Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Los adentros de la isla

losadentrosdelaisla

Cuando me siento perdida, me busco la sombra desandando la isla, inaugurándola con mis ojos nuevos cada vez, tras cada pérdida. Al subir al coche nunca sé cuánto tiempo tardaré en recorrer sus aristas y pliegues. Esos días conduzco con la única certeza de que no pararé hasta encontrarme. La isla es pequeña, y casi redonda. No conoce principio. No tiene fin. Se asoma o se esconde como un sol aún niño que bailara torpemente con el mar.

Rítmicamente las olas corren a besarme los dedos desnudos. Para alejarse luego. A veces con tal violencia, que llego a pensar que se llevarán alguno enredado en la espuma. Y me los cuento. Uno, dos, tres… veinte, entre los callaos.  Y así, como ellos, los pequeños callaos que me sostienen, pienso, es mi vida. Soy yo misma. Cada vez más pequeña. Cada vez más ajada. Siempre moldeada por otras manos.

 La familia. La escuela. Ser la única chica. El mundo de arriba. El mundo de abajo. Ennoviarse casi niña por salir. Dormir con un extraño. El trabajo como cadena. La bebida. Las palizas. Los gritos que se tragan. Aguanta, Nuria, que esto es un pueblo. Los niños deseados. La espera inútil. Las envidias. La indiferencia. La soledad que mata. La fuerza que mengua. Los años que pasan. La enfermedad que amarra… Y esta isla. Espiral. Camino cerrado. Y entonces pienso que he de entregarme al mar, atragantarme de él, fundirme con él, perderme en él.  Porque yo quiero. Por una vez. Para siempre… Pero quizá ya es demasiado tarde. Y nunca me atrevo.

Entonces no me queda otra alternativa que el sueño. Crearlo. Construirlo. Y creérmelo. Porque no hay más salida. Aquí no hay otra vida posible para mí. Y lo llamo a gritos, revolcándome enloquecida en la arena. El sueño simple de ser otra. Una isla. Y no más un callao. Pensar que yo misma me puedo hacer desde abajo, desde dentro. Que cabalgo los mares. Y entonces hasta llego a sentir el ardiente magma respirando en mis entrañas, empujando por brotar. Y que soy también todo lo que no se ve. Las cuevas húmedas y las más oscuras oquedades. La fauna extraña y las plantas desconocidas… Creer que habitan en mí todos los secretos del reverso de la isla. Hasta los que ni alcanzo a imaginar. Y presiento mi nombre verdadero. Y me acaricio el cuerpo para conocer mis fronteras de agua…      

De repente esa luz salta. Parpadea avisando de que la gasolina se agotará en breve. No sé cuántas horas han pasado. La asistenta estará a punto de marcharse, seguro. Debo regresar. Al pueblo, a la casa, a la nada cotidiana. Pero sé que al menos, por un instante, llegué a ser isla, la pequeña ínsula que acaso adentro ya soy.   

Nayra Pérez Hernández

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19 mayo 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

7 comentarios »

  1. Me gustó leer las penurias de una mujer isla contadas en una buena prosa.

    Comentario por Patricia Rojas | 19 mayo 2009 | Responder

  2. Creo que tenemos mucho de isla, Nayra. Todos. Menos mal que también somos mar.

    Comentario por cande pons | 20 mayo 2009 | Responder

  3. Lo mejor y lo peor de las islas es que no existen las fronteras aunque a veces las construimos porfiadamente. Me encanta la prosa poética y creo que tu relato lo es. Sólo soy una humilde lectora que de vez en cuando escribe, pero me parece un magnifico relato. Enhorabuena compañera.

    Comentario por Belkys | 21 mayo 2009 | Responder

  4. Muchas gracias, compañeras. Me animan a seguir trabajando, pues la verdad es que estos últimos ejercicios (evocación, monólogo, diálogo) me han costado bastante, pero por eso mismo, a esforzarse más. Hasta el martes!

    Comentario por Nayra | 22 mayo 2009 | Responder

  5. ¡Qué maravilla, Nayra! he llegado hasta aquí a través del blog de Alexis. ¡ay, esa soledad …. ! Un abrazo. Continúa, por favor.

    Comentario por vicky osuna | 24 mayo 2009 | Responder

  6. P-R-E-C-I-O-S-O.

    Una historia contada en cinco párrafos, en el tercero toda la clave de la historia, el final tan bien resuelto…
    Y toda esa poesía contenida…se nota tus manos tirando de las bridas…

    “Y me acaricio el cuerpo para conocer mis fronteras de agua…”

    Comentario por Mararía | 24 mayo 2009 | Responder

  7. Sí, magnífico, Nayra, has conseguido llevar a la prosa el hálito de la poesía

    Comentario por Antonio Vega | 4 junio 2009 | Responder


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