Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Trilogía de la verruga

 Maestro  de  verrugas

Érase una  vez un hombre unido a una verruga, sellaba su rostro una excrecencia  enorme y deforme como la isla de Madagascar. Instalada en su mejilla izquierda, la erupción tuvo que aguantar durante años besos equivocados, miradas contemplativas y humos de cigarrillos que de alguna forma trataban de cocerla poco a poco hasta que se fuera.

Señor de la paciencia, el pobre Juan Ramón tuvo que aguantar resignado su textura rugosa, la afición a su carne, sus eternos silencios y sobre todo su fijación obsesiva a no quererse ir por las buenas. Fruto de eventuales rascadas, fluía de la misma una ínfima cantidad de sangre.

Premio a su paciencia, cuando se operó y la verruga se fue, dejó en su rostro una leve mácula en forma de cicatriz en cuyo surco ya sólo cabe una lágrima. Expulsarla de su rostro no era sino una forma existencial de enseñarle que allí no tenía por qué estar y que a sus futuras compañeras les haría lo mismo.

Ahora, cuando lo veo, echo de menos la verruga, al mismo tiempo que veo cómo la leve cicatriz se curva en su templada mejilla cuando sonríe. Como solemne acto de memoria histórica, si le voy a coger el moflete, le cojo el de la otra mejilla por si acaso se mosquee.

 

Historia de la paciencia

Hola, yo soy “el de la verruga”. Me empezó a salir a los 16 años y me la vine a operar a los 46 para quitármela; fue hace un año. Lo que me salió en la cara se opera fácil; ya no es ciencia, es paciencia para que me den cita con el cirujano en la Seguridad Social. Sí, lo digo porque me decidí a quitármela a los 43 por miedo a que fuera maligna y se fuera a reproducir de nuevo. La verdad es que antes ligaba más, porque la gente se me acercaba para mirarla: actuaba como una especia de reclamo social. Cuando hablo con Fran me comenta que quiere escribir algo sobre mi historia y me parece bien. La verdad es que estaba harto de hurgármela, coño. A ver si me sacan de una vez en un programa de Televisión Canaria.

 

Ella también habla

Hola, yo soy eternamente silente, microorgánica, lenta en aparecer y mucho más en marcharme. También soy discreta pero tengo el gran defecto de mi horrorosa fealdad. Me genera un virus que me hace transitar de las pieles de unas personas a las de otras. Prefiero ubicarme en las caras, para ser más conocida. Además así, por pequeña que sea, me entero de posibles secretos de Estado si estoy en la cara de algún político.

Sinceramente, cuando me instalé en la cara de Juan Ramón pequé de indiscreción, porque era enorme. A veces menstruaba cuando él me rascaba, pero eran flujos leves en cantidad y de un rojo claro que apenas se notaba.

Al final acabé haciendo la promoción de unos anticonceptivos de producción masiva. Véase:  preservativos “La verruga”, ni se encogen ni se arrugan.

 

Epílogo

¡Y yo Señor Todopoderoso, os mando verrugas para que es entretengáis, para medir vuestra paciencia!  ¡En un acto de benevolencia ya no os mando la peste o el SIDA, ahora esto para que os cojáis la vida con más Filosofía!  Entretanto me voy  pensando lo que os mandaré más tarde, no sé, no sé yo…

José Francisco Costa Medina  [Fran Smith]

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24 enero 2011 - Posted by | Cuentos, General | ,

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