Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Sexo y taxis

Un bolso, y en él lo básico: dinero, documentación, llaves, teléfono móvil, barra de labios rojo oscuro, lista de la compra, pañuelos de papel, un abanico y preservativos. Provista de lo necesario, Escarlata comienza a caminar hacia el centro, que está lejos, pero hoy no tiene prisa.

Pasa ágilmente de una calle a otra sobre los tacones rojos, disfrutando en cada paso de su sonoridad perfecta, mientras sus cabellos, rebeldes, mecidos por el viento la asemejan a Medusa.  Suena el teléfono móvil, es su novio. Pero no le apetece hablar con él, así que pone el móvil en silencio y no contesta.

Al girar en la esquina de la calle de La fuente de plata, ve un taxi parado en la acera de enfrente. El taxista es muy atractivo y Escarlata no puede dejar de mirarle. Ante esa intensa mirada el taxista abre la puerta, y ella acepta su invitación.

-¿Hacia dónde la llevo, señorita? -le pregunta él.

-Al centro, caballero -contesta Escarlata con un poco de sorna.

Se acomoda en uno de los asientos traseros y acunada por la sensual voz del taxista cierra los ojos. Cuando los abre, el taxista se gira, la mira fijamente, y salta a los asientos traseros. Sus ojos son intensos, queman. Tras un pedazo de eternidad se acerca a Escarlata y la besa. El beso es profundo, ardiente; parece que buscase su alma. “¿Cómo se llama, señorita?”, susurra el taxista recuperando el aliento. “Escarlata, me llamo Escarlata”, le responde descubriéndose. Ambos se funden en el pequeño espacio; su abrazo de hierro la hace estremecer. Las manos del taxista recorren como arañas cada poro de su cuerpo, paso a paso, inspeccionando antes de morder, inyectándole la pasión. “Prefiere que entre por aquí, ¿o tomo la otra ruta?”, dice el taxista. Escarlata simplemente se entrega, arañándole la cara y mordiéndose los labios hasta hacerlos sangrar.

-Ya hemos llegado, señorita -informa el taxista sobresaltándola.

-Ha sido un buen viaje -responde Escarlata frustrada, mientras piensa: “Podría haber sido mejor”.

Al bajarse del taxi suena nuevamente el teléfono móvil, otra vez su novio. “No me queda más remedio que contestar”, piensa Escarlata limpiándose la sangre del labio.

Esther Fernández Guerra

 

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16 noviembre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

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