Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Mi amigo Hans

En más de una ocasión estuve tentado de contártelo, pero al mismo tiempo me parecía tan absurdo que decidía olvidarlo para evitar que te rieras de mí. La primera vez fue sólo su sonrisa burlona mientras se mofaba de mis pintas de empollón regordete en el colegio. Evidentemente, me hizo mucha gracia recordar aquel sueño por la mañana. Habían pasado tantos años desde entonces que apenas me acordaba de que en algún momento lo llegué a ver como un niño odioso. Además, después de todo, probablemente por aquellas burlas empezó nuestra amistad. La relación entre Hans y yo no fue cualquier cosa, él siempre se ha encargado de apoyarme, de protegerme… Siempre ha sido un amigo incondicional. En algún momento llegué a pensar que tampoco tenía que ocuparse de alejar al resto de los chicos, pero su aprecio era tan grande que pude entender que me quisiera sólo para él. Cuando apareciste tú la cosa cambió; eras la chica de mis sueños, y en cuanto le conté que me moría por tus huesos se las ingenió para acercarnos. Después vino aquel sueño: mi hermano era atropellado por un camión en medio de la noche, en una zona donde no había tránsito peatonal. Nunca supe que hacía Robert andando a las tres de la madrugada por la autovía. Robert era el que siempre daba la cara por mí ante situaciones complicadas. A Hans nunca le cayó bien, decía que se las daba de héroe… En realidad nunca terminaron de gustarse. También hubo una época en que soñaba con mis padres, siempre la misma escena. Ellos venían a casa sólo por los cumpleaños y por las navidades. Aquella víspera de cumpleaños la había vivido casi todas las noches durante los últimos once meses. Me asaltaba la escena de la explosión de la bútsir cada vez con más frecuencia, aunque no le prestaba atención, ya que ellos no usaban cocina de gas desde hacía años. No he podido asimilarlo, fue una tragedia que, tal vez, pude haber evitado. Podían haber venido una semana antes del apagón. A partir de aquel momento empecé a relacionar ciertas ideas. Cada vez que sentía una emoción intensa con alguien me iba a la cama con el trasteo y terminaba soñando. La última conversación que tuve con mi madre fue bastante molesta, aunque daba por sentado que todo quedaría en el olvido. Pero daba la casualidad de que Hans siempre estaba allí, a mi lado, y al poco tiempo aquella persona con la que me había disgustado desaparecía tal y como yo lo había soñado. También ocurrió cuando mi gato apareció envenenado el día después de haberme enfadado con él porque se había comido el jamón que tenía en la mesa para hacerme el bocadillo. Y con mi loro, mi amigo Fran… Pero al mismo tiempo me decía que debía ser una paranoia. Hans ha sido siempre mi mejor amigo. Él siempre decía que su misión era hacer realidad mis sueños. Por eso aquella anoche me hice, al acostarme, el firme propósito de soñar con Hans.

Pepa Marrero

Anuncios

1 diciembre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: