda. Suéltame, coño…” Pero el reclamo se rinde exhausto, aplastado en el suelo, a treinta metros del balcón de la casa que ambos comparten.

 

21:06 hrs.

-¡Ay mi madre, dios mío, que la ha matado! –grita desesperada la vecina del último piso -que alguien llame a la policía, es Claudia.

Poco a poco los vecinos se van asomando a los balcones. Primero perplejos, luego incrédulos y a continuación las exclamaciones, sí, claro, ellos discutían, pero se llevaban bien; ay, Dios, sí es Claudia, pero la música estaba alta, tal vez eran risas, festejando algo…

La sorpresa y el horror están agazapados, dándose calor, y de repente se descubren, se miran fijamente, como midiendo cada uno la fuerza del otro, y se disponen a devorarse.

 

21.25 hrs.

El griterío se apaga y veo acercarse en cámara lenta las luces de una ambulancia. Hombres vestidos de verde saltan del vehículo y me toquetean, me hablan sin voz, preguntan cosas que no puedo escuchar, me tiran una manta encima y comienzan a conectarme a unos tubos. Tengo frío y mucho sueño. “Debí quedarme en casa, no debí contestar al teléfono, el timbre del portero, Marcos, cabrón, mamá, me muero”. Y mis párpados caen sin ovación en su último acto.

A pocos metros de mi cuerpo, una chica joven vomita descontroladamente. Apoya las manos contra la pared de un muro tatuado de graffiti. A su lado, un hombre como de unos treinta años intenta abrazarla, “no volverá a pasar, te lo prometo Claudia mi vida, no quiero hacerte daño, es que ya sabes lo celoso que soy”. Ella tiene el rostro descompuesto y tiembla. A pesar de sus escasas fuerzas, atina a darle un empujón y a quitárselo de encima. Él da un respingo y finalmente la deja en paz. “Vale, vuelvo más tarde, tenemos que hablar”, le espeta y se marcha rumiando su rabia. Ella, aliviada, se sienta en la acera, cierra fuertemente los ojos y se lleva instintivamente las manos a los oídos. El ruido ensordecedor de la sirena de la ambulancia se va apagando lentamente.

Belkys Rodríguez Blanco

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26 abril 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

5 comentarios »

  1. Felicitaciones…excelente relato…a seguir escribiendo.

    Comentario por FERNANDO | 27 abril 2009 | Responder

  2. Muy buen relato, y el giro que das a partir del párrafo:
    “…Miedo, asco y su propio vómito la asfixian, o… ¿son acaso sus manos, las de Marcos?…”, genial…
    Enhorabuena.

    Comentario por Fernando Mitolo | 28 abril 2009 | Responder

  3. Excelente relato…enhorabuena…y a seguir escribiendo…

    Comentario por Fernando Mitolo | 29 abril 2009 | Responder

  4. ¡Ñooooooó Claudia! Me has liado un poquito. A mi me da que la culpa es del Marcos ese…¡Seguro!. A las 03.25 hrs. eso es lo que pienso.

    Comentario por Andres S.S. | 4 mayo 2009 | Responder

  5. Ya me gustó cuando lo leíste en el taller, de verdad muy bueno.

    Comentario por Mararía | 7 mayo 2009 | Responder


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