Factoría de Ficciones

Taller de cuentos

Una carta airada

Esto nunca ocurrió, espero.

 Mi desde ahora denostado G. P.:

Lo vi a usted en un autobús de línea. El S, creo recordar. Recuerdo también su actitud vergonzante y su comportamiento inadecuado al descubrir mi presencia entre los pasajeros. No ha dejado usted de ser ese alumno osado y malcriado que machacaba a Comte y a Durkheim, y trastocaba absurdamente el mundo para adaptarlo a su modo miope de mirar las cosas. Nunca reparó entonces en lo importante y no lo hace ahora. Algunos -y usted es uno de ellos- llaman imaginación a su incapacidad para entender la vida, para disociar lo necesario de lo trivial. Cuando me acusó de empujarlo, me sentí profundamente molesto. Si no hubiera sido por mí, le recuerdo con ánimo de sonrojarle, seguiría usted haciendo crucigramas para Le Point. Y si quienes dicen leerle, realmente le leyeran o por lo menos fueran algo más instruidos, habrían como yo descubierto que sus saltos de caballo dejan demasiadas casillas en blanco. No se tratará más bien de una de esas rutas de muestreo que tan mal le enseñaron –o aprendió- en la asignatura de “Técnicas de Investigación Social I”. No, no entiendo ni justifico su actitud. Además, deje de presumir de sus orígenes, resultan inequívocos: ningún gentil tendría la arrogancia de ir por ahí sin un botón en el abrigo.

Se despide desatentamente y esperando no volver a verlo a usted en ningún autobús, ni en el metro, ni en un libro, este que fue su amigo,

R. Q.

Angélica González Gopar

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23 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | 1 comentario

Crítica literaria

 

 

Crítica A

El breve relato que ha publicado recientemente el escritor Z, es uno de los más insulsos y faltos de contenido que he leído, no en los últimos días, no, me atrevería a decir que en los últimos años. Es más, afirmo con toda certeza: es el peor relato con el que me he tropezado en mi vida, y créanme, por suerte o por desgracia, me he dado de cara con muchos.

Para quien tenga la fortuna de no haberlo leído y para que no se molesten en hacerlo, les haré, queridos lectores, una pequeña sinapsis, quiero decir, sinopsis; quizás he dicho bien: sinapsis, pues para resumir semejante bodrio, se requiere un auténtico ejercicio neuronal. En fin, el relato viene a narrarnos lo siguiente:

En una guagua, durante una hora punta, un individuo que aparenta cierta excentricidad por su forma de vestir: sombrero de fieltro con un cordón en lugar de cinta, y un abrigo al que le falta un botón, se enfada con otro individuo y lo acusa de que le ha estado empujando cada vez que pasa alguien.

Queridos y fieles lectores, ustedes se preguntarán ahora: «Bueno, ¿y qué más?» Pues poco más. El individuo excéntrico se encuentra, en la estación de Saint Lazare, dos horas más tarde, con un tercero, que le dice: «Deberías hacerte poner un botón más en el abrigo». ¡Eso es todo amigos! Cómo han podido comprobar, hoy cualquiera pude escribir de cualquier cosa.

Por Adán Expósito

Crítica B

El último relato con que nos deleita el autor Z, en su serie narrativa Siempre falta algo, representa el paradigma del relato surrealista y, por metonimia, el mismo Surrealismo. Con escasos elementos, nos acerca a una situación desconcertante entre dos individuos que no se conocen y coinciden en un mismo lugar a la misma hora. Una combinación espaciotemporal que casi nos aproxima a la mecánica cuántica. Combina una sencilla sintaxis y un léxico cotidiano con una situación críptica, incluso me atrevería decir que hermética.

El relato describe una serie de situaciones sin aportar soluciones, para trasladarse posteriormente a un mundo incomprensible de dudas y perplejidades.

Los elementos simbólicos pueden pasar desapercibidos si no nos acercamos a la historia con atención. Analicemos sus elementos con minuciosidad y rigor:

Dos individuos suben en una hora punta, a un mismo autobús de la línea S.

He aquí el primer punto susceptible de análisis. El autor podía haber utilizado otra letra u otro número, pero escoge la letra S no por casualidad, es obvio que está haciendo una referencia al nazismo, pero para ser más exactos, a un nazismo ya fragmentado, pues utiliza la mitad de un elemento simbólico tan arraigado en el inconsciente colectivo como son las dos “eses” del cuerpo de élite hitleriano. Uno de estos individuos que coincide en el autobús lleva un sombrero de fieltro adornado con una cuerda. Este hombre, que representa la clave de todo el episodio, al final del trayecto, insulta al otro hombre que está junto a él, y le reprocha que lo ha estado empujado cada vez que alguien ha pasado a su lado. ¿Por qué aguardó hasta el final para hacer estos reproches? En una escena posterior: Dos horas más tarde, aparece de nuevo el individuo del sombrero donde un tercer personaje, vestido de forma elegante, le indica que le falta un botón a su abrigo y debería ponérselo. Es importante saber cómo el autor nos informa de un modo sutil del carácter descuidado del personaje protagonista. ¿Se han preguntado ustedes dónde pudo perder el botón del abrigo? En fin, el relato es tan rico en matices que cada lector hará su propia lectura y extraerá sus propias conclusiones.

Por Eva Casado

Mercedes Arocha

22 febrero 2010 Posted by | Cuentos, General | , , | Deja un comentario