Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

EL LIBRO DEL MAGO

En un lejano pueblo de montaña vivía un maestro feliz. A los chicos de su escuela les gustaba acercarse a él para contarle secretillos. El maestro escuchaba siempre con sumo interés: se inclinaba amablemente hacia el pequeño mensajero y cerraba los ojos, para oírle mejor.

Esta sencilla ceremonia -corazón a corazón- se repetía una y otra vez. Y no había niño en el pueblo que no sintiera ganas de hablar, de jugar y brincar.

-¿Cómo lo consigue, maestro? ¿Cuál es su secreto? -le preguntaban los padres agradecidos.

-Un mago me regaló su libro, sin duda es cosa de magia -les decía sonriendo.

Un día, Daniel llegó a la escuela muy alborotado:

-¡He perdido mi ardilla! -interrumpió sollozando.

-Pero, Daniel, si las ardillas no se pierden porque no son nuestras; viven libres en el bosque -intentó razonar el maestro.

-¡Ay, no, no! ¡Piña es mi amiga! Ella come los piñones que le dejo junto al arroyo. ¡Pero hace ya tres días que no viene, y tengo miedo de que el lobo se la haya comido! -explicó Daniel, descubriendo así su secreto a todos sin darse cuenta.

-En ese caso… ¡la lección ha terminado! ¡Nos vamos de excursión! -resolvió el maestro.

Los amigos de Daniel pasaron toda la tarde dando voces por el bosque. “¡Piii  ña! ¡Piii  Piii  Piii  ña!”, gritaban. Tan pronto creían ver a la ardilla sobre la rama pelada de un árbol, como escondida tras un ancho tronco. Por todas partes la veían y al momento desaparecía. La noche, al fin, oscureció toda esperanza de encontrar al animalito. 

En el camino de vuelta, el maestro le pidió a Daniel que no se acostara sin antes haber escrito en un cuaderno todo cuanto recordaba de su mascota. Le aseguró que si lo hacía Piña no podría desaparecer. Volvería junto a él.

El niño estuvo escribiendo hasta muy tarde y agotado se metió en la cama. Aquella noche soñó que su ardilla entraba por la ventana y se sentaba encima de su cuaderno. Juguetona, le miraba y mordisqueaba el lápiz con el que la había dibujado. Sintió que subía a su almohada y le acariciaba con su cola. Nunca antes se había acercado tanto a él.

A la mañana siguiente Daniel se despertó feliz. El maestro tenía razón, Piña no se había perdido.

Miryam Gallo Martínez

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La traición de Meceo

Hace muchísimos años, tal vez siglos, hubo una hermosa princesa que vivía felizmente con su príncipe. Rosmunda era su nombre y el valiente caballero con el que estaba prometida era Meceo. El pueblo en el que vivían había sido un sitio idílico para ellos, hasta que hacía unos años, una terrible maldición se cernió sobre ellos. Una maldición que los tenía condenados a una eterna podredumbre: los negocios ya no eran prósperos y los días ya no eran soleados, todos andaban tristes e infelices. Nadie sabía quién había sido el culpable pero todos sospecharon del mensajero del pueblo: él llevaba las misivas, él entregaba las cartas, él se enteraba de todo. Por ello, lo desterraron, llevándose únicamente la vieja bolsa donde metía las cartas. Y allí residía hasta el momento, solo en el bosque.

Un buen día, la princesa, que era muy bella y orgullosa, aunque más orgullosa que bella, mandó al príncipe a buscar al viejo cartero. Le creía culpable por todas aquellas penurias y sospechaba de la misteriosa bolsa.

-Allí debe de tener algo escondido -le había dicho la princesa a su amado príncipe-. Tal vez la solución a nuestros problemas… ¡un contrahechizo!

-Es demasiado listo como para tener un contrahechizo a su propio hechizo -respondió el príncipe.

La princesa enfureció de tal manera que tiró toda la comida al suelo.

-¡Déjate de fanfarronear y de llevarme la contraria! ¡Soy tu princesa y vas a ir al bosque para quitarle esa bolsa al viejo! Y bajo ningún concepto quiero verlo por aquí. ¡Sólo trae de vuelta ese maldito bolso!

El príncipe, ante la furia de la princesa, le respondió que sí. Por muy asustado que estuviera, temía más el enfado de su prometida que al viejo.

A la mañana siguiente, Meceo se adentró con su guardia personal en el bosque. El príncipe galopaba intentado disimular su miedo a medida que avanzaban. Después de largo rato, se oyó un ruido tras los arbustos y todos dieron un respingo. Los caballeros cubrieron de inmediato al príncipe y apuntaron todos con las armas hacia los arbustos, que se movían cada vez más.

-¿Viejo? -preguntó uno. Nadie respondió-. ¡Viejo! ¿Eres tú?

Lo primero que asomó fue una delgada pierna, seguida del resto del cuerpo del anciano.

-Soy yo, bajad las armas.

El príncipe ordenó que así lo hicieran y el viejo salió completamente de los arbustos. Llevaba aún la bolsa.

-¿Para qué habéis venido? -preguntó el viejo. El príncipe bajó de su caballo.

-He venido porque quiero confiscarte tu bolsa… -el príncipe carraspeó-. A petición de la princesa.

El viejo, que era inteligente y había aprendido a fijarse en todos los detalles, le hizo una proposición al príncipe:

-Nunca me ha caído bien esa princesa, pero vos siempre me habéis defendido, así que te diré lo que hay en esta bolsa, y será tuyo, si me llevas al reino y me permites vivir de nuevo allí.

El príncipe, repentinamente atraído hacia la bolsa, desesperado por saber lo que contenía, accedió a la proposición del viejo cartero. Así, haciendo caso omiso de las peticiones de su princesa, partió hacia el reino con él.

A su llegada, el príncipe se reunió con a solas el viejo, que le advirtió:

-Promete que sea lo que sea que encuentres en el bolso, me dejarás vivir aquí hasta que me muera.

El príncipe asintió desesperado.

-Tienes mi palabra.

 El viejo le dio la bolsa. Pero, justo en ese momento, irrumpió en la salita la princesa, cómo no, enfurecida.

-¿Cómo te atreves a traicionar mi petición? ¡Estás loco! Te has buscado tu perdición.

Pero Meceo, absorto por su deseo de saber qué había allí, abrió el saco apresurado y miró dentro. Metió la mano y no encontró más que cenizas.

-Pero… ¿qué es esto?

La princesa se acercó, curiosa, y también metió la mano. Los dos miraron al viejo, que sonreía.

-¡A eso es a lo que verás reducido tu mundo si sigues siendo desleal a tus promesas! Esto es lo que le pasa a tu mundo cuando eres egoísta, que se convierte en cenizas. El saco no es más que eso, un saco, pero te enseña en lo que te puedes convertir o en lo que ya te has convertido. Te advierte… Te veo triste, Meceo. ¿No era eso lo que esperabas encontrar?

Pero Meceo ya no escuchaba, ya no hacía caso a nada. Siempre había sido fiel a su princesa, y por una vez que rompía su palabra y seguía a su deseo, éste le hacía la peor de las jugadas. Y así fue como  la princesa y el príncipe abandonaron su lugar en la corte y marcharon hacia el bosque, sumidos en una profunda tristeza. Desde entonces, no hay ninguna maldición y el pueblo vive en paz. Porque, bien es sabido que las ansias de poder y la traición no han traído nunca nada bueno.

Cristina Velázquez López

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La niña y la gaviota

Érase una vez una niña solitaria que todos los días iba a la playa a contar su tristeza a las gaviotas.

Una de ellas se apiadó de la niña y se le acercó hablándole así:

-Niña de ojos tristes, ¿qué te pasa?

La niña le contestó:

-No tengo amigos y me siento sola.

La gaviota se sonrió y dijo:

-Eso es muy fácil de solucionar. Toma esta piedra, guárdala, y cuando te acerques y hables con un niño, se hará tu amigo.

Así lo hizo la niña, y a partir de entonces comenzó a tener muchos amigos.

Pero un buen día perdió la piedra y temerosa fue a pedir ayuda a la gaviota.

Llorando se acercó y le dijo:

-¡He perdido la piedra mágica y ya no tendré amigos!

La gaviota, sonriendo, mientras desde la orilla de la playa se oían los gritos de los niños que la llamaban para jugar, le dijo:

-¿Y quién te dijo que esa piedra era mágica?

De repente, la niña comprendió y se sonrió, y dándole un beso le dijo:

-¡Muchas gracias, amiga gaviota!

Milagrosa Rodríguez Santiago

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La princesa Rubí

Érase una vez un reino muy lejano donde vivía una princesa muy rubia y muy bella. Siempre iba vestida con hermosos trajes de color rojo, y por eso era conocida en todo el reino como la princesa Rubí.

Su padre, el rey, la consideraba una auténtica joya, y la hacía dormir en un cofre de cristal junto al resto de las joyas del palacio, por temor a que la raptasen durante la noche.

El príncipe de un reino enemigo, que estaba locamente enamorado de ella, iba a verla todas las noches, amparándose en la oscuridad. Su esperanza era poder declararle su amor, pero ella siempre estaba dormida y a buen recaudo en su cofre joyero.

Desde fuera se la veía hermosa y radiante. El príncipe le daba besitos en el cristal y se desconsolaba porque no podía ni besarla en los labios ni estar abrazado a ella.

Desesperado, pidió consejo a una hechicera, y esta le dijo que lo convertiría en una gargantilla con un gran diamante, que se las apañaría para que lo metieran en el cofre, y así, al menos, podría estar siempre junto a ella mientras dormía y, tal vez, en alguna ocasión, colgado de su cuello.

El príncipe nunca logró confesarle su amor ni ella supo nunca de su existencia; pero se cuenta que cuando la princesita llevaba puesta la gargantilla y el diamante le caía del lado del corazón, era la joya que más brillaba.

Juan Carlos González

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La rana y el gallo

Érase una vez una granja. La vida allí era muy tranquila, hasta que un buen día llegó una rana. El que llevaba la voz cantante en la granja era el gallo Perico, a quien no le hizo mucha gracia que apareciese por allí un bicho tan pequeño y feo, que era fiel  representante de embrujos y hechizos.

 Todos los animales estaban descontentos.  Lo que no sabían era que la rana tenía un secreto. Ella poseía una piedra que, al frotarla, convertía a cualquier persona o animal en estatua de piedra. Pero no dijo nada hasta ver si era aceptada por sus nuevos amigos. A la mañana siguiente el gallo Perico salió a dar un paseo y se encontró con la rana, que estaba muy a gustito dándose un baño en la charca.  Perico le preguntó:

-¿Que haces, ranita?

-Me doy un chapuzón -respondió ella sin mirarlo.

Entonces el gallo pensó: “No me gusta nada este bicho. Tengo que deshacerme de ella, así no dará más lata”. El gallo ideó la manera de engañarla y llevarla a su terreno sin problemas. Ella, que no era nada tonta, se dio cuenta de que algo no iba bien. Perico la invitó a dar un paseo, a lo que  la ranita dijo que sí. Cuando se habían alejado lo suficiente de la granja,  Perico le dijo  a la ranita que estaba algo cansado,  que se tumbaría panza arriba a descansar un ratito.

Pasados unos minutos, el gallo le dijo a la pequeña ranita;

-Oye, ranita, hace días que tengo una púa clavada en la cresta. ¿Me ayudarías a quitármela?  Yo no la veo desde aquí.

La rana asintió con la cabeza y de un salto se subió a la panza del gallo  hasta llegar cerca de la cresta. En ese momento, Perico aprovechó para atraparla y meterla en una bolsa que había escondido bajo sus plumas. La rana, desde dentro de la bolsa le gritaba al gallo que porque la había metido allí, si ella no había hecho nada.

-¡Déjame salir por favor, gallo! Prometo irme lejos y no regresar jamás.

Pero el gallo no prestó atención a las súplicas de la pequeña rana, y prosiguió el camino.

Perico se dirigió al río que estaba más retirado de la granja. Una vez allí, ató una piedra grande a la bolsa y la dejó caer al agua. La bolsa se hundió en cuestión de segundos por el peso de la piedra.

La rana luchó con todas sus fuerzas tratando de escapar de su cruel destino, cuando ya había perdido toda esperanza de salir con vida de aquella pesadilla, notó cómo algo fuera de la bolsa tiraba con fuerza hacia arriba: era la caña de un pescador que casualmente ese día había salido a pescar al río. La rana respiró profundamente, sintiendo un gran alivio.

Cuando el pescador sacó la bolsa con la piedra enganchada en la caña, se sorprendió mucho. Era la primera vez que le sucedía algo así, estaba muy acostumbrado a tener suerte con la pesca… Abrió la bolsa y, se llevó una gran sorpresa al ver a la rana que lo miraba con gesto de agradecimiento. La pequeña rana dio un salto y se zambullo en el río.

 La rana regresó a la granja donde estaba el gallo, esperó hasta que cayera la noche y, sin ser vista por el resto de los animales, se acercó al lugar donde dormía el gallo, sacó la piedra mágica y la frotó al mismo tiempo que repetía las palabras mágicas “Piedra, piedrita, te froto una vez y dos, y al gallo en fuente de piedra convierto yo”. Inmediatamente el gallo quedó petrificado y convertido en una bonita fuente de piedra, donde las ranas del lugar venían  a darse un chapuzón de vez en cuando. Y, colorín colorado, este cuento se ha… petrificado.

Angelines López Álvarez

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La rosquilla

Había una vez un rey que vivía en una comarca llamada Pitusa, situada en un valle entre montañas de difícil acceso, por eso no recibían a muchos foráneos.

En Pitusa vivían 61 personas, incluidos los reyes, su hijo y la guardia real.

Tenían un pequeño río, con abundante pesca, una plaza central donde se reunían los del pueblo, una iglesia, un castillo y, en torno al castillo, un conjunto  de casitas de diversos colores para sus habitantes.

A los pitusianos nunca les faltaba de nada. Eran muy felices y no se sentían amenazados por nada ni por nadie. El motivo era que el rey tenía un pequeño secreto: en el jardín del castillo había un enorme árbol que daba unos frutos a los que llamaba “rosquillas”. Un día había descubierto que en el corazón de la fruta habían unos polvos que, al ser inhalados, producían sueño, y hasta que no se pronunciara la palabra “rosquilla” no volvías a despertar.

El Rey utilizaba este fruto para proteger a sus ciudadanos de los feroces chapulis. Estos terribles monstruos con feroz apariencia de animal deforme vivían en las montañas y se alimentaban de personas en movimiento. Cuando tenían hambre, bajaban a la comarca de Pitusa buscando a quien comerse. La guardia real los mantenía a raya: cuando los oía bajar ruidosamente de las montañas, avisaban al Rey y este cogía un fruto de la rosquilla y subía corriendo a la torre, lo abría con cuidado y soplaba. Inmediatamente, todos los habitantes se quedaban dormidos. Él se encerraba en su habitación y se hacía el dormido para que no se lo comieran. Cuando pasaba el peligro, volvía a lo alto de la torre y gritaba con fuerza “rosquillaaaaaaa”, y todos despertaban sin saber lo ocurrido.

Un buen día, los soldados avisaron al rey de que se acercaban los chapulis. El rey subió a la torre con la fruta y, cuando estaba soplando, vino un golpe de viento en contra y se quedó dormido también.

Pasaron los años y todos los habitantes de Pitusa, incluido el rey, seguían durmiendo, lo que produjo un importante deterioro en el pueblo, las casas se decoloraron y los huertos quedaron abandonados  hasta que apareció en el pueblo un trovador que venía de tierras lejanas. Al llegar, le sorprendió el abandono del pueblo. Se acercó al castillo y no encontró a nadie. Al salir por el jardín vio un enorme árbol cargado de frutos y dijo en voz alta.

-¡Qué rico: un árbol lleno de rosquillas!

Al pronunciar esta palabra todos los habitantes se despertaron. El rey le explicó al trovador lo ocurrido y entre todos los pitusianos devolvieron al pueblo su belleza original y fueron muy felices.

Alicia Rodríguez Verona

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 2 comentarios

La búsqueda

A José Manuel le sorprendió el amanecer cuando aún permanecía acostado sobre la hierba fresca. Mientras descansaba de su largo camino, recordó que, siendo adolescente,  ponía cualquier excusa para no acompañar a sus padres a las excursiones al campo.  El joven peregrino se dirigía hacia las lejanas tierras de Sibanicú en busca de un sabio, con la esperanza que le dijera dónde encontrar lo que buscaba. Se incorporó y continuó andando; quería llegar lo antes posible donde vivía el anciano. Finalmente llegó hasta aquel lugar remoto. El sabio le vio venir. Le esperaba en la puerta.

Luego del preámbulo del saludo, le preguntó: 

-¿Qué  buscas?

-Busco el sosiego –le respondió el forastero.      

-No busques más fuera -sentenció el sabio-. Lo que buscas está dentro de ti.

Lourdes Rojas

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

La caja de los sueños

En un país lejano, muy lejano, en las afueras del mundo, cuentan que vivía Egolio, que además era el gobernante de aquel hermoso lugar. En cualquier rincón había una fuente preciosa, bordeada de un césped muy verde y aterciopelado. El agua que brotaba de su interior era la más transparente y cristalina que jamás se haya visto y al caer surgía de ella una melodía que se quedaba suspendida en el aire para el deleite de los habitantes. En los parques nacían las flores más bellas que jamás hayan existido, con colores que no se habían inventado aún. El aire olía a hierbabuena y a romero y a lavanda, entre otros aromas que iban emanando a medida que alguien los soñaba. El cielo vestía un azul diferente cada día, pero cada uno más vistoso y brillante que el anterior.

La razón de que todo fuera extraordinario en aquel lugar era que allí, en el mismo corazón del país, estaba la caja de los sueños, en lo alto de un pedestal de mármol, presidiendo la vida de todos sus habitantes. Y, colgando de una rama de oro, que le había brotado al árbol más cercano al pedestal, estaba la llave. Cuando las personas dejaban de soñar se iban hasta el centro del país, cogían la llave que colgaba de la ramita de oro, abrían la caja y, aspirando fuertemente, se llenaban de sueños. Otra vez volvían a plantar algo que no existía, a pintar con colores recién inventados, a escribir los cuentos que jamás se habían contado. Así fue hasta que un día Egolio, que se sentía muy orgulloso de ser el gobernante del país más bonito del mundo, pensó que si se quedaba con la cajita de los sueños no sólo sería el gobernante del país más bello del mundo, sino que sería el amo de todos los sueños. Aquello sonaba muy bien, sería más importante aún y más envidiado.

Una noche, cuando todos los habitantes dormían, se acercó al pedestal y cogió la cajita de los sueños. Pero, cuando intentó coger la llave, el sereno apareció silbando una melodía fresquita, recién estrenada. Egolio salió corriendo a esconderse detrás de un banco del parque y no pudo acercarse a la llave porque el sereno, al echar en falta la cajita, ya no se movió del lugar para cuidar de que, al menos, nadie pudiera llevarse la llave. Desde entonces, todos los habitantes se van turnando para custodiar la llave que abre la caja de los sueños y Egolio vive con su cajita, tristemente, en un país al que se le secaron las fuentes, se le apagaron los colores, y también los sonidos. La llave aún resplandece colgando de su rama, esperando que un día alguien le devuelva su caja para liberar los sueños.

Pepa Marrero

26 octubre 2009 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Una buena noticia

Pues eso: para una vez que hay una buena nueva, no pienso perderme la oportunidad de difundirla. Antonio Vega, tallerista de la primera edición de Factoría de Ficciones, ha obtenido un premio en el Certámen de Cuento Corto (valga la redundancia) de Valladolid, con el cuento Café y cigarrillos. Aquí les dejo el enlace de la noticia: http://www.europapress.es/cultura/noticia-canarias-antonio-vega-gana-xxix-certamen-cuento-corto-valladolid-obra-cafe-cigarrillos-20091003182922.html.

Augusto Monterroso decía que todos los buenos escritores tienden a ser bajitos, con la sola excepción de Julio Cortázar (quizá no había leído a Orwell). En todo caso, los canarios estamos preparando nuestra propia excepción para los años venideros, porque Vega no es pequeño, ni en estatura ni en creatividad. Desde aquí le envío mi enhorabuena.

23 octubre 2009 Posted by | General, Noticias y comunicados | 3 comentarios

Segunda edición de Factoría de Ficciones

Tras el éxito de su primera edición, entre marzo y junio de este año (cuyos resultados serán publicados en breve en un volumen colectivo), el martes, 13 de octubre, a las 18:30, en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas, dará comienzo la segunda edición de Factoría de Ficciones. Es una actividad destinada a adultos con inquietudes literarias e interés por el relato breve. Se propone como un acercamiento teórico-práctico al género, a través del análisis de las técnicas de algunos maestros eminentes y su aplicación a la propia producción de los participantes.

A lo largo de las trece semanas de duración del taller, se abordarán, entre otros asuntos, el paso del cuento tradicional al cuento literario, el punto de vista narrativo, el diálogo, el tratamiento temporal, las técnicas de asociación libre o la orientación hacia la minificción, mediante textos de autores consagrados, como Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola y Ambrose Bierce, y prestando especial atención al relato fantástico.

Por otra parte, se prevé el seguimiento digital de las creaciones elaboradas por los participantes, y su publicación en en este blog.

Las sesiones tendrán lugar los martes, en horario de 18:30 a 20:30 y la inscripción es de carácter gratuito, aunque el número de plazas es limitado. Los interesados podrán solicitar información y matrícula en la Biblioteca del Estado en Las Palmas, calle Muelle de Las Palmas s/n, así como en los teléfonos 928 432343  y 928 431019 y el correo electrónico bibliolp.cultura@gobiernodecanarias.org.

5 octubre 2009 Posted by | Noticias y comunicados | 1 comentario