Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La Taxista

Salí de casa temprano. Al poner ambos pies en la calle imaginé que descorría las cortinas del cielo nocturno y saludé a la mañana: “¡Buenos días, Sol! Adoro tus rayos: su luz blanca y fresca a estas horas tan claras del principio del día”. “Bienvenido seas, domingo. Te estaba esperando para pasear a solas contigo; para contemplar el reposo de las cosas”.

  Luego me despedí de las calles a mis anchas; de los árboles otoñales y de los pequeños músicos que aún los habitan: mis adorables vecinos cantores. “Si yo supiera trinar -les dije- sabríais cuánto os voy a echar de menos”.

  Había planeado trasladarme en autobús hasta el aeropuerto: plácidamente sentada en un asiento único, divagando durante el largo trayecto que cruza la ciudad de punta a punta. Sin embargo, el 74 empezó a retrasarse. Adiós al etéreo tour primorosamente anticipado. “Seguramente el conductor también celebra los días de fiesta -dije para mis adentros-, quizás haya empezado los festejos cantando bajo la ducha”.

  Al fin levanté la mano y avisé a un taxi. No contaba con compartir un espacio tan reducido. Entrar en una órbita ajena suponía arriesgarme a tener que renunciar a mis sueños. Últimamente me ha dado por hablar sola; he descubierto que oigo mi voz. Me gusta oírla. Es una voz propia que me permite viajar y no echar de menos un acompañante; hablar con las nubes, si se da el caso; estar viva.

  -Buenos días.

  -Buenas. Al aeropuerto, por favor. Preferiría no ir por los túneles, a estas horas se circula bien.

  -¿Es usted del barrio? No recuerdo haberla visto.

  -Los del barrio son mis hijos. Están en la universidad. Yo vivo un poco lejos, en una isla: Las Palmas. Pero usted sí que es de aquí…

  -Siempre he vivido en El Guinardó. Aquí viven mi madre y algunas amigas del colegio. En tiempos lejanos, ¿sabe?, El Guinardó fue un bosque, el de Roque Guinart, el Robin Hood amigo de Don Quijote que le llevó hasta la playa de Barcelona. Y al bosque le creció un pueblo, y al pueblo se lo tragó la ciudad.

  Además de llevar el taxi impecable y de ir bien arreglada, la taxista era simpática y sabía contar historias. Enseguida cambié de opinión y me alegré de haber subido al taxi.

  -Bonita historia: ¡de bosque a jungla de asfalto! Un final terrible.

  -Mi historia también es peliaguda. Yo no he leído el Quijote, lo del bandolero me lo contó mi ex marido. Me quería mucho, le gustaba contarnos historias al niño y a mí. Lo cierto es que nos casamos muy jóvenes, igual no  habíamos terminado de crecer. Al año nació el chaval. Por él soy taxista, quiero dejarle algo.

  -Es una idea excelente, a ver si lo cuida igual que tú, ¿qué ambientador le pones?

  -Es uno de limón. No pude con los celos. No podía soportar que cogiera al niño, peor era que le diera un biberón; verle empujar el carrito me enfermaba. Disculpe que esté llorando. Mi hijo se lleva muy bien con su padre; al separarnos no dificulté la relación. Ahora se ha echado novia y he vuelto a pasarlo mal, pero lo estoy superando.

-Nadie nace sabio.

En realidad lloro por mi padre. Hace poco que murió sin despedirse de mis dos hermanos. Los estuvo esperando hasta el último momento. Un día, mi primo pasó por el hospital, y creo que mi padre lo confundió con uno de sus hijos… porque al rato murió.

  Seguimos hablando hasta llegar al aeropuerto. Entonces le pregunté su nombre, Esther, y le pedí su teléfono. Le expliqué cuánto había disfrutado escuchándola, y me despedí asegurándole que yo también lloraba, le agradecía la confianza.

  En el avión me pareció que cada pasajero llevaba una historia escrita ¿Cuándo, de qué forma aprendimos a enmascararnos? Hay millones de palabras volando por los aires para comunicarnos dentro y fuera de un taxi; cada cual con su propia voz. Será que últimamente me ha dado por viajar, por hablar sola, con Esther, la taxista del Guinardó. 

Miryam Gallo   

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16 noviembre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

1 comentario »

  1. Una historia suave, como de espuma.

    Comentario por Esther Fernández Guerra | 22 noviembre 2009 | Responder


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