Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La llave

A una remota aldea, llegó un joven médico que venía para sustituir al médico local. El joven compró la casa más grande, que llevaba vacía cuarenta años. El alcalde le acompañó en su reconocimiento de la casa y después de ver todas las habitaciones se encontraron con una puerta.

-¿Y esta puerta?-preguntó el joven.

-Ah, la puerta. Es un misterio, pero no se puede abrir, será un antiguo desván –respondió el alcalde.

Pasaron los días y el joven intentaba abrir la puerta sin conseguirlo. Hasta que, una mañana, encontró una llave que estaba envuelta en una nota que decía: “Al otro lado hay otra copia”. Al principio no comprendió, pero se decidió a abrirla. Al hacerlo, la puerta chirrió enormemente, pero lo que vio fue un enorme prado de colinas lilas con un río de color verdoso en el que se bañaban dos animales gigantes. Atravesó la puerta, abrumado por lo que veía.

Un poco más tarde, llegó a la casa la sirvienta que tenía que limpiar. Pasó por toda la casa sin ver al joven, lo que le extrañó. Pero vio una puerta entreabierta y mientras se quejaba del desorden, cerró la puerta con la llave que el joven dejó y la guardó en la mesa más cercana. Al otro lado, el joven escuchó un chirrido y se volvió para ver de dónde procedía. Pero tremenda fue su sorpresa al descubrir la puerta cerrada, forcejeó y le dio patadas, pero la puerta no se abría. Había dejado la llave puesta en la puerta. Al momento recordó la nota en la que había encontrado la llave, ponía que donde él se encontraba había otra copia de la llave.

Comenzó a correr por el prado lila con azucenas azuladas hasta topar con lo enormes animales. Estos eran de color verde y de sus cabezas salían tres cuernos que terminaban en una punta cuadrada. El joven pensó que el mejor lugar para esconder la llave sería al cuidado de esas bestias.  Así que rodeó a los animales de modo que estos no le vieran y descubrió que detrás del animal más grande, había un pequeño tronco con un agujero. Creyó ver que algo en su interior brillaba. Aprovechó que el animal se agachaba a beber agua y corrió hasta el árbol, cogió la llave y, mientras corría hacia la puerta las bestias comenzaron a perseguirle. Consiguió llegar a la puerta e introdujo la llave lo más rápidamente posible. Al pasar por ella y cerrarla, notó el impacto de las dos bestias al estrellarse, pero no lograron pasar porque ya había cerrado con la llave. Estaba lleno de sudor por la carrera y el miedo. Se quedó mirando la puerta y pensó: “Nunca más voy a volver a abrirla”. Acto seguido el joven guardó las dos llaves en los lugares más recónditos de la casa.

Alba Rodríguez Macías. I.E.S Politécnico

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8 junio 2010 - Posted by | Cuentos, General, La factoría ambulante | , , ,

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