Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

La Bella Durmiente

Tic, tac, tic, tac… El reloj de la pared del fondo seguía funcionando. Hmmmm, en nada vendría el anciano a darle cuerda. Alguna vez, por puro aburrimiento, había contado los tictacs entre las idas y venidas del anciano. Otras veces contaba sus pasos desde que lo escuchaba abrir la puerta de abajo hasta que llegaba arriba. Al principio era joven. Lo oía subir los peldaños de dos en dos. Más tarde de uno en uno, y ahora, además, lo acompañaba el taconeo de un bastón. Luego le llegaba el ruido de la gruesa llave de hierro al girar la cerradura, y el chirriar de la puerta de madera. El anciano entraba, abría la ventana, se movía por la habitación canturreando y se marchaba. No podía verlo, pero sabía exactamente en qué sitio estaba y qué hacía: aireaba las cortinas, sacudía las alfombras, quitaba el polvo a los cuadros y, antes de irse, daba cuerda al reloj. Qué previsible. Tremendamente previsible.

Alguna vez también venía ella. Nunca la oía subir, porque se deslizaba como la brisa. Pero en cuanto se abría la puerta, el olor a flores recién cortadas se extendía por toda la estancia. Se acercaba a ella, le colocaba bien las sábanas y la colcha, y a veces la peinaba. Le gustaba sentir esas caricias en su pelo, y sus manos pequeñas y suaves retirándole el flequillo del rostro. A veces le hablaba, le contaba lo apuesto que era el hijo del molinero, el pastel que había preparado para la fiesta de la cosecha… Cuando se marchaba, su corazón se encogía. Ojalá pudiera decirle que no se fuera, que se quedara con ella, que siguiera contándole cosas. Que se aburría cuando estaba sola. Que morirse no era como le habían dicho. Que no había una luz cegadora hacia la que andar. Tampoco unos seres alados que venían a buscarla a una, tocando arpas y trompetas doradas. Ni siquiera había un infierno lleno de hogueras y diablitos bailando alrededor del fuego. Morirse era quedarse estático, con todos los sentidos alerta, pero sin poderse mover, esperando vaya usted a saber qué. Era aburrido. Tremendamente aburrido.

El sonido de unos pasos en la escalera la trajo de vuelta a la realidad. El anciano, con el rítmico repiqueteo de su bastón. Y… alguien más subía por la escalera, con determinación. La curiosidad la puso en alerta. ¿Quién vendría a visitarla?

La puerta se abrió y, por un momento, se hizo el silencio. ¿Qué ocurría? ¿Por qué no entraba esa persona? ¿Quién era y qué era lo que buscaba allí? De repente, el recién llegado se puso en marcha, acercándose a ella. Escuchó al anciano murmurar algo desde el umbral. Más desconcierto. La madera crujió cuando el desconocido se sentó en el borde de la cama. Supo que la observaba, e inspiró, aunque sabía que nadie podía notar que lo hacía. Olía a bosque, a cuero, a tierra húmeda, a hierba recién cortada. Y supo inmediatamente que algo en su vida iba a cambiar para siempre. Su corazón se aceleró, retumbándole en los oídos. Y lo siguiente que sintió fue un ardor en los labios, un calor que se extendía por su cara, por su cuello, que bajaba por su cuerpo y se derramaba por sus extremidades, causándole una extraña picazón. Intentó mover un pie, sabiendo que, como siempre, sería en vano. Pero el frufrú de la sábana le indicó que, esta vez, estaba equivocada. ¿Sería verdad que había podido moverse? Movió un dedo y, con la yema, pudo sentir el tacto del tejido de Damasco que la cubría. Con emoción, abrió lentamente los pesados párpados y se asomó a unos ojos profundos que sonreían. No era el diablo con su tridente y una fogata en el rabo. Tampoco era la luz cegadora. No. Era mucho mejor. Bastante mejor. De hecho… tremendamente mejor.

Luz Alonso

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14 mayo 2012 - Posted by | Cuentos, General | ,

6 comentarios »

  1. Hola, Luz. Espero que nos conozcamos esta tarde. Me gusta que hasta la quinta línea no se sepa si está narrado en tercera o en primera persona (quizá en esta última habría tenido más fuerza, pero eso es solo una opinión personal). Transmites muy bien los olores y las emociones: el aburrimiento (quizá sea innecesario que lo nombres en el primer párrafo porque consigues mostrarlo a la perfección), el sentirse acompañada por la campesina, el despertar que le va recorriendo el cuerpo a través del beso. Me gusta cómo nos enteramos de que la chica lleva así mucho tiempo por medio del sonido de los pasos del anciano, cómo descubrimos que la segunda visitante es una campesina por las cosas que le cuenta. Quizá “el corazón se le encogía”, en mi opinión, es un poco tópico y nos podrías haber mostrado cómo se sentía la chica, igual que lo hicieste en las demás ocasiones. Me parece que delimitas muy bien los párrafos según nos vas presentando personajes. Me gusta que ella no se crea dormida sino muerta. Me gusta cómo utilizas la frase repetitiva al final de cada párrafo (propia de los cuentos clásicos), aunque el “Tremendamente” la primera vez que lo leí me chirrió unn poco, luego funciona muy bien con el uso de la repetición. Y, en general, siempre me gusta “que los ojos sonrían”. 🙂 Un saludo.

    Comentario por Raquel | 14 mayo 2012 | Responder

    • Hola Raquel, muchas gracias por tus comentarios, me aportan muchas cosas positivas y me ayudan mucho a mejorar. Como comenté ayer, empecé a escribirlo en primera persona, luego cambié porque pensé que me alejaba mucho del cuento, y al final me quedó algo intermedio, porque no lo cuenta ella pero sí que salen a relucir sus sentimientos. Lo del “tremendamente” era por añadir algo ¿cursi? , como de princesa algo pija. Me alegra que te gustara. Un saludo!

      Comentario por Luz Alonso | 15 mayo 2012 | Responder

  2. Hola, Luz. Me ha gustado mucho. Coincido con Raquel en el que el último “tremendamente” no encaja del todo, aunque le da al cuento un cierto aire infantil que lo acerca al que conocemos de siempre.
    Por poner pegas:
    En el primer párrafo vemos el paso de los años en los otros pasos, en los del que viene a darle cuerda y va envejeciendo con los años. Tenemos el título que nos da una pista de lo rápido que transcurre el tiempo en esa parte de la historia en la que no pasa más que eso, el transcurso de los años, de los decenios, pero hasta que no lo leemos del todo, o por una segunda vez, se queda una incógnita envolviendo lo que leemos que necesita resolverse. Pienso que estorban para esa resolución lo oculto del narrador, no sabemos quién ni qué forma tiene, nada.Tenemos también el que por rutina, por inercia no le pondríamos la facultad de pensar y sentir a la princesa. El caso es que durante todo el primer párrafo estamos construyendo castillos en el aire. Pienso que el comienzo de un cuento debe ser aclaratorio. Igual le hubiera venido bien decirlo rodeos. ¡Quién sabe!
    Imagino, no puedo dejar de hacerlo, estar encerrado en un cuerpo sin poder hacer nada, durante cien años y teniendo mis facultades mentales plenas. Me hubiera vuelto loco a los dos meses.

    En definitiva, me ha parecido muy buena versión.
    Un saludo.

    Comentario por P. Conde | 14 mayo 2012 | Responder

    • Hola Pedro. Muchas gracias por tus comentarios. En cuanto a lo de aclaratorio… precisamente quería lo contrario, picar la curiosidad. Pensé en no dar título al cuento, para que cada uno, al empezar a leer, pensase: ¿qué cuento es éste?. En cuanto al narrador… pues no creí necesario que lo contara nadie en concreto. Y sí, yo creo que también me habría vuelto loca, pero ella se lo tomó con real resignación. Por algo era una princesa, no? 😉

      Comentario por Luz Alonso | 15 mayo 2012 | Responder

  3. Ehhhhhhhhhhh me ha gustado mucho. Me ha gustado tanto que me habría encantado más espacio para meternos en ella, creer que estas muerta y que te han estafado.
    Yo me quedo con el “tremendamente”, me parece genial porque me la imaginaba toda señorita con el típico gesto de cabeza ladeada y brazo contrario extendido con la mano caída, me pareció cómico, además ella en ningún momento está angustiada, parece tranquila y aburrida, es buenísimo y el “tremendamente” es todo suyo. También ese beso desde dentro de ella está rico, ese ardor que le recorre todo el cuerpo desde los labios hasta el último rincón, yo creo que los 100 años se le hicieron un suspiro ante tanta emoción, momentos como una vida entera.

    Comentario por maría sonia guedes ortiz | 14 mayo 2012 | Responder

    • Hola Sonia, muchas gracias por tus comentarios. Me alegra que te haya gustado. Efectivamente, con lo del tremendamente quise dejar ver que era una princesa (de las de antes, porque… cómo cambiarían los cuentos!!). Un saludo!

      Comentario por Luz Alonso | 15 mayo 2012 | Responder


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