Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El libro

 

Y realmente me estaba preocupando por mi hermano. Porque últimamente estaba sumido en la más completa pereza y, al mismo tiempo, en una constante actividad. Había dejado de talar árboles y ahora se estaba dedicando a leer un libro que había encontrado en el bosque cerca de una zona que linda con un suburbio.

Estuve hablando con sus compañeros cuando lo visité. Me dijeron que estaba muy extraño, que reía incongruentemente y se desvelaba con aquel libro, pese a que siempre había dormido mucho y muy profundamente. Yo, sin embargo, me daba la vuelta para mirarlo y lo veía sereno y como más lleno de luz, leyendo en una esquina.

Cada mes regresaba a visitarlo. Y solía preguntarle por qué leía, contestaba simplemente que disfrutaba. Yo le decía que debía trabajar, ya me estaba viendo presionado, dándole dinero, así que tuve la fatal idea de coaccionarlo diciéndole que no le iba a prestar más.

Volví un mes más tarde, con algo de retraso, ya que las carreteras habían estado cortadas. Allí todo estaba muy callado, demasiado callado: no se oían las sierras, no se oía nada; como si el bosque estuviese guardando luto. Llamé a la puerta de la cabaña, preocupado. Me abrieron. Todos tenían una expresión taciturna. Me contaron cómo habían presionado a mi hermano para que dejara el libro, porque no podían seguir prestándole dinero ni dándole comida, y cómo él, impulsivo e infantil, se había escondido en el bosque. Lo habían buscado pero no lo habían encontrado. También llamaron a la policía de la ciudad más cercana: llegaría aquella tarde a causa del mal tiempo.

Me invadió un ataque de pánico y de rabia. ¿Cómo podían seguir de ese modo estando él por ahí? Salí a buscarlo desesperado. Hacía muchísimo frío, como si aquel invierno buscara azotar a mi hermano intentando darle una lección.

Ahora estoy aquí.

No lo he encontrado. Desde hace dos días que salí a buscarlo me ha crecido una barba áspera y tan punzante como el hielo. Una patrulla de búsqueda ha ayudado algo pero ha desistido y volverá pasado mañana. Yo no he parado… Estoy intentando recordar cómo empezó todo pero solo me viene a la cabeza el momento en que empecé a preocuparme. Recuerdo que alguna vez lo vi y me imaginé que acabaría así. Debí de haberlo sacado de este sitio tan gélido.

Camino desesperanzado por este paraje de nieve y escarcha. Desde lejos veo el tronco derribado de un olmo y una alargada mancha roja en la nieve. Me acerco, el tronco está sobre él de la cintura para abajo. Tiene los ojos cerrados. Seguro que le cayó encima mientras dormía; está sonriendo y su rostro parece redundar luz. Ahora veo que así es como debía ser.

Le arranco el libro de sus manos inertes y me dispongo a leerlo junto a un árbol, que es en el páramo como una esquina en un cuarto.

 

 

Daniel Marmolejo

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21 noviembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

2 comentarios »

  1. No sé con cual quedarme…pero creo que me inclino por este. Me gusta la relación que estableces entre los hermanos y el libro. Algunas frases me parecen ingeniosas “como si aquel invierno buscara azotar a mi hermano intentando darle una lección” o “Estoy intentando recordar cómo empezó todo pero solo me viene a la cabeza el momento en que empecé a preocuparme”. Yo hubiera profundizado en la relación entre los hermanos con algunas líneas o algún diálogo donde intentara explicar por qué estaba absorbido por el libro.

    Comentario por Moisés Morán Vega | 23 noviembre 2010 | Responder

  2. es uan digna adaptacion de tu cuento. Me ha gustado bastante

    Comentario por jose | 23 noviembre 2010 | Responder


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