Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Julián y la pesca

Atanasildo ya trabajaba en las arroceras cuando llegó Julián. Le enseñó del rudo trabajo y lo llevó a pescar al río: las dos cosas que llenaban su vida. En el trabajo organizaba con órdenes, cortitas y al pie, sin apreciaciones, y, cuando iban a pescar, se respetaban sus silencios.

Julián venía de lejos, recorriendo campos y estancias, trabajando hoy en esto, mañana en aquello. Don Ata, conocedor de necesidades, supo enseguida de las de Julián, y lo llevó a su rancho a compartir techo y comida. Don Ata ya estaba viejo, no arreglaba la casa ni cortaba los yuyos que bordeaban el rancho, por esto, Julián, agradecido, se ofreció a los arreglos, pretextando “matar el tiempo”, dijo, para no ofender.

Llegado el domingo, se preparaban para la pesca: cañas tacuaras, anzuelos caseros, hilo y mate amargo, la carnada se buscará junto al río.

-Para llegar al río, por lo alto, hay que bordear la cañada que están minadas de yararás, y se confunden con los pastos secos –ordenó don Ata. Caminaban más, pero seguros.

Se encaminaron  al río, día soleado, sin viento, poco calor, fresco para pescar. Don Ata caminaba adelante, seguido de Julián, cuando en un ademán de “quita de aquí”, el viejo se dobló para tocar su pierna y continuó el camino. Cuando llegaron le costaba respirar. Se sentó en la tierra y levantó la pierna del pantalón: la carne morada reventaba de hinchazón. Se pasó agua y estiró el cuerpo. Julián, se arrodilló junto a él, en silencio, rompió el pantalón  a la altura de la rodilla y con la tela hizo un torniquete en el muslo, para detener el veneno. Imposible. Cargó a don Ata hasta el camino y pidió ayuda.

Volvió al rancho, Julián solo. Solo, fue a recoger las cañas y solo se le ve pescar en el río,  que llegó bordeando la cañada donde don Atanasildo le había dicho que había culebras.

 

Raquel Tulic

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7 enero 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

1 comentario »

  1. Pienso que es un muy buen trabajo.
    Un relato bien estructurado, presentado y finalizado.
    Me trae a la memoria tantos buenos escritores sudamericanos, de los que sin duda, este cuento es deudor.
    Un saludo.

    Comentario por MaxEgb | 8 enero 2010 | Responder


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