Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La vida era más fácil antes

Veía la vida mucho más fácil ahora. Todo estaba encajando y las cosas se estaban dando por sí solas gracias a aquella cartera tan extraña que me habían regalado, sin la cual no podía vivir.

Comenzó todo con que hace unos tres meses me interesé por un coche y coincidieron aquellas fechas con aquel insólito regalo. Metí todo mi dinero en la cartera: unas monedas, un billete de cinco euros y otros dos de veinte. Ojeando aquel y otros coches de la marca de la casa me di cuenta de que estaban fuera de mi alcance, todos eran muy caros. Y, al salir, algo resignado, un hombre que aguardaba en una esquina me pidió dinero. Al principio le dije que no tenía; él insistió y, después de intentar evadirlo sin conseguirlo durante unos minutos, acabé por darle unas monedas.

Justo un día después, un lunes, sucedió algo increíble. Yo me alisté para ir a clase, a aquel módulo de mecánica. Como cada lunes, y como cada día que tenía que ir al módulo, desayuné fuera de casa en una cafetería no muy lejos de allí. Pedí un café y puede que un cruasán, quizás un donut. Pagué con el billete de cinco y unas monedas. Después de dejar la cuenta en la mesa noté lo que había pasado. Me senté otra vez y abrí la cartera de nuevo, sorprendido vi como volvía a haber unas monedas y un billete de cinco. Creo que incluso había unas monedas más.

Aquel día no asistí a clase, impresionado por aquello; estuve todo el día sacando y sacando billetes de la cartera. Cuanto más dinero cogía, más billetes y de más valor salían de allí. Mis padres se enfadaron mucho porque no fui a clase. Hubo una discusión y recuerdo que intentaron avisarme y yo me fui. Me compré el coche que quería, fue lo primero que hice. Tendría que buscarme un sitio donde vivir también, así que, con aquella cartera, me compré la entrada para un dúplex amarillo en La Minilla. Empecé a vivir una vida desmadrada, no estudiaba y gastaba el dinero desenfrenadamente.

Todo me iba bien, hasta que ayer domingo abrí la cartera y no había nada dentro. Metí dinero y la abrí, y me dispuse a sacarlo para abrirla nuevamente y encontrarme con ese mismo dinero; pero en vez de eso el dinero desapareció, como si la cartera quisiera que le devolviese todo lo que me había prestado.

Hoy lunes tampoco hay nada dentro. Me irrito, me tiro de los pelos, pero la cartera no me va a dar más dinero. No he podido pagar la hipoteca de este mes, supongo que venderé el coche y los pocos muebles que he comprado. Buscaré trabajo, aunque dudo que lo encuentre, porque no he hecho bachillerato y no acabé un módulo de mecánica que una vez me propuse hacer. Y la suerte, que parece que se la haya tragado la cartera con todas las demás cosas como si fueran intereses.

Mi vida se está tiñendo de un azul triste. Estoy sumido en desesperación y paro y crisis. Queda un rescoldo del amarillo de aquellos fructíferos días que, mezclado con este azul intenso origina un verde: ojalá que tiña mis días de algo más que de esperanza.

Daniel Marmolejo

 

Anuncios

3 diciembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

1 comentario »

  1. Daniel, buen cuento. Eso mismo es lo que muchas veces hemos soñado; que no se termine el dinero de la cartera, pero siempre se acaba terminando. Es el destino del dinero, acabarse.

    Comentario por Moisés Morán Vega | 3 diciembre 2010 | Responder


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: