Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La caja de los sueños

En un país lejano, muy lejano, en las afueras del mundo, cuentan que vivía Egolio, que además era el gobernante de aquel hermoso lugar. En cualquier rincón había una fuente preciosa, bordeada de un césped muy verde y aterciopelado. El agua que brotaba de su interior era la más transparente y cristalina que jamás se haya visto y al caer surgía de ella una melodía que se quedaba suspendida en el aire para el deleite de los habitantes. En los parques nacían las flores más bellas que jamás hayan existido, con colores que no se habían inventado aún. El aire olía a hierbabuena y a romero y a lavanda, entre otros aromas que iban emanando a medida que alguien los soñaba. El cielo vestía un azul diferente cada día, pero cada uno más vistoso y brillante que el anterior.

La razón de que todo fuera extraordinario en aquel lugar era que allí, en el mismo corazón del país, estaba la caja de los sueños, en lo alto de un pedestal de mármol, presidiendo la vida de todos sus habitantes. Y, colgando de una rama de oro, que le había brotado al árbol más cercano al pedestal, estaba la llave. Cuando las personas dejaban de soñar se iban hasta el centro del país, cogían la llave que colgaba de la ramita de oro, abrían la caja y, aspirando fuertemente, se llenaban de sueños. Otra vez volvían a plantar algo que no existía, a pintar con colores recién inventados, a escribir los cuentos que jamás se habían contado. Así fue hasta que un día Egolio, que se sentía muy orgulloso de ser el gobernante del país más bonito del mundo, pensó que si se quedaba con la cajita de los sueños no sólo sería el gobernante del país más bello del mundo, sino que sería el amo de todos los sueños. Aquello sonaba muy bien, sería más importante aún y más envidiado.

Una noche, cuando todos los habitantes dormían, se acercó al pedestal y cogió la cajita de los sueños. Pero, cuando intentó coger la llave, el sereno apareció silbando una melodía fresquita, recién estrenada. Egolio salió corriendo a esconderse detrás de un banco del parque y no pudo acercarse a la llave porque el sereno, al echar en falta la cajita, ya no se movió del lugar para cuidar de que, al menos, nadie pudiera llevarse la llave. Desde entonces, todos los habitantes se van turnando para custodiar la llave que abre la caja de los sueños y Egolio vive con su cajita, tristemente, en un país al que se le secaron las fuentes, se le apagaron los colores, y también los sonidos. La llave aún resplandece colgando de su rama, esperando que un día alguien le devuelva su caja para liberar los sueños.

Pepa Marrero

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26 octubre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

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