Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

No era un reloj cualquiera

Si el reloj no marcara las horas, ¿qué marcaría?, me pregunté una noche de Fin de Año. No hallé la respuesta a tal pregunta ansiosa, pues estuve meditando solo un instante antes de que llegara Carla a la escena de nuestro encuentro. Todo estaba cuidadosamente preparado para actuar. Me hallaba debajo del gran reloj de la Catedral; aquel que había sido construido para que los hombres no perdieran la cuenta del tiempo pasado, para contabilizar las horas de agua de las huertas riberizas del barranco, en fin, para controlar el tiempo. Y era eso, el tiempo, lo que iba a pasar más lentamente por mi vida en ese instante.

Nos conocimos una noche fría de invierno, hacía cinco años, bajo ese mismo reloj. Y ese mismo Fin de Año había empezado nuestra relación. Los dos estábamos solos, pero nos apasionaba esa noche. Para no sentir la punzante herida de una solitaria despedida de año, me acomodé entre el bullicio de la gente que allí estaba con casi idénticos motivos, o bien otros, pero pensar así era mi consuelo. Carla, joven y pizpireta, había bebido esa noche un poco de champán. «Por las fiestas», solía decir en su solitario brindis. Yo, abstemio, recordaba todo lo sucedido y hasta el tic tac del reloj quedó grabado en mi memoria, como el palpitar de mi corazón cuando la conocí. Fue una mera casualidad, solo una fugaz conversación para un comienzo, y cada año estaba allí, bajo el reloj, para encontrarnos.

Este año, cuando Carla llegó, a las doce menos cuarto, me saludó alegremente, como siempre. Entonces, me dispuse a hacer mi petición, para la que tanto me había preparado todo el año. Saqué un anillo, hinqué mi rodilla y, en el suelo sucio de la plaza, le hice la pregunta, que tanto me inquietaba, al son de las campanadas:

—Carla, ¿quieres casarte conmigo?

—Pero, Eugenio, hombre, si apenas nos conocemos. Solo somos conocidos del reloj de Fin de Año –me dijo otra vez Carla, por tercer año consecutivo, algo achispada.

 Auxiliadora Rodríguez Suárez

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31 mayo 2012 - Posted by | Cuentos, General | , ,

7 comentarios »

  1. Lo primero: yo aquella noche le habría dado el sí quiero, jajaja, en fin, romántica incurable y amande debota de lo que denomino con total admiración “un personaje”. Empezar la cuenta atrás de la noche de Fin de Año preguntándose por otras posibilidades para un reloj, es que hace que me caiga bien desde el principio, ¡cosa tan linda de persona!. Escoger la noche de Fin de Año me parece buena cosa, creo que da para mucho, parece que todo puede ser posible, llegamos con todas las ganas o rotos a esa noche, nos esforzamos por tratar de que todo sea especial en ese momento o que al menos lo parezca, vamos, es una noche con mucha literatura jijijiji y si resulta que se convierte en una noche más, tratamos de gesionar mejor o peor el sentimiento de fracaso, en fin, los rituales, lo bueno y malo de la cosa.

    También creo que de refilón tocas temas como posibles formas de entender una relación, qué es conocer a alguién, ¿cuánto necesitas saber de alguien para querer compartir el resto de tu vida a su lado?, tal vez, ¿no es suficiente con ser capaces de estar dispuestas a desear juntos que pasen en nuestras vidas cosas extraordinarias, ya sea bajo un reloj o en la parada de la guagua? Ahhhhhhhhhh me ha gustado, me abre muchas cosas, me dejó pensando con ternura además, gracias.

    Comentario por Sonia Guedes | 3 junio 2012 | Responder

  2. Se me parece que en este relato hay un mucho de deseo ¿o me equivoco?que mala soy.Te deseo lo mejor en todo lo que hagas,sabes que te quiero mucho.BESOS DE MARTINA

    Comentario por TERE | 3 junio 2012 | Responder

  3. Hola, Auxiliadora. Pobrecito mío, menudo tesón. A este no pareció funcionarle lo de a la tercera va la vencida, jejeje. Me parece que lo has jugado muy bien, es inesperado, a la vez que verosimil y con el encanto de las anécdotas que dejan una sonrisa en los labios.
    Un saludito.

    Comentario por Raquel | 3 junio 2012 | Responder

  4. Hola a todos, disculpen por no responder antes, pues lo cierto que respondo una por una: Es cierto, Sonia, que el tema del fin de año y lo que planteas es romántico. Yo no tenía claro el punto de vista que iba a tomar para los demás, si algo cómico, si romántico, pero creo en todo caso que pretendía y aspiraba a ser simpático, algo que no sé si he conseguido. Supongo que hay tantas lecturas como personas. Gracias por tu comentario, que como todos los demás me ha enriquecido. ;). En cuanto a Martina, siento no darte la razón, pero supongo que la lectura de cada cual es libre, pero no, no creo que sea el deseo el que motiva el texto, más bien la soledad, el sentimiento amoroso del flechazo hacia una persona que no conocemos apenas, pero que nos demuestra que puede ser compatible con nosotros, y, por otro lado, está la posible visión cómica del asunto, ella no se deja o tiene otro concepto de una posible relación, al contrario que Eugenio. A mí, personalmente, es cierto, Raquel, me saca una sonrisa cuando termina el diálogo final. Hay algunos que no se rinden y que no saben lo que es aceptar un no como respuesta. Muchas gracias por los comentarios de todas y por sus apuntes. P.D. Martina, sabes que es mutuo, amiga.

    Comentario por Auxi | 3 junio 2012 | Responder

  5. Hola, Auxi.
    Yo tengo que decir que no me ha gustado. Eso sí, yo solo soy uno, y esto es un gusto. Ya sabemos que suceden cosas increíbles. Alexis nos contó algunas de esas casualidades que pasan y que no hay forma de creérselas cuando hablamos de la verosimilitud. Dos chicos que solo se ven durante fin de año, en medio de un tumulto, se encuentran cada año, sin que haya convenio en ello, y, viviendo en la misma ciudad, supongo, no quedan en verse en otras ocasiones. Él está enamorado de ella, y ella le rechaza por tercer año consecutivo… (estos puntos no son para molestar a Alexis, pretenden hacer una pausa dramática que manifieste mi incredulidad)
    Los tíos somos mu tontos, y como dijo ayer el profe, capaces de cualquier cosa por un quiqui, pero no me lo creo, ni como algo cómico. Para ello me hace falta que me vayas preparando el terreno.

    Te señalo que hay un “solo” que es ambiguo en la segunda frase. Te diré, como curiosidad, que desde que la RAE dijo que ya no se acentuaba en ninguno de los casos, significase lo que significase, para los casos estos es los que no queda claro, la única solución que propone es la de construir la frase de otro modo. “… estuve meditando solo un instante antes de que…” Mejor un “No hallé la respuesta a tal pregunta ansiosa, pues solo pude meditar un instante antes de que llegara Carla a la escena de nuestro encuentro.”

    Un saludo.

    Comentario por P. Conde | 5 junio 2012 | Responder

    • Hola, Pedro,
      Supongo que es algo personal y, como siempre, escribimos desde una óptica muy personal. Yo creo que la historia si es verosímil, vamos, te lo aseguro hasta en casos aún más raros. En cuanto a las motivaciones, no soy hombre, claro, pero es cierto que aún hay personas solitarias que buscan compañía, pero todo es posible. Por otro lado, yo no he aclarado, creo, si ellos quedaban allí cada fin de año o no, eso se sobreentiende, pero el texto no es claro en ese tema. Sé por experiencia que hay hombres muy miedosos a un rechazo hasta el punto de no ser capaces pese a gustarles alguien de decirle a una mujer que les gusta o pedirles una cita y sólo en un momento como ése, creo, que Eugenio se atrevía entre la multitud y con las fiestas y aprovechando que Carla estaba achispada, a pedirle algo como el matrimonio. Tiene algo de romanticismo en ese aspecto la historia, pero es cierto, que hay historias más raras créeme, sobre todo, lo sé por propias experiencias personales. Quizá no fue acertado decir lo de que podía ser cómico, porque yo no lo veía tampoco claro el enfoque que le daría la gente. Gracias por tu comentario. P.D. No fui a clase ayer porque estoy enferma y pendiente de operarme hoy, así que no pude oir lo que Alexis decía. En cuanto al solo, te doy la razón.
      Saludos.

      Comentario por Auxi | 5 junio 2012 | Responder

      • Se me olvidaba algo que he planteado solo de paso y que parece haber pasado inadvertido, pero las palabras acto y escena, nos apuntan a pensar en una especie de teatro y son intencionales. Otra posible lectura. El texto en sí es ambigüo por varios motivos: las posibles lecturas que se puedan hacer de él son sugerentes para todos de distinta manera. Cuando lo escribía me acordé de la representación del Don Juan Tenorio en Vegueta, entre ellas en la plaza Santa Ana. Feliz semana a tod@s.

        Comentario por auxi | 5 junio 2012


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