Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La goma de borrar

Teatro de marionetas. Esa es la enseñanza hoy en día. En un instituto. Sentada en la reunión observo al director de mi centro, haciendo muecas con la boca, que el pobre hombre cree palabras. Mientras, reposo mi mano derecha sobre una goma de borrar, la manoseo sin apenas darme cuenta. Es una forma de relajarme, porque no quiero estar allí. Pienso en el mar, que queda cerca. Miro la luz que traspasa la persiana como yo quisiera traspasar aquel absurdo de mentiras manoseadas. ¿Manoseadas?… Entonces me doy cuenta: mi mano derecha está difuminada. Vuelvo los ojos, tensa, hacia mi mano izquierda. Está perfectamente, yo diría que casi me sonríe. Medio segundo de uff, menos mal, porque, claramente, la derecha se va desdibujando, aunque, es curioso, la goma de borrar ocupa su lugar con una nitidez aplastante, se arropa en el hueco de una mano que se va yendo sabe dios a dónde. Observo inquieta a mi alrededor, nadie se ha fijado, la verborrea vacua ha petrificado los sentidos de la gente, ¡qué alivio! Intento un movimiento ligero de la mano que casi ya no existe, sobre el papel, y sí, la goma sigue haciendo su función, borra las estupideces fotocopiadas, escritas por algún pedagogo errante de la Consejería de Educación. Esto me da nuevos bríos para experimentar. Meto despacio la casi-no-mano por debajo de la mesa y borro un pedacito de mi pantalón y de mi pierna, continuo con el trocito de pantalón de mi compañero de Religión, que está a mi lado. Me dan ganas de borrarlo por completo, rápido, sin darle tiempo a defenderse, porque creo que nunca debió estar ahí, pero me contengo: tiene un hijo. También los meapilas de Benedicto tienen hijos y, a fin de cuentas, los hijos de los profesores de Religión no son profesores de Religión, ¡pero pueden llegar a serlo! Prefiero no pensar más en ello. Me paro y comprendo que he hecho un enorme descubrimiento. Miro fijamente al director. Él se siente intensamente observado, y fija su mirada en mí. Le sonrío. Le sonrío como quien despide a un conferenciante al que he tenido que llevar al aeropuerto por cortesía. Saco la mano de debajo de la mesa y la levanto. La levanto con ese gesto universal que hace todo profesor cuando borra la pizarra. 

Sacha Sotolongo Otaño

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19 diciembre 2010 - Posted by | Cuentos, General | ,

2 comentarios »

  1. notable+

    Comentario por Aridane Martel Torres | 21 agosto 2012 | Responder

  2. En mi opinion el diseno grafico de esta pagina esta para recomendarlo.

    Comentario por Porque Me Siento Solo Y Triste | 16 octubre 2012 | Responder


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