Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Otra versión de T’sin Kiu Po

Tenía 70 años y, por más que pensaba, no podía creer que sus dos nietos hubieran querido matarle. Una y otra vez revivía el suceso:

Salía de la taberna como siempre borracho y, aunque vivía en un arrabal donde la droga corría como la pólvora y las mafias pupulaban a sus anchas, nunca  le agredieron o robaron, pues todos lo conocían y sabían que gracias a la fortuna que poseía (al menos es lo que se comentaba), podía comprar voluntades y hacer favores, lo que le permitía a su vez tomarse la justicia por su mano y conducir de forma férrea y despótica a su familia.

Esa noche, se acercaron sus dos nietos y con la excusa de ayudarle le  llevaron a un descampado, donde le agredieron brutalmente tras gritarle:

-Te vamos  a matar, viejo usurero; todo será nuestro y no tendremos que aguantar más tus vejaciones y malos tratos.

Ante la imposibilidad de defenderse, optó por hacerse el  muerto, ardid que dio resultado, pues los muchachos le abandonaron.

Sus nietos juraron y perjuraron que no fueron ellos, que  seguro que fueron algunos pandilleros a los  que su abuelo siempre estaba amenazando y recriminando.

Creyó sus excusas, pero no dejó de rumiar el suceso.

Otro día fingió estar borracho y fue por los alrededores de la taberna, esta vez vio venir a sus nietos, pero estaba sobre aviso y, de un certero golpe los derribó. No estaba seguro quienes eran, daba igual, lo lamentarían, los azotó y maniató. Pero al día siguiente habían huido; en su fuero interno lamentó no haberlos matado.

Sus nietos insistían en que eran mafias o pandilleros, que ellos jamás atentarían contra su abuelo.

Pasó el  tiempo, pero no olvidaba y al cabo de un mes, decidió volver a la taberna y hacerse nuevamente el borracho. No obstante, esta vez iba preparado, nadie abusaría de él. Sin que su familia lo supiera llevaba una pistola y, no se le escaparían, no.

Pasaban las horas y el patriarca no volvía; pese a lo avanzado de la noche, los nietos se ofrecieron para salir a su encuentro.

Él los vio venir, creyó reconocer a los macarras que le atacaron anteriormente y, sin pensarlo, descargó la pistola sobre ellos.

Al día siguiente se supo, eran sus nietos…

Esther Quijada

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3 diciembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | , ,

1 comentario »

  1. Una versión muy actual, muy negra.

    Comentario por Moisés Morán Vega | 5 diciembre 2010 | Responder


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