Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Extraña Inocencia

Les aseguro que no tuve nada que ver en aquel asunto. Me acusaron sin compasión. Pero en verdad no me importó. Cumplí mi condena con resignación y casi podría asegurar que con cierto agrado.

Cuando quedé libre me dediqué a deambular por las calles de mi ciudad. La encontré desconocida, mucho más poblada, por lo menos había más edificios y parques que no existían antes de mi condena.

Las personas de mi barrio no parecían ser las mismas. Las casas estaban pintadas de otros colores. Las tiendas vendían otros productos. Los coches aparcados eran más lujosos. Pregunté por mi casa. Nadie supo darme razón. “La habrán tirado para construir otra” me dijo alguien. Fui a casa de mis padres –yo sabía que habían muerto- por curiosidad, por ver quién vivía allí. No encontré la casa. Pensé en lo que había dicho aquel vecino. Seguramente la tirarían también.

Quise volver a la pensión donde me alojaba. No recordaba el nombre de la calle. Después de muchas vueltas vi la pensión. Me llamó la atención lo deteriorada que estaba. Aquella mañana, cuando salí, parecía un edificio con cierto empaque.

Cuando le pedí la llave a un individuo que estaba despatarrado en un desvencijado sillón de mimbre, me miró con desgana y me preguntó qué número. Yo no me acordaba, le di mi nombre, miró en una libreta aceitosa y dijo, molesto, “aquí no consta”.

Me puse tan nervioso que lo agarré por el cuello y si no llegan aquellos tipos con bata blanca seguro que me vuelven a encerrar.

Subimos a un coche, tuvieron que atarme y se disculparon por ello, pero yo los tranquilicé diciéndoles que no me importaba y como me miraban algo tristes pensé que les alegraría que les contara la historia de un compañero de encierro. Comencé mi historia advirtiéndoles de la buena fe de su protagonista.

Mi amigo me había contado que él vivía en un pequeño pueblo donde los jóvenes emigraban en busca de mejor vida. Yo me quedé –dijo-, trabajaba en las tierras de mi padre. Mi padre se puso viejo y siempre estaba diciendo que los viejos no servían para nada.

Por otro lado mi madre siempre decía que lo que no servía se tiraba a la basura, que había que deshacerse de lo inútil.

Yo empecé por mi padre, pero me fui dando cuenta de que en el pueblo todos eran basura y me fui deshaciendo de ella poco a poco. Eso fue lo que les expliqué a aquellos señores que llegaron al pueblo una mañana muy soleada y bonita. Empezaron a hablarme como si yo fuera tonto, yo no conseguía entenderlos, hablaban de gente desaparecida, yo les dije que si hablaban de los viejos, que yo los había tirado porque ya no servían. Parecieron muy de acuerdo, pero luego me encerraron.

La historia no pareció alegrar a aquellas dos buenas personas y les dije que si querían les podía contar otras, pero dijeron que no, que ya estábamos llegando. Al bajar del coche vi la entrada de mi anterior sitio de encierro. Me alegré mucho, volvería a ver a mis amigos. Además deseaba que me contaran más historias, claro que algunas eran terroríficas, no como la que conté, que era muy humana.

Sara Godoy Santana.

23 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

La muerte rubia

La muerte en forma de chica rubia con un escotado y ceñido traje rojo se sentó junto al hombre con sombrero que fumaba en la barra. Él pidió de beber para ambos y esbozó una cínica sonrisa cuando comenzó a hablar.

-Me comentó Sam Spade que le hiciste ayer una señal en la 42, pero esta vez has tenido mala suerte, muñeca.

-¿Sí? ¿Usted cree?

-Sí, preciosa -la lengua del hombre chasqueó bajo el bigote canoso-, ha dejado la ciudad, ni siquiera tú podrás encontrar su guarida.

-¿Y por qué huyó? Esto no tiene nada que ver con él. Oh, no. Sólo me sorprendió que usted malgastara sus últimos días de vida trabajando, Sr. Hammett.

Tras lo cual la rubia le besó con sus labios pintados del color de la sangre.

En un lugar de Asgard

Los últimos rayos de sol lamen las veletas en las torres del Valhalla. Dos walkirias se hablan a gritos intentando hacerse oír por encima de ruido de espadas y estertores de agonía:

-Nuestros valientes guerreros no cesan de luchar ni siquiera más allá de la muerte -comenta la más joven.

-Psss -responde la otra con gesto de hastío.

-Y dime, Astrid, ¿adónde van cuando mueren sus espíritus?

-Dicen que a un palacio más allá de los picos nevados de Asgard, llevados por unas hermosas mujeres que cabalgan en caballos alados. Que se encarguen ésas, porque lo que es yo…

La torre de Babel

A Babel acudían diariamente gentes de otros muchos lugares, desde desiertos a selvas, desde las antípodas a los polos, para aportar su ofrenda a la construcción de la torre. Blancos como la nieve o negros como el alabastro, en taparrabos o ataviados con gruesas pieles de foca, feroces salvajes o sofisticados y amanerados, a los pies de la edificación depositaban las palabras más bellas de la lengua de cada uno. Fértiles verbos, exóticos sustantivos, elegantes adjetivos eran dispuestos por diligentes arquitectos-lingüistas babilonios de hirsutas barbas. Así, formaban largas cadenas de complementos nominales, perífrasis verbales y hasta frases y oraciones e incluso libros enteros, fuertemente unidos con la argamasa de conjunciones y preposiciones, que eran los materiales de los que estaba hecha la torre. Trabajaban día y noche con la felicidad de quien se sabe hacedor de la gran obra del Hombre. Un día, cuando estaban a punto de poder acariciar la panza de las más bajas nubes, el cielo se tornó de una oscuridad amenazadora. Todos abandonaron su tarea alzando la cabeza con el ceño fruncido. De esta manera, pudieron ver cómo de entre las nubes de un hostil azul metálico brotó un enorme rugido animal que hizo tambalearse la torre y luego un segundo bramido, más furioso, la destrozó en añicos, dispersando un viento huracanado las piezas de sus sueños. Al contemplar la obra destruida, uno de los miles de albañiles, flaco y de rostro quemado por el sol, mientras trataba de recuperar sus útiles entre los escombros no paraba de mascullar. Volveremos a intentarlo, vaya que sí, decía. Más allá de él corría hacia las chozas de adobe un niño pequeño descalzo con un nuevo tesoro de palabras escondido en su pequeño pecho: meine liebe.

Antonio Vega

23 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

INTERROGATORIOS

Entre locuaces circunloquios y perífrasis grandilocuentes, el sospechoso se deslizaba por las ramas del álamo temblón como pez en el agua. Yo trataba inútilmente de seguir sus razonamientos, sus argumentaciones, sus cábalas, entre las que me debatía sin remedio, atento a no perder pie y caer al vacío. ¿La verdad, Inspector? ¿Qué es la verdad? Muchos y grandes hombres se han enfrentado en vano a esa entelequia y ¿ahora me lo pregunta usted a mí que soy un mero carterista? Como un gato, saltaba de las ramas más imponentes a las de menor tamaño sin perder el hilo de su discurso. En efecto, su voz aflautada nadaba con precisión de mariposista entre meandros lingüísticos y filosóficos desconocidos a tantos metros de piso firme. ¿El muerto? La muerte dista sobremanera de ser un concepto determinado, Inspector… Conforme íbamos ascendiendo de un nivel vegetal a otro, a mi traje cruzado manchado de resina se adherían hojas de un verde glauco. Llegado un momento me zafé de la corbata que me cortaba la respiración mientras la falta de oxígeno a aquellas alturas hacía divagar al sospechoso en laberintos cada vez más intrincados. ¿El móvil? ¿Conoce usted todos los motivos que se agazapan tras sus decisiones, sean grandes o pequeñas? ¿Y, aún así, pretende conocer los míos?…  Ya no pude más. Sus continuas piruetas verbales comenzaban a nublar mi entendimiento, ya bastante perjudicado por la insoportable sensación de vértigo. Dejé de seguirle en su ascensión cuando vi desaparecer los mocasines marrones rumbo a la copa del árbol que rozaba las nubes más bajas. Me apoyé contra el tronco rugoso, saqué el revólver y apunté entre las hojas mecidas por la brisa encima de mí. Los fogonazos hicieron levantar el vuelo a la multitud de pájaros que descansaba en la cumbre del álamo, incluido al pajarraco objeto de aquel interrogatorio torturante, que, como si fuera un canario de ochenta kilos, pareció alzarse para luego caer como una piedra hasta el sólido suelo, donde su cabeza se abrió como un melón maduro. Creo que le he expuesto sin dobleces todos los acontecimientos dignos de reseñar acerca del interrogatorio donde se produjeron los hechos en cuestión. Quizás de mi relato sin subterfugios algunas lenguas maledicentes infieran una actuación heterodoxa por mi parte. Sin embargo, no me considero culpable en absoluto, soy una víctima más, una simple marioneta en el teatro absurdo de este procedimiento kafkiano. Además, como es bien sabido por todos, Sr. Juez, yo he sido siempre un simple poli acrofóbico sin demasiada paciencia con los que se andan por las ramas.

Antonio Vega

22 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

Acerca de este taller / Información para despistados

Si has aterrizado en este blog por azar y no entiendes exactamente a qué nos dedicamos, comienzo por aclararte que los autores de estos textos no hemos huido de ningún centro de salud mental ni abusamos de los psicotrópicos (al menos, no todos).

Factoría de Ficciones es un taller teórico-práctico en torno al cuento literario, que tiene lugar principalmente en la Biblioteca del Estado de Las Palmas de Gran Canaria, además de (en su versión intensiva y de forma puntual) otros ámbitos, como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Centro Penitenciario de Salto del Negro y algunos IES.

La dinámica del taller remite sólo lejanamente a marcos teóricos. En Factoría de Ficciones preferimos analizar el fenómeno. Así, leemos y analizamos cuentos y, tras desmenuzarlos, extraemos de ellos las técnicas con las que, posteriormente, los participantes elaboran textos a partir de las propuestas que surgen a lo largo del taller. Así, al mismo tiempo que adquieren una bibliografía adecuada sobre la disciplina, reflexionan acerca de los engranajes de la maquinaria narrativa y la ponen en marcha.

Los textos que puedes leer en este blog son algunos de los elaborados a partir de esas propuestas.

El taller comienza con una mirada al cuento tradicional y sus recursos, como contraposición al cuento literario, y con la escritura de un cuento de aquel estilo, que luego es reescrito desde una perspectiva contemporánea, confiriendo mayor importancia a la fijación textual, cambiando puntos de vista, tiempos verbales, etc.

Una vez metidos de lleno en el género, las propuestas aluden a los aspectos que mayor dificultad pueden presentar a quienes desean aumentar su eficacia cuando se enfrentan a un terreno tan resbaladizo como el relato breve: los comienzos, los finales, las personas gramaticales, el ritmo narrativo, el manejo de la intensidad, la elaboración de argumentos verosímiles, el tiempo y modo verbales, la escritura de diálogos y monólogos.

Estos asuntos continúan estando presentes en los muchos ejercicios de estilo posteriores, a partir de juegos literarios como el binomio fantástico, el Logo-Rallye, la literatura definicional, el S+7, la escritura de cuentos fantásticos originados en la literalidad de frases hechas y proverbios, la elaboración de cuentos disfrazados de recetas de cocina, de manual de instrucciones, de prospectos médicos o de noticias…

Además, prestamos especial atención a las muñecas rusas o cajas chinas y a la evolución más reciente del género: el microrrelato, tan popular como incomprendido.

¿Por qué publicar estos textos en un blog? Pues, sencillamente, porque creo que los textos sólo son escritura hasta que la mirada del lector decide convertirlos en literatura y porque saltar a la arena es lo único que puede convertirte en un buen gladiador.

Posteriormente, aparecerá un volumen con una selección de textos escritos por los participantes en Factoría de Ficciones, pero un blog es una forma ideal de llegar al público, evitando talar arbolitos sin necesidad y sometiendo el propio trabajo a la crítica de los lectores, tan útil como necesaria.

Hasta aquí esta explicación. Si eres amante de la precisión o, simplemente, tienes el mal hábito de la minuciosidad, a la derecha de este texto, en el menú Páginas, hallarás sendas pestañitas desde las cuales podrás acceder, respectivamente, al programa general del taller y a la bibliografía.

Vale.

Alexis Ravelo

22 junio 2009 Posted by | General, Noticias y comunicados, Textos teóricos | 1 comentario

Taller Vidas Cruzadas

escribir

Internos del Centro Penitenciario de Salto del Negro y alumnos de Diversificación Curricular del IES Josefina de la Torre han participado en estos días en un taller conjunto que surgió a partir de la iniciativa y el trabajo voluntario de dos profesoras (Inma y Elia) y un funcionario de prisiones (Roberto).

La idea era tan sencilla como atractiva: reunir a los dos colectivos implicados, hacerles participar en una sesión intensiva sobre la escritura en primera persona a partir de recuerdos de la infancia, agruparlos por parejas mixtas para permitirles que se conocieran un poco a lo largo de una conversación y, finalmente, proponerles que elaboraran cada uno un texto poniéndose en el lugar del otro.

Internos e internas de diferentes edades y procedencias escribiendo como si se tratara de chicos y chicas de edades de espectro menos amplio pero igual diversidad geográfica y, sobre todo, biográfica. Alumnos y alumnas de secundaria viendo la vida a través de los ojos de aquellos adultos, compartiendo sus recuerdos, sus ilusiones, su memoria.

A lo largo de casi un mes, han trabajado en firme para que sus textos fueran cada vez mejores. Ahora ya puedes leerlos en el blog de Vidas Cruzadas. Además, si sientes curiosidad, podrás enterarte de cómo surgió y se desarrolló este proyecto, averiguar algo más sobre todos y cada uno de los participantes, leer algún otro texto que escribieron más allá de lo que se les proponía. Te aseguro que, como poco, te llevarás alguna sorpresa.

En Vidas Cruzadas, aparte de quienes tomamos las riendas en un principio,  han colaborado muchas personas más, que han aportado su generosa ayuda, como Ismael González y Gonzalo Berzosa. A ellos y a quienes no nombro, aprovecho para expresarles mi agradecimiento en nombre de todo el grupo.

Por mi parte, puedo asegurar que nunca había aprendido tanto en tan poco tiempo.

22 junio 2009 Posted by | General, Noticias y comunicados | 2 comentarios

Microrrelatos

Metalingüístico

                 Amaba tanto el surf, que se fue por coger mi saludo. ¡Hola!

Metaliterario

                 Era solo un soñador. Dulcinea le abandono.

Paradoja

           Tenía todo el amor dentro de sí y lo daba tanto que nadie le quería.

Andrés Sánchez Sanz

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Muerte de un periodista

El periodista escuchaba atentamente cada respuesta al principio, pero a medida que iban sucediéndose las respuestas y acabándose las preguntas, el entrevistador comenzaba a ponerse más y más nervioso, hasta el punto de que cada vez improvisaba preguntas más complejas y más absurdas; no en vano estaba entrevistando al autor de “Muerte de un periodista”, un cuento que trata acerca de un periodista que muere justo después de finalizar la entrevista al autor del cuento que usted esta a punto de terminar.

Cesáreo Pérez Navarro

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | 2 comentarios

Microrrelatos

De vuelta

Al contemplar en el interior de un escaparate un boomerang de brillantes colores, el niño, atraído por su influjo, metió sus delgadas manos en los bolsillos de sus gastados pantalones. Al sacarlas, comprobó de un vistazo que disponía de dinero más que suficiente para hacerse con el preciado objeto. Una vez en su poder decidió deshacerse de su viejo boomerang. Así que lo tiró.

La llamada

Conocedor de su afición por la lectura, el cocinero le preparó  una exquisita sopa de letras. Su error fatal fue sin dudas, el no fijarse que el paquete excluía las letras vocales.  Solo cuando escucho al cliente llamar al camarero, se percató de ello.

-¡C-m-r-r-!

El mono

Segismundo era un pobre yonqui que tirado en un sucio rincón de una prisión; no sabía si su vida era un sueño o si bajo los efectos de tantas drogas (que le tenían en un constante estado de frenesí), todo le parecía una ilusión, una sombra, una ficción. ­

 César Socorro

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

La muerte de Julieta

Julieta lanzó su larga melena, pero las extensiones no soportaron el peso de Romeo y el tirón desgarró el cuero cabelludo de la joven, que murió desangrada ante los ojos impotentes de su amado.

El escritor

Escribo escribo.

¿Qué escribo?

Escribo.

Besos

Se lo comía a besos aunque detestaba el sabor de su dentífrico.

Mónica Graña

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 2 comentarios

Microrrelatos

EL UNICORNIO SOLITARIO

El solitario unicornio  Jeremías se aburría en su bosque impecablemente verde y perfecto. Las unicornias se habían extinguido debido a la caza indiscriminada en las selvas de la India. La culpa fue de un tal Ctesias, un inmigrante griego, quien decía ser médico y aseguraba que el cuerno de las hembras vírgenes de rosado pelaje, tenía propiedades afrodisíacas y curativas. Según las estadísticas, dos de cada cuatro hombres padece disfunción eréctil, así que unos cuantos millones, entre hindúes y forasteros, se lanzaron a la búsqueda y captura de tan preciada pieza. Jeremías cansado de usar métodos alternativos para saciar su joven apetito sexual (él no es uno de esos dos de cada cuatro) se embarcó como polizón en el puerto de Bombay rumbo al Caribe, y ahora vive feliz junto a una yegua criolla y rodeado de su prole, mitad unicornias, mitad mulatos. Por suerte, en esa parte del mundo tener un cuerno o dos no constituye peligro alguno.

                                           

CONFUSIÓN

No acabo de entender por qué en Islandia le dicen a la tarta caca, la mierda es cuca y si dices que te pica un brazo, todos miran escandalizados hacia la región del pubis femenino. Pobre de mi amiga Cuquita, se ha tenido que mudar a Canadá porque tiene picazón crónica y no sabe cómo explicárselo al galeno.

 

SOLEDAD EN EL PODER

“No entiendo por qué mis súbditos aseguran que padezco la soledad del poder”, se pregunta el rey antes de firmar la sentencia de muerte de todos los hombres de su gabinete, acusados de alta traición.

 Belkys Rodriguez Blanco

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 2 comentarios

Microrrelatos

Incomprendidas

 Aliviadas porque al fin un barco había atendido a sus advertencias y se alejaba de las peligrosas costas de su isla, dejaron de chillar. Entretanto, aún atado al palo mayor de su nave, Ulises imploraba a su tripulación que pusieran rumbo hacia aquella isla desde la que lo llamaban los cantos de las sirenas.

Paradoja espaciotemporal

Estaba convencido de que le darían el Nóbel de Física por haber sido el primero en demostrar que se podía viajar en el tiempo. Por eso, le extrañó no encontrar su nombre en la Wikipedia, cien años después de su hazaña.

Descubrió el motivo demasiado tarde. Justo en el momento en el que, al visitar su pasado, la máquina del tiempo –casi dos toneladas de hierro, aluminio y acero– se materializaba en el lugar que ocupaba la cama en la que dormía plácidamente.

Puñaladas

El forense dictaminó que había muerto desangrado a causa de cinco puñaladas que le atravesaron el corazón. La investigación posterior logró identificar las últimas palabras de su amante –“Me voy. Nunca te quise”– como las armas homicidas.

Ruymán J. Jiménez

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

Mitomorfosis

El chamán se bebe sus sagrados brebajes e  inmediatamente  su felina sonrisa da paso al temido y protector  jaguar.

Ensoñaciones

Me adormezco entrelazada a cálidas y amorosas  serpientes, ellas  sueñan mis despertares, y despiertan mis sueños.

A un potente canarión

Enmarañado de amores, el curtido canarión,  Oidale  Yornom,  aún busca a la fogosa fémina que le asestó esas dos puñaleadas soleadas, una tarde en las doradas dunas de Maspalomas.

Patricia Rojas de Leunda

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

LAS CALABAZAS

No quería ser la hermanastra mala y fea del cuento, la que se queda compuesta y sin novio. De modo que le pidió a su madre que nunca volviera a casarse y que le diera su parte de la herencia.

Contactó con el mejor cirujano plástico del país y se puso en sus manos. Pagó clases de interpretación y dicción, se puso en manos de psicólogos. En dos años se había convertido en una bella joven llena de ilusiones, de esperanzas y de buenos modales. Estaba preparada para que el príncipe azul se fijara en ella y la convirtiera en su esposa. Y cuando llegó el momento, el baile anual, tan preparada estaba que se dio cuenta que ella merecía algo mejor. Que un príncipe azul era poca cosa para ella. Así que salió corriendo escaleras abajo mientras imaginaba su nueva vida, llena de aventuras y de viajes, llena de hombres y no de príncipes que terminan siendo calabazas.

SILENCIOS

Ella se sentía en medio del silencio. Silenciando silencios que rompían los pensamientos. Pensamientos que silencian la realidad y el sufrimiento.

Sufrimientos que no se dejaban silenciar. Ella quería formar parte del silencio, sentía que quería callar para siempre.

Mariola Bautista

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

CONCLUSIONES EQUIVOCADAS

No tenía ni idea de que le gustaba escuchar a Dvorak, Brahms, leer a Neruda y Shakespeare e interpretar a Dorian Gray en la obra de Wilde entre otras cosas. Claro que era lógico que no lo supiera, puesto que nunca hemos hablado de ello.

Es imposible que sepas los gustos de una persona, ni sus aficiones si no entablas conversaciones de esos temas con ella.

Yo di por supuestas muchas cosas y qué equivocado estaba. Basé mis diagnósticos en análisis sesgados que me llevaron a deducciones inconclusas pero que yo di por correctas.

Lleno de tatuajes, con el pelo rapado y vestido de aquel modo, quién iba a imaginar que su interior estaba lleno de tanta paz y tanto gusto por las artes. Cierto que hablaba poco, así que yo deduje de sus mínimos comentarios que lo que le gustaba era la música heavy, salir hasta altas horas de la madrugada y pasar de todo, y que estaba viviendo un momento difícil en el que luchaba con su yo interior.

Qué equivocado estaba.

Yo, profesor universitario, que he leído e interpretado a los grandes de la literatura universal, que asisto al teatro una vez en semana, que disfruto y participo de buenos debates acerca de las nuevas tendencias, de los nuevos talentos, tenía mucho que aprender.

Me había dejado llevar por un exterior, sin más. Apenas había observado un poco más allá, fue más fácil emitir un juicio.

Así que, después de esa experiencia descubrí que ni yo soy tan culto y erudito como muchos, incluido yo, pensábamos, ni un joven lleno de tatuajes y con la cabeza rapada está alienado de la sociedad, ajeno a la historia, a la cultura, al arte. Dejé de ser profesor por unas horas, para convertirme en alumno.

Mariola Bautista.

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Microrrelatos

Manifiesto

1 determinante posesivo

1 adverbio de negación

1 verbo

1 preposición

3 sustantivos

7 palabras para afirmar:

“Mi brevedad no es sinónimo de sencillez.”

Medida preventiva

H. Cautlfield lee un ejemplar de El guardián entre el centeno. Como medida preventiva un agente secreto lo detiene. H. Cautlfield pasa sus días en la prisión del Estado.

Malos pensamientos

Eugeni Quiescent nació sin la facultad de hablar. Sus esfuerzos para poder comunicarse por medio de la palabra hablada fueron baldíos. Un día, por puro empeño, consiguió algo insólito: sus pensamientos eran reproducidos en forma de ondas por toda la ciudad. Los transistores de la ciudad captaban a todas horas sus pensamientos. A los pocos días, todo la ciudad estaba en su contra, ya que no podía controlar lo que pensaba.

Esa fue la causa que lo trajo al pueblo.

 Rayco Arbelo

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Microrrelatos

BÚSQUEDA INFRUCTUOSA

La busca por las noches, pero no puede verla. Prueba durante el día, y ella desaparece. Es que ya son más de cincuenta años intentando encontrar la oscuridad.

 LA QUERELLA

—Buenos días –dijo el ciego–, necesito tramitar una querella.

—Muy bien, ¿contra quién? –interrogó el empleado del Juzgado.

—Contra el Dr. Sigmund Freud.

Al tener que exponer los motivos de su denuncia, el hombre alegó que el renombrado psicoanalista había utilizado para propio beneficio y con fines supuestamente científicos, cierta información confidencial extraída de una antigua biografía suya escrita en Grecia.

—Perfecto –dijo el administrativo– pero antes, ¿me puede decir su nombre, por favor?

—Sí, por supuesto, soy Edipo, Rey de Tebas.

 EL RETO

—¿A que no eres capaz de hablar al revés? –desafió el niño a su padre.

—…secnotne ogid et euq otse sedneitne is rev a, ¿oN?

 Fernando Adrian Mitolo

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

MICRORRELATOS

 

 

 El evangelio según Salomé

 Nació en Belén y al segundo día lo resucité.

  Morir de palabras

Érase una vez un anciano contador que, de tan viejo, era también muy sabio. Aquella tarde le bastó pronunciar una única palabra mágica para que su cuento más largo tocara a su fin.

 De dioses y monstruos

Según diversas fuentes de la épica helenística apócrifa, en el Olimpo, cuando todos los dioses quedaron en paro, a Prometeo, el único no afiliado al “Sindicato Divino”, le bastó sólo con levantar el tapón de la bañera oceánica para hundir el INEM.

Nayra Pérez

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

Microrrelatos

Nadie le había dicho que tuviera que darle un beso antes de despertarla. Si lo hubiese sabido, se hubiera reservado el paquete de seis condones para algo más tarde.

 

 

Con cuatro manos y dos dedos de los pies podría convertir a un burro en unicornio. ¡Lástima no tener piernas!

 

 

Juan cargaba en su baca un animal blanco y negro, de los que pastan en verdes prados, de esos que dan leche, pero nunca lana. Una vaca. Curiosa imagen la de Juan, cargando en su baca una vaca.

Cande Pons

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La pregunta

la pregunta

¿Qué por qué te amo? No sé… Será por tus caprichos, tus niñerías, tu entrega o por tus caricias, por tu piel, tus besos y por tus esperas, tus idas, tus venidas o quizás por tu estilo, tu figura, tu presencia, si no es por tu genio, tu bondad, tu maldad, sin olvidar que puede ser por tus listezas, tus boberías, tu risa, tu llanto, aunque también por tu habilidad, tu torpeza, tu mano izquierda, tu mano derecha y qué decir de tu simpatía, tu antipatía, tu amabilidad, tu parquedad, tu entrega, sin dejar atrás tus meteduras de pata, tus aciertos, tu ingenio o tu estupidez, además de conocer tu sensualidad, tu sexualidad, tu morbosidad…

¿Ves?… Sí sé por qué te amo.

 Andrés Sánchez Sanz

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Un sol particular

 

[primavera-gris-picaporte-ocultarse-rostro-muchacha-alrededor-detrás-claridad]

un sol particular

A aquel perdido valle ni el sol llegaba, ni con la primavera los días lograban pasar de un tímido color gris.

Un hombre se despertó en su cama, miró por la ventana y para él lucía un sol espléndido en su día. No tardó en arreglar un poco la casa, abrir el picaporte de la puerta y salir al exterior.

Sabía que tenía que darse prisa, caminar rápido hacía el pozo del pueblo para ocultarse y esperar la visión que amaba, esos segundos de entrever el rostro de la muchacha que amaba.

Cerca del brocal se tomo un tiempo para observar a su alrededor y escoger un lugar para ocultarse. Eligió su posición detrás de un frondoso roble.

Nada más acabar de camuflarse entre ramas, percibió cómo la claridad amada venía hacía el agua. Supo que ése sería otro soleado día perfecto para él.

Andrés Sánchez Sanz

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

LOGO RALLYE

[primavera-gris-picaporte-ocultarse-rostro-muchacha-alrededor-detrás-claridad]

Coja usted a la primavera, moldéela entre sus manos como si fuera a hacer una croqueta, apártela y déjese llevar por la alterada sangre.

Ignore el gris plomizo del atardecer que presagia lluvia; si es posible, déjelo reposar y más tarde ya se encargará de él. Aproveche ahora el tiempo que le va a quedar libre para coger todos los picaportes y limpiarlos convenientemente. 

No deberán ocultarse de los invitados los portarretratos familiares, aun a riesgo de recibir irónicos comentarios sobre los mismos.

El rostro es nuestra carta de presentación, por eso debemos mimarlo y cuidarlo con una mascarilla semanal como mínimo.

La pícara muchacha que le sonríe siempre que va a comprar el periódico, no lo hace por su encanto, sino porque la pobre es bizca.

Alrededor de la mesa del comedor debe colocarse ordenadamente la vajilla de forma que cada persona tenga a mano cualquier utensilio que necesite, en las comidas informales tipo lunch.

Detrás de cada mujer hermosa hay siempre un peluquero fiel que, como si de un confesor se tratara, la escucha con veneración.

Claridad, sobre todo mucha claridad, es lo más importante en una cocina: le ayudará a elaborar los platos más apetitosos y exóticos para enamorar a su amado.

Ana María Martín Glez.

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , , | Deja un comentario

Las sobras

las sobras

A don Pío.

Que sí señor comisario… que fue así como se lo cuento… que el filado… ¿cómo dice?… ¿finado?… ah… pues eso… que el finado era muy tragaldabas… el campeón de los tragones… cosa exagerada, oiga usted… siempre se lo decía… que para de comer… que no tragues tanto… que algún día ya verás… pero él siempre cogía y comía mucha más comida que ninguno… y ayer era sábado… ése es el día con más clientes en la hamburguesería de autos… señor comisario… observa usted mi léxico ¿verdad?… que uno… aunque ahora sea un ruina, como nos llaman… ha tenido su educación… su cultura…”lo que sepas no te pesará en el camino”… eso me decía mi abuelo… y eso es verdad… sí señor comisario… vale… vale… me ciño a los hechos… como le decía… ayer era sábado… muchos clientes… mucha comida tirada… como siempre… da pena la verdad… así que… cuando no llevábamos ni diez minutos rebuscando entre los contenedores… yo ya tenía bastantes hamburguesas… claro… éstas no están enteras…. aunque hay algunas que casi sí… ¡ya vale! vamos a comer, le dije al finado… ¿amigos dice?… no… no éramos amigos… aunque el estar en la calle une, señor comisario… así que me retiré con el producto de mi búsqueda y un tetrabrís… ¿tetrabrik?… pues bueno… pues con eso… que era de vino peleón del bueno… ya tenía yo bastante… pero él, busca que te busca a por más comida… acabando el vinillo me entró sueño… normal, ¿no?… él estaba come que te come… cuando desperté entre los contenedores, vi que el finado estaba boca abajo… ¿sí?… sí, señor comisario… la cabeza la tenía encima de una de sus vomitonas… al lado suyo había tres o cuatro hamburguesas más… pero seguro… se lo digo yo… murió por tragón… hágame caso señor comisario… él solito se mató…

Andrés Sánchez Sanz

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

Una mujer ardiente, un cuento de corazones delatores

Coincidiendo con el II Taller de Novela Negra de Arona, este año impartí un taller en torno a El corazón delator, de Edgar Allan Poe en los institutos de ese municipio. La propuesta era que, a la manera de Poe, los alumnos diseñaran su propio crimen. El escritor amigo Julio Santamaría, profesor de Lengua y Literatura del IES Guaza, me envía el cuento escrito por Daniel Fernández Álvarez, que cuelgo a continuación como muestra, con mi enhorabuena por su trabajo.

Una mujer ardiente

Cuando empecé a trabajar para ella, no pensé que acabaría matándola. Me caía bien, pero los trabajos que a menudo me obligaba a realizar hacían que cada vez la odiara más, hasta que ya no aguanté e ideé un plan para acabar con ella.

Me llevó tiempo prepararlo, pero sabía que cada día se sentaba en el mismo sillón, así que una noche, mientras todos dormían, coloqué una trampa para que cuando se sentara llegara su fin.

Como yo bien sabía, se sentó en el sillón y la trampa se activó haciendo caer gasolina sobre ella y una cerilla recién encendida. Murió abrasada. Disimulé al llamar a la policía (fingiendo estar sorprendido). Cuando llegaron, me mostré triste, aunque estaba feliz. Pero, de repente, comencé a notar un calor sofocante y fui perdiendo los nervios hasta que dije:

-¡Sí! ¡Fui yo quien la hizo arder!

 Daniel Fernández Álvarez 1º B

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General, La factoría ambulante | , , , | Deja un comentario

El regreso (Logo-Rallye)

llave dorada

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La larga caminata le tenía exhausto. Aunque vislumbraba en el horizonte los muros de la ciudad y sabía que en unas horas estaría protegido, aceleró el paso, pues era primavera, una época en que en cualquier momento, se podía desatar una tormenta.

 Antes de lo esperado, se encontraba en medio del bullicio de las puertas de la ciudad. El ir y venir de las carretas y el gentío agolpándose a los puestos de los mercaderes le hicieron olvidar por un momento cuál era el verdadero motivo que lo había traído a esta ciudad.

 La gente al pasar a su lado no podía evitar mirarle. Aunque era un joven de buena apariencia, las miradas iban dirigidas a su vestimenta. Sobre todo a ese extraño y gris escudo de armas que se encontraba bordado en su cota de malla. Él se había acostumbrado a las miradas de los curiosos y por ello prosiguió su paso.

Conocía muy bien esta ciudad. La había visto en sus sueños. Una y otra vez, había recorrido estas mismas calles, incluso sabía que si cerrase los ojos podría llegar a su destino. Pero no hizo falta, pues se encontraba frente a él.

La puerta de la casa, tenía un extraño picaporte con forma de serpiente; el mismo símbolo que aparecía gravado en su vestimenta. La puerta se encontraba entreabierta, así que no dudo en entrar. En el interior todo estaba oscuro, pero pudo distinguir una figura tratando de ocultarse tras las cortinas.

Conocía las palabras exactas que debía pronunciar, lo había visto en sus sueños.

—No tengas miedo, puedes salir. Soy Élther de Crianté. No tienes nada que temer —dijo.

 Al oír ese nombre, un tímido rostro apareció tras las cortinas. Se trataba de una muchacha de apenas quince años, de largos cabellos y ojos de un azul intenso, que le resultaban familiares.

—¿Por qué irrumpes así en mi casa? Estás muy lejos de tu hogar, Élther de Crianté. —dijo la joven con voz autoritaria.

—¿Conoces mi hogar?

—Nuestro hogar, Élther —dijo sonriendo.

El joven Élther enmudeció por unos instantes. Luego exclamó:

—Entonces… ¿eres tú la portadora? ¿Tienes tú la llave dorada?

La joven asintió con su cabeza. Luego retiró de su cuello una cadena, en la que colgaba una brillante llave dorada y se la entrego a Élther, quien, tras observarla con gesto de satisfacción, se la colgó sobre su pecho.

En ese momento,  el símbolo con forma de serpiente que portaba su ropa cambió de color. Un rojo ardiente. Creyó ver como todo a su alrededor giraba, por un momento pensó que se iba a desmayar. Pero entonces, detrás de él sonó la voz de la joven, diciéndole:

—Ahora volverás a casa, Élther. Dale un beso a nuestro padre.

Élther se volvió bruscamente, pero ya era tarde, una claridad lo envolvió todo. Entonces supo que nunca más la volvería a ver, lo mismo que sabía que gracias a ella por fin regresaba a casa.

 César Socorro

21 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

LA PRIMAVERA (Logo-Rallye)

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Dicen que ha llegado la PRIMAVERA, pero yo no me lo creo. Las nubes están hinchadas de GRIS y a punto de reventar. No es lluvia lo que esconden, estoy segura de que va a nevar.  Diego tampoco acepta esa historia del olor de las flores recién abiertas y el apareamiento de las bestias. Por eso mira asustado al cielo, echa a correr y agarra con fuerza el PICAPORTE de la puerta principal, como si quisiera quedarse unido a él para siempre. Lo hace girar casi con rabia y se dispone  a OCULTARSE debajo de la mesa del comedor, adormilado a estas horas. Le teme tanto al blanco desgarrándole las pupilas. Su ROSTRO pálido y pecoso me recuerda al de aquella MUCHACHA que pintó el abuelo sobre un pedazo de cartón. No había lienzo ni pinceles disponibles, así que lo hizo con los dedos. Fue su último cuadro y sin dudas el más original.

Diego ha salido de su escondite, se acerca a la ventana y observa perplejo el inusitado círculo rojo que ha comenzado a abrirse como un paraguas ALREDEDOR del atardecer. Definitivamente no ha llegado la primavera. Para que así fuera, el redondel tendría que ser de color verde selvático y aparecería en todo caso DETRÁS de los cumulonimbos, las guardianas de la tormenta. Ahora, exactamente a las seis de la tarde, los copos de nieve se deslizan despacio, acariciando el aire con la yema de los dedos. Al abuelo le hubiera gustado conocer la nieve, pero murió hace cinco años en una isla tropical. Me pregunto si también  la habría pintado sobre aquel cartón, con su CLARIDAD de ángel, su textura azucarada, su pureza cayendo desde lo alto como brevísimas gotas de una tardía primavera.

Belkys  Rodríguez

20 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | 1 comentario

Cuando un sueño muere (Logo-Rallye)

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  No consigue dar explicación a esta primavera. Ella me lo ha contado, no para de hablarme de sus sueños. Clarea el día, la veo entrar por la puerta acristalada de la oficina. Se dirige a mi despacho. Su rostro hoy, en contra de toda previsión, no se anuncia gris. Se abre paso entre mesas, compañeros, los buenos días, sillas, fotocopiadoras. Gira el picaporte sin llamar antes a la puerta; no es que me importe, al fin y al cabo nunca lo hizo de pequeña. Algo que caracterizó nuestra niñez fue que siempre me lo contó todo y ahora, después de tantos, continúo siendo su confesora.

 

  –Vaya, vaya, menuda cara traes, Cande.

  –Buenos días, ¿se me nota?

  –Vaya que si se nota. Cierra la puerta y cuenta, anda.

  –Pues verás, ¿recuerdas el sueño que te conté sobre Mario?

 

  Cómo iba a olvidarlo, lleva meses con ese maldito sueño y ese maldito Mario y Mario suspiros y Mario punto seguido y Mario punto y a parte y Mario puntos suspensivos.

 

  –…He vuelto a soñarlo… Verás, todo ocurre de la misma manera hasta que…

  –No me digas que estás así por un sueño.

  –Déjame terminar.

 

  El sueño es el mismo de siempre, en blanco y negro. Pasea por una ciudad costera, el pelo suelto y en continuo movimiento denota el caprichoso quehacer de una leve corriente de aire. A lo lejos reconoce una figura familiar, el sempiterno Mario aparece. Cande hace un intento por ocultarse, pero es un acto un tanto inútil ya que se encuentra en un terreno abierto. A todo esto, Mario es un hombre de buen ver que ha conocido hace unos meses. Resta decir que siente una enfermiza atracción hacia él.

 

  –Y fija esos dos ojazos en mí y soy incapaz de moverme y cada vez se acerca un poco y un poco y un poco más hasta que me toma de la cintura y contemplo la belleza de su rostro

  -Y te acaricia y sigues inmóvil y tú, muchacha romántica, te deshaces en su abrazo y te besa y todo alrededor toma color y os seguís besando y es entonces cuando te das cuenta que la persona que tienes delante eres tú misma y contemplas tus brazos y no eres tú, ahora eres él y…

  -Vaya, sí que te he machacado con el sueño. Sí, todo sucede de esa manera.

  -Es que eres muy previsible.

  -Bueno, ahora es cuando cambia la historia.

  -A ver sorpréndeme…

  -Cuando despierto, noto una respiración en mi espalda. Alguien suavemente me susurra, me abraza. Es él, que me despierta del sueño, ahora todo es real.

  -¡Qué perraca! Te has decidido, se lo contaste.

  -Sí, me dijo lo estaba volviendo loco, que desde que me vio soñaba conmigo, es más majo…

  -Vale, nos vemos al almuerzo y me cuentas los detalles.

  -Claro, gracias por escucharme.

 

  Y abandona mi despacho. La veo marchar, detrás de sí deja un sueño que muere porque se ha hecho real. La claridad termina de hacerse patente en esta estancia, la vida continúa imparable su ciclo.

Rayco Arbelo

20 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Consultas

Desde entonces, cada día me dirigía al trabajo, dando un largo paseo. Estos paseos me resultaban agradables, y qué decir de lo que opinaba mi médico, -“ten mucho cuidado, si no cuidas tu alimentación y sigues con ese ritmo de vida cualquier día te explotara esa máquina que tienes por corazón”-, sino que también me ayudaba a preparar mi mente para las muchas decisiones que tenía que tomar a lo largo del día. Antes era diferente, tomaba un café tras levantarme y apuraba hasta el último momento para salir de casa hacia el trabajo, tiempo suficiente para aparcar mi cuatro latas delante de la empresa; ésa era una de las ventajas de que la empresa se encontrara situada en una zona industrial. Pero todo eso cambió aquella mañana en que el Sr. Gerente nos reunió a todos los empleados, y nos comunicó los muchos planes para la empresa y un sinfín de palabras a las que no quería prestar atención en aquel instante. Lo que sí escuché, fue que nuestras ideas y aportaciones para mejorar algunas de las áreas iban a ser escuchadas y premiadas; esto fue lo que más me gustó, ya que mi suerte para los premios se limitaba a los que venían incluidos en los paquetes de Snack. Debo admitir que a algunas de las primeras ideas que pasaron por mi mente no se les podría llamar geniales;  menos mal que no se las comenté a nadie y quedaron en simples pensamientos. Pero debido a una de mis sugerencias, el Sr. Gerente me dio un puesto donde cada día debo tomar muchas decisiones. Al principio este nuevo puesto me entusiasmó, por fin tenía algo de lo que regodearme con mis amigos: yo, un pobre diablo tomando decisiones de envergadura. Pero a partir de ese día me resultó difícil conciliar el sueño, me había cambiado el humor y me costaba mucho tomar hasta las más pequeñas decisiones. Es por eso que lo consulté con el doctor, quien viendo mi penoso estado, me recomendó enérgicamente que lo consultara con la almohada, yo alegué que no usaba este tipo de artilugios para el descanso, pero él, sin mediar palabra, me extendió, como si de una receta se tratara, la dirección de una pequeña tienda especializada en almohadas orientales. Metí el papelucho en uno de los bolsillos de la americana, pensando que el doctor estaba perdiendo el juicio. Regrese al trabajo, pero no había forma, no podía centrar mi atención. Saqué el paquete de cigarrillos de la americana y junto a él estaba la dirección de la famosa tienda. Pensé que tal vez el doctor estaba en lo correcto, nunca me había defraudado, es cierto que sus remedios estaban un poco fuera de lo convencional, pero siempre habían dado resultado. Así que dejé todo y me dirigí a la tienda.

Su aspecto no era el de una típica tienda donde se venden colchones y almohadas; más bien se parecía o tenía el aspecto de una de esas tiendas de las películas de fantasía, lúgubre, siniestra, de la que uno espera que aparezca el viejo maestro chino, con su peculiar acento falto de r. Pero tras el mostrador salió un tipo no menos peculiar, no más alto que el palo de una escoba,  de  mirada penetrante, de aspecto grotesco: su apariencia hubiera sido similar a la de un duende, si no fuese por la falta de orejas puntiagudas. Su voz, en cambio, era atrayente. Tras comentarle mi problema, se retiró a la trastienda y volvió al poco tiempo con una almohada entre sus pequeñas manos. Me dio una detallada explicación de las propiedades de esta almohada, de los exquisitos materiales utilizados en su elaboración. Su precio me pareció exorbitante, pero qué iba hacer, era por prescripción médica, si no funcionaba tal vez se la podía reclamar al doctor.

Una vez en casa, saqué unas cervezas, me tumbé en el sillón dispuesto a ver la televisión, quité su envoltorio a la almohada, y me recosté sobre ella. En poco tiempo quedé dormido. Al despertar, me encontraba eufórico, pensé que esto se debía a que había tomado demasiadas cervezas, pero éstas permanecían intactas. Me sentía lúcido, dispuesto a todo. Aproveché este estado para llegar temprano al trabajo. En poco tiempo despaché mucho del trabajo atrasado, pero, a las pocas horas, de nuevo me encontraba decaído, se me habían agotado las ideas geniales. De pronto recordé por qué momentos antes me encontraba dispuesto a todo, con mis plenas facultades mentales, se debía sin duda a ese pequeño sueño reparador. Así que cerré la puerta del despacho y traté en balde de conciliar el sueño. Me pregunté: ¿Sería acaso a la almohada a lo que le debía mi anterior estado de inspiración? No quedaba otra manera de comprobarlo, aproveché la hora del almuerzo para regresar a casa y coger la almohada. De regreso al despacho, pude comprobar el efecto que tenía la almohada sobre mi estado de ánimo, sobre mi lucidez mental. Desde entones, la he llevado conmigo a todas partes, ha estado presente en cada decisión importante de mi vida, en los negocios, en la compra de la casa, cuando le pedí matrimonio a G, incluso cuando decidimos tener nuestros hijos.

Han pasado muchos años y creo que ya es hora de que esta almohada, pase a ser el legado de uno de mis hijos. Pero… ¿A quién de ellos dejársela? Lo  mejor será consultarlo con la almohada.

César Socorro

20 junio 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario