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El regreso (Logo-Rallye)

llave dorada

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La larga caminata le tenía exhausto. Aunque vislumbraba en el horizonte los muros de la ciudad y sabía que en unas horas estaría protegido, aceleró el paso, pues era primavera, una época en que en cualquier momento, se podía desatar una tormenta.

 Antes de lo esperado, se encontraba en medio del bullicio de las puertas de la ciudad. El ir y venir de las carretas y el gentío agolpándose a los puestos de los mercaderes le hicieron olvidar por un momento cuál era el verdadero motivo que lo había traído a esta ciudad.

 La gente al pasar a su lado no podía evitar mirarle. Aunque era un joven de buena apariencia, las miradas iban dirigidas a su vestimenta. Sobre todo a ese extraño y gris escudo de armas que se encontraba bordado en su cota de malla. Él se había acostumbrado a las miradas de los curiosos y por ello prosiguió su paso.

Conocía muy bien esta ciudad. La había visto en sus sueños. Una y otra vez, había recorrido estas mismas calles, incluso sabía que si cerrase los ojos podría llegar a su destino. Pero no hizo falta, pues se encontraba frente a él.

La puerta de la casa, tenía un extraño picaporte con forma de serpiente; el mismo símbolo que aparecía gravado en su vestimenta. La puerta se encontraba entreabierta, así que no dudo en entrar. En el interior todo estaba oscuro, pero pudo distinguir una figura tratando de ocultarse tras las cortinas.

Conocía las palabras exactas que debía pronunciar, lo había visto en sus sueños.

—No tengas miedo, puedes salir. Soy Élther de Crianté. No tienes nada que temer —dijo.

 Al oír ese nombre, un tímido rostro apareció tras las cortinas. Se trataba de una muchacha de apenas quince años, de largos cabellos y ojos de un azul intenso, que le resultaban familiares.

—¿Por qué irrumpes así en mi casa? Estás muy lejos de tu hogar, Élther de Crianté. —dijo la joven con voz autoritaria.

—¿Conoces mi hogar?

—Nuestro hogar, Élther —dijo sonriendo.

El joven Élther enmudeció por unos instantes. Luego exclamó:

—Entonces… ¿eres tú la portadora? ¿Tienes tú la llave dorada?

La joven asintió con su cabeza. Luego retiró de su cuello una cadena, en la que colgaba una brillante llave dorada y se la entrego a Élther, quien, tras observarla con gesto de satisfacción, se la colgó sobre su pecho.

En ese momento,  el símbolo con forma de serpiente que portaba su ropa cambió de color. Un rojo ardiente. Creyó ver como todo a su alrededor giraba, por un momento pensó que se iba a desmayar. Pero entonces, detrás de él sonó la voz de la joven, diciéndole:

—Ahora volverás a casa, Élther. Dale un beso a nuestro padre.

Élther se volvió bruscamente, pero ya era tarde, una claridad lo envolvió todo. Entonces supo que nunca más la volvería a ver, lo mismo que sabía que gracias a ella por fin regresaba a casa.

 César Socorro

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21 junio 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

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