Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La rosquilla

Había una vez un rey que vivía en una comarca llamada Pitusa, situada en un valle entre montañas de difícil acceso, por eso no recibían a muchos foráneos.

En Pitusa vivían 61 personas, incluidos los reyes, su hijo y la guardia real.

Tenían un pequeño río, con abundante pesca, una plaza central donde se reunían los del pueblo, una iglesia, un castillo y, en torno al castillo, un conjunto  de casitas de diversos colores para sus habitantes.

A los pitusianos nunca les faltaba de nada. Eran muy felices y no se sentían amenazados por nada ni por nadie. El motivo era que el rey tenía un pequeño secreto: en el jardín del castillo había un enorme árbol que daba unos frutos a los que llamaba “rosquillas”. Un día había descubierto que en el corazón de la fruta habían unos polvos que, al ser inhalados, producían sueño, y hasta que no se pronunciara la palabra “rosquilla” no volvías a despertar.

El Rey utilizaba este fruto para proteger a sus ciudadanos de los feroces chapulis. Estos terribles monstruos con feroz apariencia de animal deforme vivían en las montañas y se alimentaban de personas en movimiento. Cuando tenían hambre, bajaban a la comarca de Pitusa buscando a quien comerse. La guardia real los mantenía a raya: cuando los oía bajar ruidosamente de las montañas, avisaban al Rey y este cogía un fruto de la rosquilla y subía corriendo a la torre, lo abría con cuidado y soplaba. Inmediatamente, todos los habitantes se quedaban dormidos. Él se encerraba en su habitación y se hacía el dormido para que no se lo comieran. Cuando pasaba el peligro, volvía a lo alto de la torre y gritaba con fuerza “rosquillaaaaaaa”, y todos despertaban sin saber lo ocurrido.

Un buen día, los soldados avisaron al rey de que se acercaban los chapulis. El rey subió a la torre con la fruta y, cuando estaba soplando, vino un golpe de viento en contra y se quedó dormido también.

Pasaron los años y todos los habitantes de Pitusa, incluido el rey, seguían durmiendo, lo que produjo un importante deterioro en el pueblo, las casas se decoloraron y los huertos quedaron abandonados  hasta que apareció en el pueblo un trovador que venía de tierras lejanas. Al llegar, le sorprendió el abandono del pueblo. Se acercó al castillo y no encontró a nadie. Al salir por el jardín vio un enorme árbol cargado de frutos y dijo en voz alta.

-¡Qué rico: un árbol lleno de rosquillas!

Al pronunciar esta palabra todos los habitantes se despertaron. El rey le explicó al trovador lo ocurrido y entre todos los pitusianos devolvieron al pueblo su belleza original y fueron muy felices.

Alicia Rodríguez Verona

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26 octubre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

2 comentarios »

  1. Me ha gustado mucho, demuestra ingenio, al mismo tiempo que reminiscencias de cuento tradicional.
    Si el rey fuese presidente de gobierno socialista, los chapulis banqueros y el soplo de viento la crisis económica, solo nos faltaría ponerle nombre al trovador para convertir el cuento en crónica actual.

    Comentario por Miguel | 27 octubre 2009 | Responder

  2. Y, por ende, plantear la posibilidad de “soplarles polvo” a unos cuantos de la hostil oposición, prohibiendo así mismo la mención de dicho fruto (tan asimpsonado) por siempre jamás.

    Comentario por Cristina | 6 noviembre 2009 | Responder


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