Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El príncipe feo

En un lugar muy remoto vivía un rey con sus hijos, pero la pena lo embargaba porque éstos no podrían gobernar: su hijo mayor era sordo (no oiría a sus súbditos), el segundo era mudo (no podría hablar con ellos), el tercero nació muy feo (no habría princesa que lo quisiera).

Pensaba que la reina era la culpable de sus desgracias y, cuando nació el tercero, ordenó que la expulsaran de palacio.

Pasando el tiempo el pequeño príncipe era cada vez más feo; su padre no le dejaba salir de palacio.

Un día, mientras jugaba, vio una puerta que nunca había visto, la abrió y salió. Andando, andando, llegó a un claro del bosque donde había un hermoso lago. Cansado de tanto andar se sentó en la orilla y, al mirarse en las aguas, se asustó y, creyendo que era un monstruo, se levantó y corrió desesperado.

Tanto corrió que cayó rendido y se quedó dormido.

Cuando despertó, a su lado había una viejecita harapienta que le miraba sonriente.

Él se sorprendió de que no se asustara como los demás y, llorando, le dijo quién era.

La mujer sacó de su delantal un frasquito y un trocito de cristal, se los dio y le dijo:

-Le dais esto a vuestro padre y le decís que durante cinco noches te haga un pequeño corte en el rostro y la sangre que salga de la herida la guarde en este frasco. Pero sólo lo tiene que hacer él, nadie más.

Cuando el príncipe le contó al Rey lo que tenía que hacerle, éste, al principio, se negó, pues no deseaba hacerle daño; pero tanto insistió el príncipe que el rey acabó cediento y, cada noche, le hacía un corte en un lugar distinto de la cara, lo que el muchacho soportaba estoicamente, mientras que era su padre quien lloraba.

A la mañana siguiente de la quinta noche, el Rey fue a ver a su hijo y no daba crédito a lo que veía, era el joven más guapo que nunca había visto y, en su corazón, le recordaba a alguien, pero no sabía a quién.

Ordenó que buscaran a la mujer que había visto su hijo y que la trajeran a Palacio. Cuando la tuvo ante sí, no podía creerlo: ¡Era su esposa!

De esta manera, la Reina castigó a su esposo por haber sido cruel e injusto con ella, devolviendo bien por mal.

Y aquel reino fue muy feliz, pues el príncipe se casó con una bella princesa y tuvieron muchos hijos.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

DOLORES MARTIN FERRERA

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16 noviembre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

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