Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La solana indiscreta

Los gallos han perdido la batalla. Ya no son los primeros en dar el canto en la mañana, de despertarnos de un aletargado sueño. No lo son, al menos en este edificio donde resido. Repleto de ventanas que no tienen vistas al mar y que no disponen de paisajes. Son ventanas abiertas a la información, al cotilleo, al chisme, esclavas de gallinas parlantes que recopilan información más hábilmente que cualquier pobre 007. Se trata de mis vecinas, Marta y María, cada cual más experta en el uso de la palabra, en el arte de la deducción y la exageración. No son mentirosas compulsivas, se trata de otra especie única, una que desde luego no se encuentra en los libros de la facultad de ciencias. Son cotorras, parlanchinas, expertas en la exageración de las verdades, con el único propósito de servir a la sociedad, a modo de prensa del corazón, o que sé yo. Por lo visto ya empezaron con su canto matutino. Iré a asomarme, a ver de qué hablan hoy.

—La Manoli es una sinvergüenza, te lo digo yo, que la tengo bien vigiláa —alega María agitando un trapo, que otros tiempos fue la cortina de algún baño.

—No digas eso. La muy pobrecita, bastante hace con atender a ese vago del Paco y a la desvergonzáa de su hija, que está pervirtiendo a medio barrio, y algún que otro marío.

—¿No lo dirás por mi Toni? ¿Verdad? Mi hombre es un santo. Todo el día currando. Y siempre llega tan cansao el pobre, que hace varias semanas, que no tenemos vida conyugal.

—Que fisna me salió la niña, “vida conyugal”. Dislo claro. Vamos,  que no te pegas un buen polvo –dice a carcajadas, mientras busca con sus ojos desorbitados, la aprobación de alguna vecina—. ¿Y tú te crees… que es por el cansancio?  ¡Que los hombres, son hombres!, y si uno no quiere tema, será por algo. ¡Que ya empiezan a asomarte las astas de vaca cornúa!

—Bonita fue a hablar.

¿A qué te refieres, jodía?

—A náa, a náa.

—Dime. No te vayas a poner  ahora el bozal.

—Verás. Resulta que el otro día vieron a tu hombre entrá en la casa de la Flaca, y estuvo allí como unas dos horas.

—Tú sabes que él es un manitas.

—Sí, sí. Lo sé yo… y medio barrio.

—No seas tan mal pensáa. Le habrá arreglao alguna tubería.

—Pues falta le hace, porque esa no prueba el agua, ni embotelláa, la muy cochina.

—Más que guarra, es una tramposa. Y una ladrona.

—¿Pero qué me dices? —Dijo tapando su enorme expresión de asombro con su mano derecha.

—Lo que oyes. Por lo visto, se ha quedao con un buen pellizco de la comunidad. Como si no, se compra esos trajes, tan escotaos que lleva. A mi no me da, ni pa un pantalón vaquero.

—Pues ahora que me lo dices… Tiene que ser verdad. 

—¿Pues sabes qué te digo? Que me voy pa dentro. Porque si sigo aquí, hoy no comemos  más que papas fritas.

Pero mira que dejarme así, a medio tema. Me he quedado con la incógnita. Bueno, estaré atenta, por si vuelven a salir. Y mientras, yo a lo mío, que ya es hora.

César Socorro

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4 mayo 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

6 comentarios »

  1. Enhorabuena, César, has conseguido retratar el habla popular de esa solana de una manera muy ágil y divertidísima, de hecho, he soltado alguna carcajada. Avísame cuando vuelvan a salir a la solana, ja, ja.

    Comentario por Mónica Graña | 5 mayo 2009 | Responder

  2. Gracias Monica. Me alegro de que estos personajes, te arancaran alguna que otra carcajada. Si algún día vuelven a salir, te avisaré.

    Comentario por César Socorro | 6 mayo 2009 | Responder

  3. Perdón, quise decir arrancaran; con el hambre que tengo, se ve que me comí una r.

    Comentario por César Socorro | 6 mayo 2009 | Responder

  4. “… con el propósito de servir a la “suciedad”….”.
    Me ha trasladado a alguna película del realismo italiano…De Sicca…la Magnani..la Loren…¡Agua váááá!
    Gracias Cesar.

    Comentario por Andres S.S. | 6 mayo 2009 | Responder

  5. Sí, César, suscribo los cometarios de los demás. Muy bueno.

    Comentario por Antonio Vega | 7 mayo 2009 | Responder

  6. Ameno relato donde se plasma la picardía de los inquilinos de las viviendas con habitaciones sin vistas.

    Comentario por Patricia Rojas | 11 mayo 2009 | Responder


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