Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Con un poco de mala suerte

Creyeron que podrían simplemente evitarme, pero se equivocaron. Cada exclusión me hacía hervir la sangre, y aquella fue la última. Pero algo en mi maravillosa venganza no salió del todo bien. Lo que hacemos siempre vuelve a nosotros.

En un día normal, yo estaba en el bosque atormentando a un iluso cervatillo. Justo en ese momento, escuché un murmullo de voces estridentes comentando lo que regalarían a la princesa Aurora en su bautizo. ¡A eso se debía tanto alboroto! ¡Las hadas llevaban semanas como locas! Si no deseaban que yo diese mi bendición a la princesita, entonces lo haría, le regalaría algo inolvidable.

Todo iba saliendo maravillosamente hasta que la entrometida Hada de las Lilas metió la varita en el asunto. La princesa Aurora no moriría. Prohibiendo los husos, el Rey pensó que había tomado una decisión adecuada. Pero, claramente, no fue muy efectiva: la curiosa princesita hizo realidad mi maldición y desde entonces el reino duerme.

He de confesar que observarlos, regodeándome en mi éxito, se ha vuelto mi mejor pasatiempo. De hecho, en estos momentos estoy agradeciendo al Hada de las Lilas que no me dejara matarla. ¡Cuán aburrida estaría ahora si no! Se percibe el eco de una pisada, alguien está subiendo la escalera principal. Estoy segurísima de que el Hada le ha ido con el cuento a un príncipe para despertar al palacio de su sopor. Ahí llega, tal y como imaginaba, un príncipe repulsivamente adornado, como revestido de espejos. Avanza hasta los níveos pies de la princesita curiosa. Son tal para cual, ¡una pareja repugnante! Tal vez con un poco de mi ayuda estén juntos para siempre…

Concentrándome en mi magia y en el poder adquirido en los últimos cien años, extiendo mis brazos y de las puntas de mis dedos fluyen miles de rayos plateados que se encuentran con el cuerpo del caballero andante. Pero por alguna extraña razón sigue despierto. ¿Qué ocurre? Alzo la mirada y me topo con mis somníferas lágrimas de luna, que atraviesan mi cuerpo mientras el sueño embota mi cerebro.

Esther Fernández Guerra

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2 noviembre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

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