Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

El filo del hado

Las Palmas, diciembre de 1.965. En la noche de autos, el hombre se dirigía hacia su casa, sita en la calle Pedro Ramírez, número 25. Paseaba tranquilamente con su maletín de cuero negro por las calles de la bulliciosa Triana cuando algo llamó su atención. Se trataba del quiosco por el que había pasado miles de veces de camino a casa. En sí, el puesto no tenía nada nuevo ni original, pero algo hizo que su mirada centrara sus ojos en aquel lugar. Allí estaba, un libro de tapa negra con letras corintias. Lo compró, y comenzó a leer:

“Mi filo, en esta noche de plenilunio, refleja los fríos y pálidos ojos en el cadáver que ha venido a buscar mi portador”.

A medida que transitaba por la céntrica calle, la algarabía de la gente parecía afectarle más y más. En su interior, algo se revolvía. Se sentía mareado, aturdido. Algo en el libro lo había confundido aún más. Pero no quería ni pensarlo. Es más, se negaba a aceptarlo. Mientras su mente seguía desvariando, su estómago le había sacado una cabeza de ventaja al danzar al son de los villancicos que oía a lo lejos hasta el punto de querer regurgitar. Se detuvo por un momento, en una esquina, y arrojó los pocos bocados y el alcohol que había ingerido en el bar. Apenas sin color, continuó su trayecto al son de las páginas que pasaba:

“La omnipresente mirada del destino y su macabra risa de un solo diente se deja entrever en cada paso del camino que recorres. El gélido aliento de la parca susurra en tu oído”.

-¡Ah! –gritó alarmado-. ¿Qué ha sido ese ruido? –se preguntó el hombre.

Pero nadie le hizo caso. Miró a su alrededor. Miró hacia atrás. Incluso, se dio la vuelta para comprobarlo una segunda vez. Pero no había nada sospechoso. Solo estaban él y el tropel.

-No puede ser. Es solo mi imaginación –se dijo a sí mismo.

Visiblemente más relajado, prosiguió su camino de vuelta a casa. A medida que avanzaba, el rojo teñía las tiendas del lugar y los viandantes, ataviados con lúgubres vestiduras invernales, no hacían más que susurrar y cuchichear. O eso parecía:

-¿Qué te parece? ¿Lo ves capaz? ¿Crees que lo hará?

-Ah, muerte. ¡Qué astuta!

-¿Está loco?

-¡Déjenme! ¡Déjenme en paz! gritó.

Acto seguido, se acurrucó en el suelo. Mientras, palabras y actos sin sentido rondaban en su cabeza, haciendo un bullicio aún mayor que el de la gente. Sus sentidos ya nada podían hacer.

“¿Delirio o realidad?”

Esa fue la frase que desencadenó el acontecimiento de los actos.

Al volver a casa, le esperaba su mujer. Como siempre, el plato de potaje, una rebanada de pan y su copa de vino tinto aguardaban sobre la mesa. Pero, aquella noche, su esposa observó que algo en él había cambiado. Era otra persona. Su rostro, habitualmente sereno y tranquilo, se había tornado poco menos que en un espectro del averno.

-Cariño, ¿te pasó algo? –preguntó la voz, temblorosa.

No hubo respuesta alguna. Solo la del ruido de la cuchara al comer y el sonido de las páginas del libro al pasar.

Al terminar, dejó la cuchara sobre la mesa y se dirigió hacia la cocina en busca del objeto de su locura. Lo cogió por el mango, lo levantó al aire y el filo se encargó de causar una herida que nunca volvería a sanar. Desde entonces, día y noche vive atormentado, desamparado; y ahora, solo, ante el incesante esfuerzo de las tres vengadoras infernales por arrebatarle las escasas luces de las que aún goza, entre muros y oscuridad, hierro y maldad, sin más defensa que sus llantos y lamentaciones, ve cómo su cordura es juzgada y sentenciada a morir a manos del filo del hado que un día encontró de camino a casa.

Alexis Espinosa Navarro



Anuncios

3 diciembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

1 comentario »

  1. Muy interesante el cuento, aunque yo hubiera desarrollado algo más el nudo y el desenlace.

    Comentario por Moisés Morán Vega | 5 diciembre 2010 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: