Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Unos nacen con estrella

Hoy parece que el cielo está despejado. Por suerte o por desgracia, la tasa de natalidad es la más baja de los últimos años. La gente sigue diciendo que es lo normal, que es ley de vida, pero yo no consigo acostumbrarme. Hace poco me cayó uno al lado. Hacía un buen día, así que, a pesar de las advertencias, decidí darme una vuelta por el exterior. Cogí la moto y salí con ella al campo. Iba por un camino de tierra cuando, de pronto, una liebre se cruzó por delante de mí. Giré violentamente el manillar para esquivarla y, justo en ese momento, sentí cómo algo muy veloz y muy pesado pasaba junto a mí, casi rozándome, y se estrellaba  contra el suelo con un golpe seco y una especie de crujido sordo. Perdí el control de la moto y caí al suelo con ella. Al levantarme, miré hacia atrás y vi una masa rosada e informe a unos pocos metros de mí, desparramada sobre un charco de sangre. Me acerqué a ella, sobrecogido. Era un varón. Estaba destrozado, reventado por dentro. Os puedo asegurar que no es lo mismo verlo así que verlo en las noticias. Recuerdo que lo asocié a una naranja que alguien hubiese aplastado de un pisotón. Las tripas, los huesos rotos, toda esa sangre; fue espantoso. Intento consolarme pensando que ellos, aunque sólo sea durante unos breves instantes, ven el mundo de una manera que nosotros nunca veremos. Quiero pensar que no tienen miedo, que disfrutan de ese viaje breve y alucinante. Pero la expresión que vi en la cara de ese pobre desgraciado, al menos en lo que se distinguía de ella, transmitía pánico, terror absoluto. Me quedé observándolo durante un buen rato. Emanaba de él tal  sensación de, no sé cómo decirlo… de fragilidad, de vulnerabilidad que, por un momento, sentí el impulso de acariciarlo. No lo hice, claro. Llamé a los Servicios Municipales para que lo recogieran y me fui, viendo cómo ese saco sin vida se hacía más y más pequeño por el espejo retrovisor.

Realmente me pasó muy cerca. Si me hubiese caído encima ahora mismo yo estaría muerto. Al final, después de todo, va a resultar que aún conservo mi buena estrella.

Kepa Hernando

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7 junio 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

4 comentarios »

  1. Magnífico, Kepa, le he encontrado matices que no cogí la vez que lo leí en tu blog. Le eché un vistazo por encima e incluso me pareció divertido, pero ahora me parece a la vez cruel, absurdo y poético. Te has lucido: la mezcla está muy bien conseguida.

    Comentario por Antonio Vega | 8 junio 2009 | Responder

  2. Genial, me ha encantado. Es verdaderamente cruel, si, pero como le comentaba hoy a una compañerasu relato, si te angustia, si te hace reir, en fin, es que llega al lector.
    Y este, creo que lo hace. Enhorabuena.

    Comentario por FERNANDO MITOLO | 8 junio 2009 | Responder

  3. Pues no sé, yo no lo veo tan claro. No encontré el tono que me hubiera gustado. En cualquier caso, gracias por vuestros comentarios.

    Comentario por Kepa Hernando | 9 junio 2009 | Responder

  4. Pues es el precisamente ese “multi-tono” lo que más aprecio del relato. Creo que un tono solo hace un texto demasiado pobre, aunque haya un buen argumento y buenos personajes; tendería a ser “plano”. Esa mezcla tuya me parece muy bien lograda y una fructífera línea de trabajo. En serio.

    Comentario por Antonio Vega | 13 junio 2009 | Responder


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