Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

JAMLET

 AntonioVega_Jamlet

Beber o no beber, ésta es la cuestión. ¿Qué es preferible? ¿Abstenerse resistiendo heroicamente la monstruosa llamada de la sed? ¿O entregarse inermes y apurar copa tras copa, gota a gota, y dejarse llevar por las madrugadas con la complicidad de alegres compinches de taberna en taberna, dulcemente, hasta que despunte el sol de la mañana? Es esa una empresa deliciosamente esperada: beber, beber, beber, sin más, y, con un trago de meloso néctar, caer en la calma, flotar sobre la brisa, reír con el espíritu dichoso, acallando de golpe las voces de los dragones que nos atormentan, desdeñando los latigazos con que la sobria vigilia nos flagela, adormeciendo la tristeza de las penalidades que nos acechan. Beber, beber, beber hasta que nuestro cántaro esté lleno y nuestra alma saciada de euforia, deslizarnos agotados en un sueño de ambrosía. Pero ahí se esconde la desventura, pues tras yacer con las nínfulas de Baco, llegará sin remedio el despertar del dolor, más impetuoso, más feroz, más inmisericorde. Qué amargo será entonces el sabor a vómito de la caída y cuán dolorosa, como mil golpes de espada, será la conciencia de la derrota. Pero, ¿cómo, si no, soportar la estupidez de los hombres, la mediocridad de la existencia, la grisura abstemia de los días y de las noches? ¿Cómo, entonces, enfrentarnos a lo fútil de cualquier empresa, grande o pequeña, a la volubilidad de los sentimientos, a la soberbia indiferencia del universo, a la idea de la muerte inevitable? Tarea invencible: bebamos pues. Bebamos al despertar para apagar la amargura de la sobriedad biliosa, bebamos bajo las titilantes estrellas y también a la luz cegadora del mediodía y bajo el último calor del ocaso y en el frío del invierno y durante la resurrección de primavera, bebamos solos y acompañados, bebamos en la tranquilidad del hogar, en las barras atestadas de gritos y cantos y en los callejones y en las avenidas y en las plazas, bebamos en los nacimientos y en los funerales, en las bodas y en los divorcios, en las fiestas y en las ejecuciones… Bebamos hasta convertirnos en carne insensible y almas dormidas, bebamos hasta transformarnos en sombras que no teman la venida de la muerte.

Antonio Vega

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7 junio 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

4 comentarios »

  1. ¡Voy a servirme un ron ahora mismo, me cago en la puta (con perdón de los presentes)! Qué oda más cojonuda, Antonio. Bebamos.

    Comentario por Kepa Hernando | 8 junio 2009 | Responder

  2. Muy bien Antonio…y ya estando muerto, lo sentaron y le dieron de beber su último trago, yo señor inspector también brinde con él, y hasta lo vi sonreír.

    Comentario por Patricia Rojas | 9 junio 2009 | Responder

  3. Patricia, Kepa, gracias. A ver si un día les invito a unas copas jeje

    Comentario por Antonio Vega | 10 junio 2009 | Responder

  4. Muy convenientes estas palabras poeticas en tiempo acorde al de un “homonimo” que aparecio de improviso, pero que lingüisticamente luce mas letrado y erudito en terminos literarios y no inspiracionales… la literatura es muy extensa y quien tiene el buen habito de la lectura se nutre de pensamientos excelsos, pero lineas variantes en el diseño escrito.

    Comentario por Anton Veyg | 30 noviembre 2012 | Responder


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