Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Olores

Cuando siento el olor del césped recién cortado a mi memoria viene mis tiempos de estudiante en Irlanda. Nunca pienso en el césped, sino en mis salidas de la casa en la que me hospedaba. En los saludos de los vecinos, afanados en su jardín. Lo mismo me sucede con el olor del mar. Este me traslada a la orilla de la pequeña playa a la que íbamos mi padre y yo a coger cangrejos. Recuerdo cómo las olas lamían las rocas y luego se retiraban despacio, dejando espuma y ese olor a marisco y el afán de mi padre por atrapar los cangrejos.

En mis recuerdos quedan pocas cosas. Casi todo se ha borrado. He usado la goma del olvido. Siempre me digo: si no lo recuerdo, nunca me ha pasado. No creo que sea un pensamiento original, pero sí efectivo. No importa que se borren también los buenos recuerdos. Los malos siempre los ha anulado.

Sin embargo cuando más relajado estoy paseando por el parque, de pronto me paro, dejando sorprendidos a algunos paseantes. “Es que he vuelto a sentirlo”; he vuelto a sentir ese olor, ese perfume que no sé si me agrada o no, sólo sé que me trae recuerdos. Mi mente se pone a trabajar con vehemencia.

Veo a mi madre como si estuviera dentro de una película muda, todo sucede deprisa, todo es absurdo, se cae, se levanta, corre, se para, me mira, parpadea con pestañas como abanicos. Lleva en sus manos un reloj al que le da cuerda frenéticamente, el mismo que suena en mis sienes cada tres horas. Es el tiempo de cada despertar para ir al baño. Lo tira contra el suelo, éste rebota y se hace añicos, ella lo pisa como loca.

Luego todo se serena, la película va más despacio, pero no menos aterradora. Ahora es una película sonora. Retumban en el suelo los pasos de mi madre, estos me despiertan. No sé si ya estaba mojado o lo hice en ese momento. Oigo que dice con una horrible voz. “Levántate, meón, has vuelto a mojar la cama”. Me asusto. Tengo mucho frío, pero ella me deja allí de pie. Estoy descalzo y todo mojado, quiero ir al baño, pero me da mucho miedo moverme. De pronto dice “Pero ¿qué haces, papanatas? Vete al baño y lávate.”

Estoy en el baño. Ella entra, me tira un pijama en plena cara. Ponte esto –dice- y como te vuelvas a mear te rompo todos los huesos.

El tiempo debe de haber pasado, soy mayor. Hay una mujer muy vieja en mi cama, le estoy poniendo un pañal. No sé quién es. Me mira con ojos tristes y llorosos. Deduzco que es mi madre, huele igual, siempre le ha gustado usar su perfume predilecto. En realidad huele muy bien a pesar de su deterioro. Huele a como yo la recuerdo, cuando era más joven.

Vuelvo en mí, estoy parado en el parque. ¿De dónde procede ese olor? Creo que no viene de ninguna parte. Simplemente lo llevo conmigo.

Sara Godoy Santana.

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10 mayo 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

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