Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Al otro lado

Otro día aburrido, otro menú de 7´50 sin pretensiones, siempre ventana,  palco de primera, ir y venir, nada de interés o eso creía.

La primera vez que vio a Sofía se le abrió el apetito. 1´70, pálida, sudadera roja, despreocupada. Se cubría la cabeza mientras corría. La lluvia la encontró al salir y la capucha de la sudadera le cubría parte del rostro. Parecía que eso la hacía invisible a todos, a todos menos a él. Quién podía adivinar el rugido, esas ruedas dentadas girando dentro, abriendo las mazmorras, conjurando. En ese instante, solos, Sofía y el cuento.

Su mirada felina la siguió desde el mismo instante en que reconoció su llamada. Tres meses apurando el pitillo en la ventana, en aquella cafetería con flores de plástico, olor a sudor y aceite requemado. Ese cristal empañado y el humo, revelaban a Sofía, desde aquel lugar mediocre, como una aparición. Todo se movía lentamente, los tintineos de los cubiertos y platos, lo aislaban del mundo con un ensordecedor sonido metálico.

-Son 7´50 señor -resuena de pronto.

-¡Puto cabrón! –pensó-. ¡No se interrumpe a un cazador! -se dijo para sí. Deja caer las monedas con desprecio y aprieta los puños. Clava una sonrisa al camarero y se va.

Había estudiado cada uno de sus pasos desde la distancia, así la disfrutaba pequeña, apenas un borrón en medio de los grises, un trazo caprichoso. La tapaba con su dedo índice, en perspectiva y sintió el delirio del  creador.

Martes 27, está decidido. La esperó al final de la calle y se precipitó hacia ella para forzar un tropiezo, estrategia nada sutil claro, pero efectiva.

Su carta de presentación, una sonrisa convincente y un tartamudeo a modo de disculpa.

-No te preocupes, iba despistada.

-Lo lamento -dijo-, voy como loco a casa, tengo que sacar al perro. Llevo todo el día fuera y estará hecho una fiera, y ambos rieron.

Se le quedó pegada en los dedos, así que tras su marcha, al doblar la esquina, se frota una mano contra la otra, despacio, como si quisiera modelar la sensación.

Unos cuantos encuentros “casuales” por la vecindad, unos libros prestados, algunos pequeños favores y ya era el vecino perfecto. Cuán sobrevalorada está la bondad.

Allí estaban, la luna cortada y Sofía. Llevaba dentro del pecho las bestias, la sangre palpitando en la sien, la respiración entrecortada, la boca seca, el aire helado, la calle muerta. Bajo su sonrisa, una daga y, anclado en el asfalto, pensó: ¿y bajo esa capucha?

Sonia Guedes

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14 mayo 2012 - Posted by | Cuentos, General | , , ,

6 comentarios »

  1. Hola, Sonia. Me gusta el modo casi telegráfico con el que está contado, cómo “Clava una sonrisa al camarero”, cómo “Se le quedó pegada en los dedos… como si quisiera modelar la sensación”, cómo utilizas las enumeraciones y me gustan especialmente dos párrafos: el final y el de “Había estudiado cada uno de sus pasos desde la distancia, así la disfrutaba pequeña, apenas un borrón en medio de los grises, un trazo caprichoso. La tapaba con su dedo índice, en perspectiva y sintió el delirio del creador.” (aunque en este yo hubiera puesto dos puntos tras “disfrutaba”, pero eso es solo cuestión de gustos). Un saludito y hasta la tarde (si el calor no nos derrite antes). 😉

    Comentario por Raquel | 14 mayo 2012 | Responder

    • Hola Raquel, gracias por tus comentarios, me lo he pasado genial escribiendo desde el lado oscuro de la fuerza jajaja. Además es que empecé a escribirlo en un bar así como el del cuento, es que hay muchos claro y en servilletas de papel, y me interrumpió no un camarero, sino una niña encantadora para preguntarme si escribía una historia o una carta porque ella y su padre estaban apostando, vamos increible, total que aproveché esa ruptura real en la convertí en literaria. Por supuesto, yo no le clavé la sonrisa a la peque jajaja. Me alegra haber podido hacerte sentir.

      Comentario por maría sonia guedes ortiz | 14 mayo 2012 | Responder

  2. Hola Sonia. Me ha gustado mucho. Esa forma de contarlo, de frases cortas y contundentes, va dejando sensación de que el momento cumbre se aproxima de manera implacable. Me ha sido muy fácil imaginarme al tipo siniestro fumando un cigarro tras otro en un antro, mientras observa a su presa desde la ventana. Genial. Hay muchas frases que me gustan, coincido con Raquel en muchas de ellas, pero me quedo definitivamente con el párrafo final. Guau! o debería decir: Auuuuuu!!!

    Comentario por Luz Alonso | 15 mayo 2012 | Responder

    • ¡ Auuuuuuuuuuuuuuuu compañera !, no sabes qué rico saber que sentiste a la bestia. A mí me fascina el lado oscuro que tenemos dentro lo confieso jajaja, mi lobo particular, el cazador, no me resulta siniestro ni desagradable, me resulta fascinante, le respeto intelectualmente. Ese misterio de cómo se encuentran sus pensamientos y emociones hasta un acto tal, es digno de meditar. Me gusta meterme en su piel y sentir palpitar a mi bestia y a la vez poder reconocer su aliento en mi nuca, siendo observada, son ideas que me seducen, que me permiten experimentar desde la ficción. El cazador tal vez no andaba solo, tal vez se encontró con otro lobo con piel de cordero, nunca sabemos con quién nos vamos a encontrar al otro lado, nunca sabemos con qué cuento vamos a tropezarnos y eso es realmente lo exitante. Así que deseo muchas noches de luna para tí.

      Comentario por sonia guedes | 15 mayo 2012 | Responder

  3. Hola, Sonia.
    Tengo un amigo que dice que siempre hay que reescribir el primer párrafo, que el primero que escribimos solo sirve para coger carrerilla. Yo le suelo hacer caso una vez de cada veinte, pero diría que en tu cuento no hay que reescribirlo, hay que eliminarlo, el cuento empieza en el segundo párrafo.
    En el segundo párrafo, la frase no la entiendo, o no entiendo la intención. Me parece muy forzada y ese “quién” con acento y sin signos de exclamación… no es que esté mal, pero no está bien, es un tropiezo en la lectura. Imagino que lo que quiere decir es que solo (solamente) lo podían adivinar (el rugido) Sofía y el cuento. Si es eso lo que significa, tampoco tiene sentido, Sofía no tiene por qué adivinar nada, hasta ahora no es consciente de que la están espiando, u observando, de esa manera. Digo que si es esto lo que significa “tampoco” tiene sentido, porque de la otra forma, la de que están solos Sofía y el cuento, tiene menos sentido (o yo no lo encuentro, cosa que es muy probable).
    “Su mirada felina la siguió… (la mirada felina es el sujeto de la oración)… desde el mismo instante en que reconoció su llamada. (¿La mirada felina reconoció su llamada? Creo que lo mejor es poner de sujeto al lobo: “La siguió con mirada felina desde el mismo instante en que reconoció su llamada.” Aunque pienso que habría que especificar qué era esa llamada.
    “Todo se movía lentamente. (punto)” Bla, bla, bla, (el resto).
    Desde la intención de “clavar la mirada” al camarero y hasta el “delirio del creador” me parece sencillamente genial. Esto merece un cuento para sí solo.
    “Se le quedó pegada en los dedos… ¿el qué?”
    “Allí estaban, la luna cortada y Sofía. Llevaba dentro del pecho las bestias… (cuando elidimos un sujeto tendemos a pensar en el de la última frase, es por eso que se tiende a pensar que es Sofía la que lleva dentro de su pecho las bestias; la luna no tiene pecho, no sería lógico pensar que fuera ella.
    Si escribes en el Word puedes conseguir la raya para los diálogos pulsando las teclas CTR+ALT+(signo menos del teclado numérico). Te un falta una raya (pusiste una coma) antes de “y ambos rieron”.
    Cojo (creo) a grandes rasgos entender lo que pretendes, pero tengo que hacer yo el esfuerzo, no me lo transmites en lo escrito. Es más que probable que el fallo sea mío.
    Un saludo.

    Comentario por P. Conde | 18 mayo 2012 | Responder

  4. Perdona por no responderte antes, es que no había visto hasta ahora el comentario. Creo que no has podido entender el cuento, pero esa es mi forma de escribir, así es como lo disfruto. Me encanta este cuento, creo que tiene fuerza, pasión y oscuridad, la que sentí para contarlo, tal vez otra lectura podría acercarte a las bestias de las que hablo o tal vez no, tal vez esas bestias no te hablaran a tí, tal vez buscas otro cuento. Creo que un cuento no puede ser descifrado tiene que ser vivido y si no es así, no eres la lectora para la que lo escribí.

    Comentario por maría sonia guedes ortiz | 23 mayo 2012 | Responder


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