Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Ley

Ley Orgánica 6/1963, de 21 de julio, de los Conflictos en los Autobuses (CA).

 

Artículo 1. Objetivos de la ley.

 

La presente Ley Orgánica tiene por objeto garantizar y proteger, en lo que respecta al tratamiento de los tratos personales, las libertades públicas y los derechos fundamentales de las personas físicas en las líneas de autobuses S todos los mediodías.

 

Articulo 2. Ámbito de aplicación. 

 

La presente Ley Orgánica será de  aplicación en los siguientes casos>

 

a. Cuando un hombre cuellilargo llevando un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta se encuentre de pie en el autobús frente a otro señor.

 

b. En el supuesto de que estos dos individuos inicien una discusión que pueda desembocar en una agresión física o psicológica.

 

c. Cuando el individuo de alargado cuello interpele a su prójimo pisando su pie cada vez que suben o bajan pasajeros del autobús.

 

d. En el momento que el impertinente individuo se apodere inmediatamente de un asiento que quede libre.

 

La presente Ley Orgánica no será de aplicación en los siguientes casos>

 

a. Cuando un tercer individuo que ha presenciado el conflicto vea al agresor dos horas más tarde en la estación de Saint/Lazare.

 

b. Si este individuo se encuentra conversando con un amigo suyo en la susodicha estación.

 

c. Si el amigo con el que se encuentra el individuo cuellilargo le está aconsejando que se añada  un botón al escote del abrigo.

 

 

Artículo 3. Disposiciones finales.

 

Disposición final primera. Título competencial.

Este real decreto se dicta al amparo de lo dispuesto en el artículo 149.1.2. ª De la Constitución Española que atribuye al Estado las competencias en materia de trato entre personas en las líneas de autobuses S.

 

Disposición final segunda. Habilitación para el desarrollo reglamentario.

Se autoriza a los Ministros de Asuntos Sociales entre Seres Humanos para el Desarrollo de la Amistad para dictar las normas necesarias para el desarrollo y ejecución de este real decreto.

 

Disposición final tercera. Entrada en vigor.

El presente real decreto entrará en vigor el día siguiente al de su publicación en el «Boletín Oficial del Estado».

 

Dado en Paris, el 18 de diciembre de 1963.

Charles de Gaulle

Cristina Velázquez López

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

Una carta airada

Esto nunca ocurrió, espero.

 Mi desde ahora denostado G. P.:

Lo vi a usted en un autobús de línea. El S, creo recordar. Recuerdo también su actitud vergonzante y su comportamiento inadecuado al descubrir mi presencia entre los pasajeros. No ha dejado usted de ser ese alumno osado y malcriado que machacaba a Comte y a Durkheim, y trastocaba absurdamente el mundo para adaptarlo a su modo miope de mirar las cosas. Nunca reparó entonces en lo importante y no lo hace ahora. Algunos -y usted es uno de ellos- llaman imaginación a su incapacidad para entender la vida, para disociar lo necesario de lo trivial. Cuando me acusó de empujarlo, me sentí profundamente molesto. Si no hubiera sido por mí, le recuerdo con ánimo de sonrojarle, seguiría usted haciendo crucigramas para Le Point. Y si quienes dicen leerle, realmente le leyeran o por lo menos fueran algo más instruidos, habrían como yo descubierto que sus saltos de caballo dejan demasiadas casillas en blanco. No se tratará más bien de una de esas rutas de muestreo que tan mal le enseñaron –o aprendió- en la asignatura de “Técnicas de Investigación Social I”. No, no entiendo ni justifico su actitud. Además, deje de presumir de sus orígenes, resultan inequívocos: ningún gentil tendría la arrogancia de ir por ahí sin un botón en el abrigo.

Se despide desatentamente y esperando no volver a verlo a usted en ningún autobús, ni en el metro, ni en un libro, este que fue su amigo,

R. Q.

Angélica González Gopar

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

Sonata de luz

La más densa oscuridad se disuelve al encender una pequeña llama. He esperado al final del día para iluminar tu escritorio con cinco velas, delicadas como los dedos de una flautista. Hoy celebro en silencio mi vida. La celebro para ti. Te la regalo.

A pesar de que fui niño poco tiempo, todavía recuerdo la hermosa voz de mi abuelo Ahmed narrando las lejanas leyendas marroquíes. Nunca te las he contado. Traducirlas se me hacía violento; habría sentido que falseaba la única memoria algo borrosa que guardo de esos días. Sé que una parte de mí te es desconocida, inasequible, será esta. Tampoco yo he sabido darle sentido. Hoy no quiero prescindir de esta primera luz que apenas brilló de una forma enigmática.

Mi mal carácter es, en parte, la rebeldía mal digerida de la adolescencia: amé intensamente la libertad de ser yo mismo. Hace falta coraje para seguir creyendo rodeado de incertidumbres; entrenar saciaba mi necesidad de respirar, de hacer algo y entregarme por completo. Pero descubrí demasiado pronto la fuerza que engendra el silencio; hubo un momento en que llegué a pensar que era mudo. De toda esa soledad salí al conocerte; la antorcha que me mantuvo erguido la convertiste en hoguera cálida, íntima dulzura de saberme amado.

No hemos tenido los hijos que seguramente me habrían enseñado a hablar. A los niños les ocurre lo que a los poetas, todo lo comprenden. Su percepción está libre de prejuicios, como tu música. Gracias a ella he vivido rodeado de poesía. Has construido mis entrenamientos con tus ensayos: días enteros corriendo con la melodía de la flauta levantando el ánimo. Llenabas el aire de los campos y mi memoria de belleza.

¿Qué puedo decirte de Gitane? Nuestro perro labrador del color ocre de las dunas al caer el sol bien se merece una vela. Al principio corría a mi lado infatigable; luego enfermó y se tumbaba en la pista a esperarme. Al volver a casa te escuchábamos tocar, y entre los tres llegamos a alcanzar una rara compenetración. La música le acompañó y suavizó sus últimos días de la presión del dolor.

No temo la muerte. Me da miedo que mi cáncer apague tu voz. Tienes el don de la música. Marie querida, tus manos son de oro. No dejes de poner tus dedos en la flauta. Nada ayuda tanto al silencio interior, a la paz, como tu música. Cuando tocas no hay oscuridad. 

  Miryam Gallo

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

ROCO

La feria de artesanía antigua estuvo mucho mejor de lo que ella esperaba, y eso que había dudado en ir. Lo que jamás pensó es que fuera a influir tanto en su vida. Diez días después de haber vuelto del planete meuble empezó con una matraquilla que no la dejaba en paz hasta aquella mañana en que unos rayos de sol se colaron entre las persianas y la agarraron por el ánimo sacándola del sofá. Se puso el abrigo y las playeras y se fue a la farmacia a  comprar un predictor.

Estaba dispuesta a desmantelar aquella incertidumbre de una vez por todas, así que se metió en el baño con el test y con el miedo a encontrarse con que sus sospechas fueran ciertas. Había decidido enfrentarse a la realidad, fuera la que fuera. Empezó a quedarse blanca mientras la ventanita de la verdad se teñía de rosa y buscó una silla para sentarse. Con los codos apoyados en los muslos y la frente entre las palmas de las manos recordó más cercana que nunca aquella noche, y se sintió, como entonces, ardiente y locamente apasionada entre los brazos de aquel prestigioso artesano que la embrujó con su mirada y su arte y al que no volvería a ver nunca más. “No tenía que haber ocurrido” –pensó cuando se acordó de su marido y sintió un vértigo y unas náuseas que nada tenían que ver con el embarazo.

A las seis semanas de gestación, después de haberse despojado del susto y sin haberle dado a su marido la buena nueva, se hizo la primera ecografía. Lo que vio en el monitor no tenía forma ni sentido, como es usual, hasta que el médico empezó a señalar las distintas partes del pequeño ser que estaba creciendo en su interior.

-¿Ve esto de aquí, señora? Es una de las patitas -le dijo el médico.

Su cuerpo se tensó como una cuerda de guitarra y preguntó: “¿Pa-ti-tas?”, con los ojos muy abiertos esperando una explicación.

–Sí, señora, patitas -y señalando en el monitor siguió explicando–. Y aquí están las otras tres, son talladas en la base, aunque apenas se aprecia. -Moviendo la imagen, la guió hasta un rectángulo algo deforme por su blandura y le dijo que era el tablero-. En la próxima ecografía ya podrá ver más detalles de su hijo, pero lo importante es que todo está bien –aseguró el ginecólogo para luego añadir-: Está completo, tiene todos los cajoncitos, váyase tranquila.

Salió de la consulta como de un mal sueño y caminó hasta su casa con la intención de que el aire se llevara la conmoción.

En la siguiente visita al ginecólogo ya pudo ver que se trataba de un precioso secreter y que tenía el tablero de mármol rosa francia, los frentes de raíz de abedul y ella ya le había cogido cariño. Mucho cariño y muchas ilusiones tenía, antes incluso, de haber visto aquellos tiradores en bronce dorado y su graciosa marquetería. Tanto cariño que se había olvidado de que en algún momento tendría que dar explicaciones a su marido.

Se puso de parto y llamó un taxi, pensó que había llegado el momento de tomar una decisión y eligió traer a Roco al mundo y dejar una nota de despedida a su marido. El secreter  cumplió su primer añito y en sus cajones empezaron a crecer secretos de los que sólo uno pudo descubrir Lucía. Después se cerró herméticamente. Para desvelar el resto de los misterios ocultos en sus entrañas, Lucía tendría que seguir las instrucciones de la única confidencia que su hijo le desveló.

Pepa Marrero

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

Lo peligroso de los regalos navideños

Quería pegarse un tiro, pero la cola no aparecía por ningún sitio. Finalmente murió gracias a la cinta adhesiva.

Lucha contra el tiempo

La alarma suena dentro de su estómago. Algo entre los dientes le incomoda: una manecilla.

Nadie sabe

Alguien la despertó gritando Rose. Se miró al espejo y era rubia.

Peticiones

En Watazulu creen que los botones tienen el poder de conceder deseos. Una vez curé la herida de una anciana que me regaló uno azul. Me lo puso en la mano y me dijo: “Pide para otro, que ya pedirán por ti”.

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

Metaliterario

Emboscados en Salsipuedes, los charrúas decidieron morir en libertad.

Metalingüístico

Por lo tanto, entraron en el campo de Libertad, para no salir más.

Fantástico

“Ábrete, Sésamos” dijeron los ladrones, y la puerta se abrió, y ante ellos aparecieron cientos de ladrones de la cuerva.

“Ciérrate, Sésamo”, dijo uno de ellos, y los otros ya no tuvieron qué repartir.

Raquel Tulic

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

Envidia 

Sucedió en el atrio de la Catedral, mientras la heroica ciudad dormía la siesta. León y Gustave la esperaban entre las columnas, aprovechando el camuflaje de un día lluvioso. Uno de ellos la miró a los ojos fijamente, ella trató de huir, pero  dos puñaladas la hirieron de muerte. Mientras Ana Ozores caía  de bruces, preguntó por qué. Ellos le respondieron que ya  había vivido muchos años y que  Ana K y Emma B la estaban esperando.

Puntualidad

Frente al mar le dijo: en  una horilla  estaré  contigo.      

Borrachera

Enhebró el enebro con tónica y se quedó cocido.

Rotación inversa

Su ventana estaba orientada hacia oeste. Se asomó, y vio salir el sol en el horizonte.

¿Acúfenos?

Nunca había creído en fenómenos extraños hasta que un día, oyó ladrar a su gato.

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

Timbre fantasmagórico (hecho real)

Toco el timbre. La voz de una anciana me indica que es en el piso de al lado. Tras haberle contado lo ocurrido a la persona a quien venía a visitar, esta me dice que su vecina murió hace años.

 

Noria

Danzaban en círculo hacia la muerte.

 

Tablón de anuncios

Se busca estrella fugaz.

 

Ladrón de ideas

Tengo una mente promiscua. Me roba las ideas y las pervierte.

 

Siempre tristes

Las llantas son las partes más tristes del coche.

Cristina Velázquez López

23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

La vie ne fait pas de cadeaux

Hoy no me levanto. Afuera llueve. El funambulista está muerto, al domador se le escapó el león, el jefe de pista se ha fugado con la contorsionista y el payaso ya no me hace reír. Uno, dos, tres. Un trago de agua. Hoy quiero dormir. No éramos más que dos entre un millón. Granos de arena en el desierto. Sí, como usted bien dijo casi a gritos una vez y me repite ahora al oído: “La vie ne fait pas des cadeaux”. No, nada de cadeaux. La vida entiende más de derechazos a la mandíbula y de golpes bajos, o de autos que se despeñan para que algún idiota pueda presumir de haber realizado el trayecto Orly-París en una hora, o en un minuto, o en una vida ajena. Llueve en la Gran Vía de Madrid y en los Campos Elíseos. Llueve en Orly, y la vida no hace regalos. Cuatro, cinco, seis. Son más de las once y diez. El reloj ya no sonríe. La vida entiende de ira y muerte, de multitudes atrapadas en aeropuertos y de quienes no llegan a su destino. El león está muerto, la contorsionista se aburre, el payaso se ha fugado con el domador y dos se separan por unas horas y uno de ellos no vuelve y esas horas pasan lentas, teñidas de alcohol, de olor a flores de tanatorio. Las horas son eternas. Siete, ocho, nueve. Una sirena, un tritón y un carro de fuego. Diez y once, voilá, el número mágico. A los Campos Elíseos, Monsieur chauffeur. Once. Uno menos, coma; uno más, vómito. No, definitivamente, no me levanto. El domador fustiga al payaso, el funambulista ha caído en picado sobre la pista central, al león se lo han llevado los del zoológico, la contorsionista expiró hace dos meses en el Saint-Louis, y el jefe de pista espera en la cama que el once sea su número de la suerte.

   Angélica González Gopar

22 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

DESPRENDIMIENTOS

Las despedidas son tan crueles que no pude evitarlo: mejor sería, pensé, que Jaime fuera con ella a la estación. No a despedirla; a recibirla: a decirle que volviera. Y esto fue exactamente lo que ocurrió. Se lo dijo, y la dejó marchar.

Imaginé entonces a Mónica, subida al tren que poco a poco se alejaba, enviando a Jaime el beso que había dado a las yemas de sus dedos índice y corazón. Intuí que se quedaría de pie un rato, agitando la mano derecha abierta. En el cristal inquieto del vagón vi con claridad el retrato de una mujer absorta; en realidad, subida a otro tren.

No dudo que Jaime se ofrecería a llevarla en coche a Bilbao, inútilmente; que le insistiría en la comodidad de un vuelo rápido. Sin embargo, la estación de Atocha es, todavía,  un lugar muy hermoso. Además Mónica, en el fondo, necesitaba descansar de otra manera, tomarse su tiempo, sentir los raíles firmes, la distancia creciente,  y avanzar, avanzar.

He contado siete años desde que decidieran cada cual seguir su propio o impropio camino y averiguar hasta dónde confluían. En estas circunstancias, un viaje en tren, por muy largo que sea, se hace corto.

Encapsulado en la máquina de un tren de alta velocidad, la lluvia torrencial es ilógica. Uno tiene la sensación de estar atravesando en cohete el centro de un tornado.

Bien sé lo que están pensando. A decir verdad poco se equivocan: a los maquinistas nos sobra el tiempo para inventar. Ya lo creo que sí.

A Jaime le he perdido el rastro en el andén. Se quedaría inmóvil a pesar de la lluvia, o tal vez gracias a ella reaccionaría. Jaime en el andén esperando a Mónica, necesitando su presencia para ser él mismo, intuyendo una felicidad más honda para los dos.

Pero es Mónica quien me preocupa. No sé cómo ayudar a mi heroína. Confío en que se haya quedado dormida. El tren avanza veloz, pronto estarás en casa. Mónica, Mónica, perdóname por lo que te estoy haciendo pasar. Si te dejo al límite de tus fuerzas es porque sé que a Jaime, a estas alturas de la historia, le gustaría cambiar los papeles y soportar él tu herida: los largos vacíos, sus frías e injustas palabras. En este momento lo cambiaría todo para no dejarte morir.

Yo mismo. Si yo hubiera sido capaz de convivir con el dolor, de superarlo al fin y perdonar aunque fuera llorando; de haber sido capaz, nada de todo esto te estaría ocurriendo. Las dudas me superaron. Incapacitado para amar debería haber escrito alguien al concluir la historia de mi vida.

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¿Te has fijado, Jaime, de qué manera empezó a llover? ¿Cómo en un momento se desató la tormenta? Apenas fui consciente de lo que ocurría, todo pasó demasiado rápido. Estaba dormida al poco rato de, no sé, el tren frenó, las ruedas chirriaron, chocamos, un desprendimiento, los primeros vagones descarrilaron. Me cuesta creer que no me haya pasada nada. Pero sí que ha pasado, porque ya no tengo miedo.

Miryam Gallo

22 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , | Deja un comentario

Crítica literaria

 

 

Crítica A

El breve relato que ha publicado recientemente el escritor Z, es uno de los más insulsos y faltos de contenido que he leído, no en los últimos días, no, me atrevería a decir que en los últimos años. Es más, afirmo con toda certeza: es el peor relato con el que me he tropezado en mi vida, y créanme, por suerte o por desgracia, me he dado de cara con muchos.

Para quien tenga la fortuna de no haberlo leído y para que no se molesten en hacerlo, les haré, queridos lectores, una pequeña sinapsis, quiero decir, sinopsis; quizás he dicho bien: sinapsis, pues para resumir semejante bodrio, se requiere un auténtico ejercicio neuronal. En fin, el relato viene a narrarnos lo siguiente:

En una guagua, durante una hora punta, un individuo que aparenta cierta excentricidad por su forma de vestir: sombrero de fieltro con un cordón en lugar de cinta, y un abrigo al que le falta un botón, se enfada con otro individuo y lo acusa de que le ha estado empujando cada vez que pasa alguien.

Queridos y fieles lectores, ustedes se preguntarán ahora: «Bueno, ¿y qué más?» Pues poco más. El individuo excéntrico se encuentra, en la estación de Saint Lazare, dos horas más tarde, con un tercero, que le dice: «Deberías hacerte poner un botón más en el abrigo». ¡Eso es todo amigos! Cómo han podido comprobar, hoy cualquiera pude escribir de cualquier cosa.

Por Adán Expósito

Crítica B

El último relato con que nos deleita el autor Z, en su serie narrativa Siempre falta algo, representa el paradigma del relato surrealista y, por metonimia, el mismo Surrealismo. Con escasos elementos, nos acerca a una situación desconcertante entre dos individuos que no se conocen y coinciden en un mismo lugar a la misma hora. Una combinación espaciotemporal que casi nos aproxima a la mecánica cuántica. Combina una sencilla sintaxis y un léxico cotidiano con una situación críptica, incluso me atrevería decir que hermética.

El relato describe una serie de situaciones sin aportar soluciones, para trasladarse posteriormente a un mundo incomprensible de dudas y perplejidades.

Los elementos simbólicos pueden pasar desapercibidos si no nos acercamos a la historia con atención. Analicemos sus elementos con minuciosidad y rigor:

Dos individuos suben en una hora punta, a un mismo autobús de la línea S.

He aquí el primer punto susceptible de análisis. El autor podía haber utilizado otra letra u otro número, pero escoge la letra S no por casualidad, es obvio que está haciendo una referencia al nazismo, pero para ser más exactos, a un nazismo ya fragmentado, pues utiliza la mitad de un elemento simbólico tan arraigado en el inconsciente colectivo como son las dos “eses” del cuerpo de élite hitleriano. Uno de estos individuos que coincide en el autobús lleva un sombrero de fieltro adornado con una cuerda. Este hombre, que representa la clave de todo el episodio, al final del trayecto, insulta al otro hombre que está junto a él, y le reprocha que lo ha estado empujado cada vez que alguien ha pasado a su lado. ¿Por qué aguardó hasta el final para hacer estos reproches? En una escena posterior: Dos horas más tarde, aparece de nuevo el individuo del sombrero donde un tercer personaje, vestido de forma elegante, le indica que le falta un botón a su abrigo y debería ponérselo. Es importante saber cómo el autor nos informa de un modo sutil del carácter descuidado del personaje protagonista. ¿Se han preguntado ustedes dónde pudo perder el botón del abrigo? En fin, el relato es tan rico en matices que cada lector hará su propia lectura y extraerá sus propias conclusiones.

Por Eva Casado

Mercedes Arocha

22 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario

Microrrelatos

Titulares

David y Goliat, sancionados. El combate fue un tongo.

Autodidacta

El analfabeto decidió salir de su estado: adquirió el libro “Aprenda a leer y escribir en 15 días”.

***

El quisquilloso explorador se procuró un mapa idéntico a la realidad. Acabó perdiéndose.

22 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario