Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Mazurca para un muerto

Delacroix: "Chopin"

Delacroix: "Chopin"

La última frase del maestro fue realmente misteriosa. Como yo, todos revoloteaban desde hacía días alrededor de su lecho. Cuando se supo la noticia, corrimos a su casa a las afueras de París, intentando llegar primero para ganar el mejor puesto junto a él. Y es que, a pesar de su extrema debilidad, sospechábamos que trabajó aquel verano en algunos borradores de la que seguro sería su última pieza.

¿En qué carpeta aguardaba la obra a ser despertada del sueño creador? ¿Se trataba de aquella mazurca, creo que en Fa menor, que escuchamos la última vez que lo vimos sentado ante su piano? ¿Y el nombre? Si tan sólo supiera el nombre, sin duda me sería más fácil localizarla en su estudio atestado de papeles y corcheas.

De repente hizo una señal y todos callamos. Con un ademán parecía invitarnos a que nos acercáramos. Nos fue llamando uno a uno para hacernos casi una confesión. Yo quedé el último. Era más que conocida su debilidad para conmigo. Seguro que me revelaría dónde la había guardado, lo que me convertiría a mí, su discípulo amado, en el  único heredero de su legado.   

Entonces, abriendo los labios, me dijo: “Júrame que harás que me abran, para que no me entierren vivo”. Con los años comprendí que él sabía que sus piezas serían ejecutadas eternamente. Y eso ya era suficiente condena para un hombre. 

Nayra Pérez Hernández

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17 mayo 2009 - Posted by | Cuentos, General

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