Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La llave

Ya ni recuerdo por qué tuvimos aquella discusión. El caso es que, a diferencia de otras veces, no se disiparon las ganas de perderlo de vista. Yo le tenía un aprecio sincero a este chico, a pesar de que ahora pueda parecer lo contrario. Pero que quede claro que el que se buscó la ruina fue él, desde el día en que conoció al buscavidas aquel en una marcha. Que si iban a hacer esto y aquello.  La otra noche llegó a casa excitado después de robar en una bodega: en mala hora le había dejado una copia de las llaves; lo que faltaba es que me acusaran de encubrimiento. Cuando llamó para pedirme disculpas tras discutir, me soltó que estaba nervioso por los preparativos del atraco al banco. Quién me iba a decir que me lo pondría tan fácil. Ese mismo día, ya entrada la noche, abrió la puerta de mi apartamento y entró silenciosamente. Vino directo a la cama y se acostó a mi lado. Luego se puso a contarme cómo había ido todo y yo hacía que le escuchaba mientras me regodeaba en su final.  Dicen que cuando abrió los ojos se quedó de piedra. Encontrarte rodeado de policías no es lo que uno espera al despertar en casa de su pareja.  Por supuesto, su acto reflejo fue buscar la copia de las llaves en el tocador pero ya no estaban ahí.

Carlos Martín Cabrera

Anuncios

21 noviembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: