Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La punta roma

Cada vez que escribes presionas demasiado.

No tienes control sobre mí y acabas por hacerme daño. Alguna vez me gustaría que empleases otras maneras, otras formas. No es la primera vez que te lo dicen, lo sé, porque tienes pinta de ser una de esas personas que necesitan reafirmarse en lo que hacen y pocas veces recuerdan las correcciones que otros hayan podido hacer. Yo no iba a ser menos.

No es que no me interese lo que escribes. No, no es eso tampoco. Si sólo fueras capaz de callarte un segundo, podría terminar de explicarte.

Ésta es una oportunidad única, casi diría que salvaje, y la estás desperdiciando en lloros y quejas; no puedes imaginarte la cantidad de veces que he soñado poder llegar a comunicarme así contigo, la cantidad de veces que me he visto disfrutando de tu magia al escribir sin sentir toda esta presión en el cuerpo y en la cabeza.

Siento tus manos por mi cuerpo como una caricia cuando no escribes, consigo interesarme por tus últimas palabras escritas y me conmueves casi siempre. Las puntas de tus dedos se vuelven dulces y conciliadoras, y me transportas a mundos maravillosos donde conviertes cualquier detalle en una historia.

No sé cómo lo consigues, pero cuando me das la vuelta, me enamoro de ti como un quinceañero. Acabo por escribir poemas a escondidas, con miedo a que descubras mi secreto.

Todo esto sucede cuando no escribes, sólo cuando me sostienes entre tu dedo índice y tu dedo pulgar. Con la mirada perdida y el corazón en vilo.

Sin embargo, mi pesadilla comienza con tu sueño y te evades y te marchas y desapareces en esos mundos maravillosos, mientras me torturas.

Por favor, escúchame… No, no quiero que me cambies… No, no sigas por ahí, no es eso lo que quería decir. Ya sé que tienes a otros que funcionan mejor y se quejan menos.

Cualquier cosa que puedas añadir ahora me parece fuera de lugar. Por supuesto que él también tiene problemas con eso: le estás pidiendo que te permita tatuar su epidermis sin ningún tipo de cuidado.

Te enfadas. Ahora te enfadas. Eso es absolutamente innecesario.

Hazlo, no me importa. De verdad. Si es lo que quieres, por mi parte he hecho lo que debía.

Cambia de bolígrafo si es lo que quieres.

Cande Pons

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4 mayo 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

7 comentarios »

  1. Muy bien, Cande. Es un relato

    Comentario por Antonio Vega | 4 mayo 2009 | Responder

  2. Glups, presioné antes de terminar: sigo. Es un relato que no descansa exclusivamente sobre el final sorpresivo. Yo, antes de empezar, he leído el final y aún así se disfruta el relato. Consigues que parezca una relación de amantes sin quede raro.

    Comentario por Antonio Vega | 4 mayo 2009 | Responder

  3. Así es. Yo, por ejemplo, estoy seguro de que no hubiera podido evitar recurrir a la baza de la sorpresa si se me hubiese ocurrido la misma idea, y como yo, muchos. Y tú, no sólo revelas que es innecesaria, sino que, conociendo al inusual interlocutor desde el principio, permites apreciar matices que, de otro modo, no se apreciarían. Te ha quedado redondo, con mención especial al final. Muy bueno.

    Comentario por Kepa Hernando | 4 mayo 2009 | Responder

  4. Gracias, chicos, de verdad… 😉

    Comentario por cande pons | 4 mayo 2009 | Responder

  5. Genial, Cande, muy bien escrito, bellísimo…

    Comentario por Nayra | 5 mayo 2009 | Responder

  6. Estoy de acuerdo con mis compañeros, muy bueno.

    Comentario por Patricia Rojas | 11 mayo 2009 | Responder

  7. je je je muy bien Cande, muy bien.

    Comentario por Mararía | 23 mayo 2009 | Responder


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