Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La madre de Cronos

Seis de la mañana. El despertador, inoportuno, destruye el negro silencio de la habitación. Sale de la manta un quejoso rumor que anticipa una mano, un dedo, torpe verdugo del sonido digital. No recuerda cuándo se quedó dormido pero a su lado descansa un libro de filosofía que le comentó algo del espacio, también del tiempo y la inexistencia de ambos. Con un solo ojo mira el maldito reloj. Lamentos de su suerte. Seis y un minuto.

No se había parado a pensar que el tiempo lo esclaviza. Giran irremediables las agujas, se le va la vida, la única que tiene. Se da cuenta que  se preocupa demasiado por puras nimiedades. Su mente decide quedarse en negro. No hace falta parar algo que no existe y si piensa, existes luego el pensamiento no lo detengo. Hoy amanece en su vida sin horas. Lúcido saborea gustosamente un autentico desayuno inglés. Se escucha un canto. El gallo sí que está autorizado a despertar, y los pájaros, y los niños. Las cataratas de su baño arrancan de su cuerpo desnudo segundos de placer, le resbala el agua que cree de manantial. Mmmm… el agua donde todo comenzó en un instante, o quizás en dos. Desnucaría al cuco antes de irse, pero no quiere perder eso que no es porque no existe. Sale de su casa. Mira el cielo: no es de día, no es de noche, sí hay sol, sí hay luna. Se para. Los contempla derramando minutos, es una imagen digna de imaginar mientras camina hacia su carroza pues jamás serán las doce.

No ha llegado tarde al trabajo aunque la cara de su superior parece indicar otra cosa. Teclas y papeles, que antaño, que antes, fueron cómplices del caer de la arena, lenta, como mojada, hoy serán horas de concentración necesariamente forzadas. No hay que darle más vueltas. Es un instrumento, un instante en el discurrir por el mundo, tiene que comer y sin embargo no es excusa para dejar de aprovechar el momento, de dejarse vivir hasta volver a la carroza. Sin embargo, llega un momento en que cree que está bien de labores productivas, recoge, se levanta y ondula entre las mesas de los extrañados compañeros ganando la salida. ¿Y este que hace?

Enciende su carruaje, flota en el asfalto, llega hasta la morada de su damisela. Toque del claxon. Luz en la ventana, luego en el portal, deslumbra al ocupar su asiento y fuego en la cama. Manta, sabanas, almohadas, cama. Son las seis y cinco de la mañana.  

Jose Suárez

 

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3 diciembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

6 comentarios »

  1. No terminé de entenderlo.

    Comentario por Moisés Morán Vega | 5 diciembre 2010 | Responder

  2. La tercera oración del segundo párrafo, esa que empieza con “No hace falta parar…” ¿está bien o hay alguna errata en la sintaxis?
    Yo tampoco acabo de entender la historia. Me forjo imágenes en la mente, como en una película pero se escapa a mi entendimiento, lo cual es algo habitual en mí cuando se trata de relatos alejados de la línea más clara y sencilla y que se adentran en un lenguaje más poético.

    Comentario por Imanol | 5 diciembre 2010 | Responder

  3. Imanol: creo que falta una coma.

    Comentario por Alexis | 9 diciembre 2010 | Responder

  4. El párrafo final me gusta mucho, parece una traca final de fuegos artificiales. También me gustan las imágenes visuales espolvoreadas por el texto.

    Comentario por Carlos | 12 diciembre 2010 | Responder

  5. Genial Jose, me ha encantado, que buen manejo de los adjetivos para transmitir sensaciones, y la concatenación de ideas, para en un par de párrafos describir una situación en la cual, seguro, muchos nos hemos visto. Maldito reloj, que además de marcarnos los pasos de la vida, nos trae desde los mundos de los sueños.
    Un abrazo y sigue así.

    Comentario por Nicanor | 26 diciembre 2010 | Responder

  6. A mi ese estilo poético me gusta mucho. Creo que las imágenes, como se decía por ahí, están muy logradas. El ritmo rápido y entrecortado me hace el relato más entretenido y a la vez me transmite la sensación de atropello del personaje, del mundo moderno y, en fin, de la vida. Además me gusta mucho el uso que haces del idioma, juegas con él y lo haces bien. Felicidades por el relato.

    Comentario por Marisol | 22 enero 2011 | Responder


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