Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

LAS VERDADES Y LOS ESPEJOS

Hoy he decidido no mirarme más en el espejo. Cuando me detengo frente a él, justo antes de lavarme la cara, cierro los ojos e imagino que es sólo un cuadro vulgar donde se reflejan los rostros de los otros, de esas tontas marionetas que todavía no han descubierto la verdad y sobreviven ajenas al dolor.

No he tenido que pagar al psicoanalista para aceptarlo, pero me da rabia no haberlo asumido desde el primer día en que la descubrí, mirándome con sorna, creyéndose inteligente, infalible. Pero, me prohíbo quejarme, debo soportarlo sin anestesia, cargar con la cruz de la certeza sin protestas, aguantar estoicamente.

Sin embargo, reconozco que ella me conoce muy bien y sabe que mis niveles de tolerancia son muy bajos. Por eso permite que la frustración me crezca como una planta trepadora, de esas que se enquistan desafiantes, se tuercen, te succionan los fluidos y finalmente te anulan la voluntad.

Ahora me concentro en el goce de la enredadera tragándose con deleite cada detalle de mis facciones, borrándoles hasta el más mínimo vestigio de vanidad. No volveré a caer en el jueguito de los espejos y la mascarilla facial disimulando las ojeras.

Dicen que la mirada es el espejo delante del cual se pavonea el alma. Pobre de la que me han asignado, ya no tiene dónde mirarse. Y no haré concesiones, quedan prohibidos los espejos. Además, podría asegurar que los dichosos artilugios son, más bien, los ojos que me espían,  me acosan y finalmente me delatan. Es más, acabo de romper a martillazos todos los espejos de la casa, aunque eso conlleve siete años de mala suerte por cada demonio derribado. Me da igual.

En definitiva, la suerte es como los gatos. Dicen que ellos cierran los ojos para no agradecer la comida que se les ofrece. Lo mismo me hace la suerte; aunque la mime, la acaricie y le ponga miel de abeja en la tostada, ella me sonríe sólo para quedar bien, y deja caer intencionalmente los párpados, evitando el compromiso. Felina al fin y al cabo, es salvaje y anarquista; o sea, que con el cuento de la completa libertad y el desmadre, me embauca y termina tomándome el pelo.

Me cansé también de la suerte, no la quiero, ni la buena ni la mala. La he metido en el mismo saco donde ahora se asfixian las verdades. Ah, y por si acaso y a modo profiláctico, también van ahí dentro los trocitos de espejo, no vaya a ser que a los gatos les dé por comérselos.

 

Belkys Rodriguez Blanco

Anuncios

7 junio 2009 - Posted by | Cuentos, General | ,

1 comentario »

  1. Magnífico, Belkys

    Comentario por Antonio Vega | 10 junio 2009 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: