Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Sinfonía para una mente rota

La soledad la carcomía por dentro. Abrió las puertas del armario y una por una fue sacando todas las prendas de color. Primero la amarilla. Verde, Roja, Azul, Blanca, Naranja. Ya sólo quedaba un pequeño montón de ropa gris y negra. Se ahogaba y rompió a llorar sobre el vestido negro. Se recostó en el suelo y rodó hasta meterse dentro del armario, debajo de los cajones. Pasó mucho tiempo ahí dentro, quizá un día, quizá dos.

El calor fue lo que la despertó. Abrió los ojos y alzó la vista. Estaba muerta. Tenía que estarlo porque aquello era el infierno. De pronto, una llama alcanzó el armario y se percató de que era real. Las llamas contagiaban todo su calor, mientras ella, con un torpe caminar, salía de la casa. Negro. Eso era lo único que le quedaba, una casa llena de negro, pero vacía.

Pasó las siguientes semanas en casa de su amiga Luisa, en un estado prácticamente vegetal. Comer; dormir; comer; baño; dormir; baño; comer; dormir. Vomitar. Vomitarlo todo. A ninguna de las dos se le ocurrió que Olga pudiera estar embarazada, pues a su edad era, supuestamente, imposible.

Hacía muchos años que Olga había perdido toda la esperanza de ser madre, por eso no le importó que su bebé fuera rectangular y tuviese cuatro patitas. No estuvo segura de lo que era hasta el día del parto. Fue doloroso, y, por imposibilidad geométrica, le tuvieron que hacer la cesárea. Un secreter. Una mesita con las patitas enrolladas y unas difusas líneas donde se desarrollarían, más adelante, los cajones.

Olga lo alimentó con sus palabras. Y sus secretos. No le contaba solamente lo que vivía a diario, sino también aquellos oscuros secretos que pensó que tendría que cargar en soledad y en silencio. Pero eso no era suficiente para el Secreter, y se sentía solo, su madre no le dejaba tener amigos, y ningún otro ser humano sabía de su existencia. Su único amigo era un gatito azul que, siempre que Olga volvía a casa, salía por el agujero de la ventana.

Un día cuando Olga volvía de su paseo matutino por el parque, vio una muchedumbre alrededor de la puerta de su casa. También estaba la policía. Se asustó. Se acercó poco a poco, y al llegar a la altura de la cinta se le encogió el corazón. Toda la acera estaba llena de fotografías de su difunto esposo y de papeles firmados por ella… Un policía muy alto se le acercó y le preguntó: “¿Es usted Olga Curbelo, viuda de Antonio Sánchez?”. Ella sólo pudo asentir con la cabeza. Entonces el hombre sacó unas esposas de su bolsillo y sentenció en voz alta: “Señora Curbelo, queda usted detenida por el asesinato de su marido Antonio Sánchez. Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra ante…”.

Final alternativo 1

Tres semanas habían pasado sin que se supiera nada de aquella viuda del 2º piso cuando los vecinos decidieron irrumpir en la casa. Todo estaba intacto, dormido bajo una capa de polvo, pero intacto. Sólo había un objeto que rompía con la armonía de la casa. Un secreter destrozado y una enorme hacha sobre él.

Final alternativo 2

Con el  tiempo Olga comenzó a sospechar que el Secreter tenía un amigo. Actuaba de una manera diferente con ella, ya no ansiaba tanto su compañía y, hasta juraría, que no la escuchaba de la misma forma. Esa situación hizo que Olga se volviera más estricta con el Secreter, y que llegar a casa fuera como tumbarse en una cama de clavos. Ya no dormía, esperando a oír llegar al amigo del Secreter. Cuando salía se quedaba un largo rato detrás de la puerta por si llegaba “el amigo”. El Secreter apenas se percató de esas acciones dignas de pacientes de un centro de psiquiátrico, ni siquiera imaginó que Olga sospechaba que cuando ella se iba él tenía compañía. No lo sospecho hasta que lo supo. Y lo supo al mirar una tarde por la ventana y ver un bulto azul con cuatro patitas tirado en medio de la calle, y a Olga volviendo a casa con una impecable sonrisa.

Esther Fernández Guerra

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1 diciembre 2009 - Posted by | Cuentos, General | , ,

7 comentarios »

  1. Me ha gustado mucho!!

    Comentario por Begoña | 1 diciembre 2009 | Responder

  2. Ah!Con el final dos…genial!

    Comentario por Begoña | 1 diciembre 2009 | Responder

    • Falta la versión del aborto, pero se la envié aparte a Alexis.

      Comentario por Esther Fernández Guerra | 1 diciembre 2009 | Responder

  3. jajajaja aborto?? tenía q haberlo publicado! pues a mi el q más me gusta es el final 1 porque no lo entiendo del todo, es como si algo se me escapase de la historia, y esa sensación me encanta!por cierto esther, alguna vez has estado en teatro con nast marrero?

    Comentario por Tania | 4 diciembre 2009 | Responder

    • Sí, este verano, en Julio. Un buen profesor, apasionado.

      Comentario por Esther Fernández Guerra | 5 diciembre 2009 | Responder

  4. ok, es q le conte q habia una actriz llamada esther en el curso y me contó q podías ser tu 😉

    Comentario por Tania | 7 diciembre 2009 | Responder

    • Pues lo soy. Yo suponía que se conocían porque comentó uno de tus cuentos, y no creo que haya muchos Nast sueltos por ahí

      Comentario por Esther Fernández Guerra | 7 diciembre 2009 | Responder


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